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domingo, 6 de diciembre de 2009

Glengarry Glen Ross **

_______________________________ Autor: David Mamet.Intérpretes: Carlos Hipólito, Ginés García Millán,
Alberto Giménez, Andrés Herrera, Gonzalo de Castro,
Jorge Bosch, Alberto Iglesias.
Escenografía: Andrea D'Odorico.
Vestuario: Ana Rodrigo.
Iluminación: Paco Ariza.
Versión y dirección: Daniel Veronese.
Teatro: Español. (3.12.2009)
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Empresas con este nombre, como otras muchas, utilizó David Mamet para retratar ese mundo de los negocios. En Estados Unidos, esta obra -de gran éxito-, mostraba el paisaje de los vendedores, aquí una firma inmobiliaria, con su director y un furioso equipo de hábiles colocadores de ventas. Se estrenó Glengarry Glen Ross hace quince años, y fue más tarde (1992) pasada al cine. Otro éxito que, igualmente, llegó a España con el acertado subtítulo de Éxito a cualquier precio. Un tiempