domingo 26 de abril de 2009

En la Toscana *

El público tenía que hacer esfuerzos para contener las carcajadas ya en la segunda escena, en cuanto aparece una médica con la maldad y los disparates de su matrimonio en crisis, motivo por el cual ha vuelto a la Toscana intentando reconstruir sus relaciones. Ellas, la vencida y la amiga que acompaña –con su pareja, también- son la verdadera guasa o drama de los enamoramientos pasados, y lo hacen formidablemente Cristina Plazas y Luisa Castell. El personaje principal, el marido esperanzador, -lo hace torpemente Jordi Buixaderas-, entra en conversaciones disparatadas con su leal amigo - Lluís Soler-, intentando ayudarle. Es un juguete humorístico de una veintena de escenas. Belbel domina con riqueza su escritura, pero fracasa en su pobre dirección. Abundan hoy los autores que redactan monólogos -le ocurre muchas veces a este autor- o largas páginas poéticas, con una carencia de construcción teatral: es frecuentísimo en muchos dramaturgos: repásesen casi todos los montajes de esta temporada en el esencial teatro de La Abadía, en Madrid.
El humor en sus numerosas escenas -20 o 30- rápidas y divertidas, con los cambios útiles y la jugosa estética que crea Max Glaenze. Sergi Belbel tiene un dominio perfecto y rico. El argumento, fuera de la comedia, no tiene valor alguno. La fórmula no es mucho más que la de las series norteamericanas de televisión. Rupturas continuas, diálogos chisposos y veloces en cortas secuencias que buscan la sorpresa y ocurrencias de personajes conocidos. Sólo faltarían las carcajadas montadas en off. No es mucha ambición, y no se pretende más cosas que encontrar la burla. Desapariciones, cama, falsa muerte, el móvil (precisamente así se titula una de las obras de Belbel), y en algunos momentos individuos de realismo imaginado. Las voces son mucho peores que la de los actores de doblaje en aquellas series que he mencionado.
Enrique Centeno
_________________________________
Autor: Sergi Belbel.
Intérpretes: Jordi Boixaderas, Cristina Plazas,
Lluís Soler, Luisa Castell.
Música: Albert Guinavar
Escenografía: Max Glaenze.
Vestuario: Montse Amenós.
Teatro Nacional de Catalunya
Teatro: La Abadía (6.3.2008)
__________________________________________

Historia del soldado **

Le inspiró a Stravinsky esta sonata, de la que se encargó del texto Charles-Ferdinand Ramuz, en 1918, en uno de los conocidos cuentos rusos. En él se relataba el regreso de un soldado, uno de tantos que volvieron a sus casas al terminar la Segunda Guerra Mundial –entonces, con la Unión Soviética- detrás de cientos de miles de muertos en las batallas. A este soldado se le concedió un permiso, en el que se dirigió a su lejano pueblo. (De otro cuento, Prokófiev, su contemporáneo, creó la música de Pedro y el lobo, también una sonata con letra para un relator).
Historia de un soldado significaba una reflexión del músico sobre aquellos momentos de la posguerra. Siempre ha sido un compromiso y necesidad en las obras teatrales sobre los inocentes soldaditos. Los más conocidos son el Woyzeck (1813), de Büchner -se ha hecho también en ópera- y, un siglo después, Schweyk, en la guerra mundial, del también alemán Bertolt Brecht. Solo había visto en una ocasión esta hermosa Historia del soldado -se llama, generalmente, “de un soldado”- hace ya treinta años, con la dirección inolvidable de José Carlos Plaza.
En este montaje, el Teatro Guindalera ha elegido un estilo muy infantil. Su escenografía nos lo indica enseguida: un teatrito dentro del teatro, al fondo, con una embocadura construida con pintura y cortina telar que se abre y cierra, como un lugar de guiñoles. Sus movimientos, sus andares y acciones son amuñecados, y el relator utiliza voces con tonos y ritmos de cuentos para los niños. Esta elección puede, igualmente, contentar a los adultos, como pude ver en esta función, sin ningún niño presente. El público estaba enamorado. Pero se permitirá el desacuerdo con el director, Juan Pastor, con la ausencia de cualquier acercamiento: ni en el inocente soldado –igual que los de plomo-, ni en el figurado Diablo o el nuevo negociante; una huida del sentido de nuestro alrededor. Lo que oíamos era un cuento de los que se leen en la cama a los pequeños. Cuando una niña tenía seis años, escuchando un cuento muy suave –en esta misma interpretación-, para dormirla, protestó: “Pero no me lo cuentes así, sino normal”. Vaya corte. En cualquier caso, los actores hacen un buen trabajo, obedecen perfectamente al director, tanto El Soldado como el humorista y el mágico Diablo, interpretado por Kike del Río. Se escucha gozosamente la música de un cuarteto que lo interpreta estupendamente.
Enrique Centeno
_______________________________________
Autores: Stravinsky, letra de Charles-Ferdinand Ramuz.
Intérpretes: Morgan Blasco, Álex Tormo,
Kike del Río, Cristina Palomo.
Música: Pedro Ojesto (dirección), Marisa Moro (piano),
Beatrix Urban (violín), Marco Cresci (Clarinete).
Vestuario: Lupe Estévez.
Dirección: Juan Pastor.

Teatro: La Guindalera (16.4.2009)
_________________________________________________

martes 21 de abril de 2009

El sí de las niñas ●

Aparece una escena en la que hay una especie de sábanas colgadas de una cuerda. Es como si se hubiera tendido la ropa lavada. Quizá se trate de ocultar el resto del decorado, aunque de un modo desigual, en el centro del espacio. Puede pensarse que la noche del estreno se ha producido un accidente escénico. Sin embargo, esas telas son retiradas después por los personajes, y vuelven a organizarse cuidadosamente, por razones incomprensibles. Todo el espacio, tanto con sábanas como sin ellas, se utiliza como el hostal de Alcalá de Henares. Fue lo que mandó Moratín, afortunadamente ausente, porque hubiera huido aunque no tuviera las puertas que encargara en su obra.
El actor Manuel de Blas, tan apreciado y siempre eficaz, comienza su viejo Don Diego dispuesto a organizar su boda con la niña Francisca. Ella es Paula Errando, cuya buena edad le hace imposible convertirse en quinceañera, y su posibilidad como actriz es también un fracaso. Ahí está el desdichado Blas intentando salvarse del resto de los desastrosos intérpretes, de quienes solamente Cesca Salazar -el personaje de la madre-, utiliza un truco para sobrevivir como puede. Se dice el texto a la máxima velocidad posible, provocando el humor sin el interés crítico que plantea el comprometido autor afrancesado, acusador de los matrimonios acordados para los jóvenes. Este montaje, tanto en la dirección como en la escenografía, es de un penoso resultado.
Enrique Centeno
__________________________
Autor: Leandro Fernández de Moratín.
Intérpretes: Manuel de Blas, Álvaro de la Puerta,
Paula Errando, Cesca Salazar, Reyes Ruiz,
Fernán Gadea, José Montesinos.
Escenografía: Manuel Zuriag, Josep Simón.
Vestuario: Marian Varela.
Dirección: Vicente Genovés.
Teatro: Bellas Artes (31.10.2007).
___________________________________

Tantas voces ***

Ha elegido la directora, Natalia Menéndez, historias del libro de Pirandello, Cuentos para un día, en el que se propuso escribir, durante todo un año, una diaria –se quedó en el camino, con casi 250-, enlazándo en esta función obras que nos enseñan su mundo y que conocemos bien en esa creación de un nuevo teatro. Lo ha llamado Tantas voces, un precioso titular para los cinco cuentos: La casa de Granella, El hombre de la flor en la boca, Limones de Sicilia, El certificado, y Alguien ha muerto en el hotel. Son páginas de fantasmas realistas con unos personajes que dejan conocer a Pirandello. Bajo su irónico humor, todos los relatos muestran la falsedad, la trampa y el abuso.
Comienza esta función con La casa de Granella, en la que ya reconocemos la injusticia de la legislación. La muerte es otro de los temas que aparece en el segundo título, El hombre de la flor en la boca; un personaje aparentemente jocoso que espera a su guadaña, una presencia en las obras dramáticas de Pirandello. Sueños que dedica también a la locura o la imposibilidad, que se muestran aquí en El certificado, o la frustración y la traición de amores, en los Limones de Sicilia. Es la observación cotidiana con la que el italiano crea relatos, día tras día, con su construcción desconcertante.
Los textos son un caramelo que ha adaptado al teatro Juan Carlos Plaza-Asperilla –una de las piezas, El hombre…, es en el original una brevísima escena teatral; por cierto, vimos el año pasado una representación mediocre, y menos mal que en esta ocasión se hace formidablemente-. Y mucho más aún: el regalo de los magníficos intérpretes. El público llega a interrumpir la función con inevitables aplausos, algo que no es nada frecuente en los estrenos. Hay momentos que permiten una gran lucidez, como a Fidel Almansa y a Jorge Calvo, en ese encuentro donde la flor es el violáceo tumor en la boca, una cercana muerte. Emociona la pérdida de un sueño enamorado en Los limones de Sicilia, que también tiene un final donde Lola Casamayor -con ella Antonio Zabálburu- consigue una formidable escena. José Luis Patiño obtiene –aquí está el loco-, de nuevo los aplausos. También estupendos el veterano Juan Ribó y la joven Lara Grube.
Son numerosos los personajes que hacen entre los siete actores, ante un decorado de azul mediterráneo, de puertas utilizables vivamente para los juegos; un fondo con la efectividad y el riesgo de la inundación en Alguien ha muerto en el hotel. Lo hace genialmente el gran escenógrafo D’Odorico; cómo no recordarle en otro Pirandello que se montó en 1985, Seis personajes en busca de autor. Juan Gómez Cornejo, el iluminador, le ayuda en este estupendo trabajo.
Responsable de esta puesta en escena, Natalia Menéndez ha mostrado inteligencia en sus ritmos, aprovechando la calidad de actores, y trasladando cada escena al mundo humorístico, dramático y burlador en esta obra. Es, sin duda, el perfecto montaje que ha conseguido la directora.
Enrique Centeno
___________________________________
Autor: Luigi Pirandello: La casa de Grandella,
El hombre de la flor en la boca, Limones de Sicilia,
El certificado, Alguien ha muerto en el hotel.

Dramaturgia: Losé Cerlos Plaza-Asperilla
Intérpretes: Lola Casamayor, Antonio Zabálburu,
Jorge Calvo, Fidel Almansa, Juan Ribó, Lara Grube,
Jose Luis Patiño.
Vestuario: Marta Gómez.
Música: Luis Miguel Cobo.
Iluminación: Juan Gómez Cornejo.
Escenografía: Andrea D'Odorico.
Dirección: Natalia Menéndez
Teatro: El Matadero. (17.4.2009)

_____________________________________________

miércoles 15 de abril de 2009

El secreto de Miss Mundo **

La pobre y odiosa Miss del Mundo provoca la primera burla del público ante este aspecto. En el aeropuerto, al llegar al acceso, se encuentra al guardia encargado de la sala de embarque. Él es también tan estúpido como ella. La mujer-muñeca lleva la falsa sonrisa, la banda azul en el pecho y el cetro de reina en su brazo. Le debe autorizar el paso este otro estúpido soldadito, medio analfabeto, que se dedica al control mirando todo el físico de la mujer. La Miss, ante el jefe, va aminorando su orgullo de bella. Es un juego cómico, una burla de estos dos personajes, la vacía bella y la bestia tonta.
En esta invención, Antonio Muñoz consigue las continuas carcajadas. Un misterioso argumento inventado con humor. A los dos actores –Olga Margallo y Víctor Gil- , se une otro extraño personaje. Aparece en una silla de ruedas y suelta un discurso –lo hace Francisco Bustos- tan incomprensible como absurdo. Hay un brillante trabajo en el que, seguramente, deben hacer un esfuerzo para reprimir su propio sentimiento hacia la divertida obra. Todo ello lo dirige muy bien Petra Martínez.
Enrique Centeno
_____________________________________
Autor: Antonio Muñoz.
Intérpretes: Olga Margallo, Victor Gil, Francisco Bustos.
Dirección: Petra Martínez.
Compañía Uróc.
Teatro: Galileo (25.9.2007).
_______________________________________________

domingo 12 de abril de 2009

Restos **

Se han unido cuatro autores, separadamente, para esta función de Restos: el recuerdo de lo perdido, lo inútil, lo que tiramos, o lo que nos robaron. Cada uno de ellos se ha escrito en forma de monólogos, enriquecidos en el montaje añadiendo audiovisuales –Jorge Muñoz- con imágenes muy seleccionadas.
Comienza la escritora Laila Ripoll con dos temas de fuertes críticas. La Memoria Histórica pertenece a esos restos de los muertos abandonados, todavía como cadáveres perdidos. Nos recuerda la cruel guerra iniciada por el levantamiento militar; son referencias a los crímenes. Para comenzar, en silencio se proyecta una de las muchas placas mantenidas como nombres de calles –hay una junto a mi domicilio, en Madrid, y otra a trescientos metros-, que recuerda aquella realidad. Los actores forman un grupo de falangistas, brazo en alto con elementos de los legionarios, que cantan su himno con un violento rezo patriótico, “Nadie sabía su historia/ mas la legión suponía…” Nos preguntábamos qué ocurriría con estas obras fuera de las salas alternativas y representadas en los teatros comerciales. La obra continúa con otro monólogo, que hace formidablemente Teresa Nieto. En el lateral del escenario, el estupendo actor –quede dicho que todo el reparto es impecable, completado por Jorge Muñoz, José Luis Agudo, Vanessa Medina, Berta Moreno y Miguel Palomares- va deshuesando y cortando un desplumado pollo, preparándonos mientras ella dibuja en una pizarra, como un aviso para empezar el tratamiento de los animales. Una proyección brutal es casi insoportable, ante imágenes sobre la crueldad hacia focas, perros, o el sacrificio en ciertos mataderos; algunos espectadores giraban la vista ante semejantes monstruosidades. El director, Emilio del Valle no ha querido que respiremos, sin freno alguno.
Los Restos del autor José Ramón Fernández son la tristeza de lo perdido. Un personaje, sólo en su habitación, intenta recuperar todos sus restos, como las fotografías de su mujer ausente. Es un sentimental que mira el pasado doloroso. Este autor parece conocer él mismo estos sentimientos, si recordamos la impresionante Nina, que estrenó hace tres temporadas en el teatro Español. El solitario personaje quiere recuperar también tantas cosas que desaparecieron, que tiró a la basura, con los olores que echa de menos. Muebles, aparatos, cacharros que le rodearon. Es un texto poético, bello, sobre aquel pasado que arrojó y sin el que hoy ya no puede vivir. No hay un posible desván, porque todo se ha extraviado. La obra posee un cierto humor, pero es la ternura la que nos hace mirar a este hombre, y que reconocemos porque sucede continuamente. Es la tentación del escritor.
Vuelve, en el siguiente texto de Emilio del Valle, la burla antirreligiosa. Sarcástico y grotesco frente a la imagen de una santa: la monja que pintó Velázquez –se llamaba Jerónima de la Fuente-, y que se ha construido en un contrachapado con el rostro movible. En su apertura, aparece la cara del actor como en las verbenas y, más tarde, los propios asistentes bajan y colocan sus cabezas con diversos gestos, partidos de risa, agitando la cruz que porta la monja; les hacen fotos y aquello es un jolgorio.
Ya hemos visto que la primera pieza es el drama; la segunda, el dolor, y la tercera la sátira.
Veremos a ver cuál es la cuarta, de Rodrígo García, porque tras su último estreno, Versus -el pasado noviembre-, teníamos pánico y, sobre todo, miedo a que se hundiera el espectáculo. Esta vez no ha sido así. Un actor de la compañía, invidente, lee sobre la mesa unas largas páginas en braille. Son pretendidas filosofías, normas y descubrimientos del escritor. Nos aburrimos muchísimo. Recuerda al maldito Antonio Llopis, actor, director, escritor y profesor de teatro. Se ha dedicado la función a este intrigante y admirado artista -una visión que nos hizo recordar a Antonin Artaud-, fallecido recientemente, el 18 de diciembre del 2008. Se proyectan momentos diversos, muy intensos, con entrevistas y en sus clases. Palabras liberales, rupturas y visiones hasta huir y marcharse a los 65 años. Una escena impresionante que termina con el tango Cambalache, y que nos hace escuchar “Que el mundo fue, y será/ una porquería, ya lo sé”, como si lo hubiera escrito Llopis. Estas secuencias fueron lo mejor de la obra de García.
Del Valle, el director, ha montado inteligente cada pequeña obra, creando una riqueza conjunta de ritmo y juegos que aumentan a los propios textos.
Enrique Centeno
______________________________________
Autores: Laila Ripoll,José Manuel Fernández,
Rodrigo García, Emilio del Valle.
Intérpretes: Teresa Nieto, Jorge Muñoz, Berta Moreno,
José Luis Aguado.
Vestuario: Cecilia H. Molano, Vanessa Bajo.
Audiovisual: Jorge Muñoz.
Iluminación: José Manuel Guerra.
Dirección: Emilio del Valle.
(Compañía Inconstante)
Teatro: El Triángulo. (9.4.2009)
________________________________________________

viernes 10 de abril de 2009

El Principito ***

Hace tiempo que daba pereza acudir en Navidad al abundante teatro infantil. El teatro Español, hasta el 2004, representaba funciones tópicas y torpes, convencido de que aquel público era tontorrón y feliz con los actores disfrazados de muñecos de peluche. Otras veces, en los teatros era frecuente la aparición de un par de malos payasos o una diminuta compañía haciendo intervenir a los niños, para hablar con los supuestos estupiditos. A mi hija pequeña la estuve llevando un tiempo, hasta que ella dejó de soportarlo. Se abandonó del teatro hasta que mucho después supo lo que en realidad era nuestra escena.
Aquí, en El Matadero -forma parte del teatro Español-, llega uno de esos inolvidables cuentos, El principito, que tanto en su fantasía como en la frescura y la reflexión, causa a la vez risas entre los ojos abiertos, un gran espectáculo que causa el asombro con este relato de Sant-Exupèry.
La hermosa escenografía da vida fantástica e imaginaria a un universo, con atmósfera de estrellas. Lo recorre el Piloto con un trasto de avión, entre espacios y satélites, que flota y vuela –en el montaje nos parece que es así- hasta el Principito. El decorado permite crear un planetario en tres dimensiones. Eduardo Casanova, con su vestuario –todo igual que los dibujos del autor-, hace este personaje con la seguridad del director Pablo Ramos –a quien desconocíamos- y, por los aires, interpreta estupendamente ante los niños que miran; nosotros, el día del estreno, salimos, disimulando, con una sensación infantil.
Con su fiel sueño, el piloto cuenta una historia, magníficamente interpretado por Pep Munné, igual que todo el reparto en sus animales y el farolero, Itziar Miranda y Mario Sánchez, respectivamente.
Y por fin –tras algunos montajes correctos que vimos en el pasado por el teatro San Pol- hemos contemplado un gran espectáculo para los niños (y también para todos). Enrique Centeno
____________________________________
Autor: Antoine de Saint-Exupéry.
Intérpretes: Eduardo Casano, Pep Munne,

Itziar Miranda, Mario Sanchez.
Escenografía: Carl Fillion, Ricardo Sánchez-Cuerda.
Vestuario: R. Sáncez-Cuerda.
Dirección: Pablo Ramos.
Teatro: Matadero (29.12 2007).

______________________________________________

martes 7 de abril de 2009

La noche **

Conocemos, hace tiempo, a esta compañía andaluza El Velador, que siempre presenta espectáculos en un estilo entre el surrealismo y el expresionismo. Una fórmula o apuesta atrevida para la comprensión del público, una comunicación difícil que consiguen en pocas ocasiones. El responsable principal es su director y dramatúrgico Juan Dolores Caballero, así como sus intérpretes, varios de ellos veteranos de esta compañía, y sin cuya colaboración sería imposible montar esta escena. Siempre se atreven, y esta investigación puede llevarles al hallazgo, como lo consiguieron la última vez en El Círculo de Bellas Artes (Marzo, 2008, v. crítica en el blog), en un formidable montaje, El deseo atrapado por la cola. No se ha conseguido el mismo éxito hoy.
    Han realizado ahora La noche, basada en un texto de Maurice Maeterlinck (1862-1949), El pájaro azul. Sabemos que este autor –belga- fue representado por Stanislavski; ninguna relación con él tiene esta escena de El Velador. Lo determinamos “escena”, porque la función dura menos de una hora, con los personajes presentes en todo momento. La nocturnidad es La noche, y en este tiempo sus personajes son seres invidentes. Se encuentran en un extraño jardín, recubierto con hojas del otoño, con una vieja y herrumbrosa pérgola bajo una iluminación de tinieblas, donde se interpretan músicas chocantes y sin sentido en la ruina de los concertistas. Este grupo de viejos desea regresar a la residencia en la que viven. Esperan a un personaje que debe aparecer: él es el que no llega. El solitario lugar y la angustia, nos recuerda bien al posterior Godot de Becket. Con un vestuario ya anciano y cubiertos con sombreros de hongo -Magritte-. Se arrastran en movimientos torpes, hablan desconcertadamente, conversan, se empujan en discusiones. Una cierta estética del siniestro teatro de Kantor.
    Lo cierto es que promete una interesante obra en ese chorretón en blanco y negro. Poco a poco, vamos sintiendo que las ideas van causando agotamiento. Son buenos actores los que luchan contra la vaciedad.
Enrique Centeno__________________________________
Autor: A partir de Maurice Maeterlinck.
Adaptación y dramaturgia: Juan Dolores Caballero.
Intérpretes: Benito Cordero, Luis Ruiz-Medina,
Juan José Macías, Mostapha Mahla, José Luis Nieto.
Música: Inmaculada Almendral.
Escenografía: Juan Dolores Caballero.
Vestuario: May Canto
Dirección: Juan Dolores Caballero.
Compañía: El velador
Teatro: La Abadía. (18.3.2009)
___________________________________________

viernes 3 de abril de 2009

La Estrella de Sevilla **

La Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) montó, hace diez años (Octubre, 1998), La Estrella de Sevilla, obra atribuida a Lope de Vega. La dirigió nada menos que Miguel Narros. Se representó con una escenografía muy sencilla, aunque el vestuario respetaba la época del rey Sancho el Bravo. Era normal, desde su fundación -1986-, recuperar y desarrollar el teatro clásico. Eduardo Vasco, director de la Compañía y de esta obra, prefiere que los montajes del Siglo de Oro sirvan para nuestro siglo XXI. Son versiones generalmente alejadas de la época, de su interés teatral o de la cultura del XVII. El proyecto y la puesta en marcha de esta CNTC no fue, de ningún modo, la recreación de espectáculos con intención de conocer la época. Ahora no se trata de continuar nuestro conocimiento, sino de la visión del director.
El Rey Sancho, El Bravo –lo hace un excelente actor, Daniel Albaladejo-. Según la leyenda y en este texto de Lope –o de quien fuere-, deseó apasionadamente a Estrella –bien lo interpreta Muriel Sánchez-, y quiso poseerla. Se enfrentó al libre cabildo sevillano; se produjeron asesinatos en la corte por el amor de aquel rey; se ejecutó en la plaza pública a la humilde Natilde –estupenda Eva Trancón-, condenada por ceder su sexualidad. Hay otros hechos, hasta el juicio final. Esta versión adapta aquellos supuestos acontecimientos, para trasladarlos a nuestra actualidad. Es muy libre, Vasco, de elegir esta modernización. Al igual que los demás, somos libres de pensar que este texto no posee la validez actual, con la diferencia esencial sobre inmoralidad, desigualdad, represión o defensa de los conservadores. Además es hoy fantasía, pero sin embargo, es apasionante conocer aquel mundo a través de escritores como El Fénix.
En una ligera escenografía de paredes cerradas con tablas funcionales y poliedros construidos para multiuso, los personajes visten trajes oscuros, perfectos, de firma y bien cortados, que se adaptan mejor a los directores del gobierno, a los presidentes del partido, al ministro o al presidente. Es un estilo tópico, sin imaginación. Gira alrededor de ellos el clásico personaje, El gracioso, que debería ser un divertido criado, y que le vemos aquí como un estúpido secretario. Es muy difícil aceptar este montaje; mucho menos aún, aprobar esta versión en la CNTC.
Prácticamente, todo el reparto es de excelentes actores, que lo han demostrado en la CNTC, como Arturo Querejeta, que intervino desde su primer año en el Clásico, y casualmente en el anterior La Estrella de Sevilla. Pero aquí, ellos parecen enseñados a ocultar la versificación con un estilo de prosificación terrible, con voces engoladas, gestos de cabreo o enfrentamientos en despachos, pasillos o entre copas en un pub.
No sé si será adecuado este espectáculo para llevar a los estudiantes de Literatura. Será después imprescindible contar cómo era el teatro clásico y sus historias. Lo cual no impide que se lo pasen bien, así como que, en cierto modo, guste a muchos espectadores.
Enrique Centeno
____________________________________
Autor: Lope de Vega (Atribuida).
Intérpretes: Daniel Albaladejo,
José Vicente Ramos, José Manuel Iglesias, Francisco Rojas,
Non Cemallos, Jesús Calvo, Arturo Querejeta,
Jaime Soler, Muriel Sánchez, Paco Vila, Eva Trancón,
Fernando Sendino, Jesús Hierónides, Angel Ramón Jiménez.
Escenografía: Carolina González.
Vestuario: Lorenzo Caprile.
Iluminación: Miguel Ángel Camacho.
Versión y dirección: Eduardo Vasco.
Teatro: Pavón (CNTC). (1.3.2009)
_____________________________________________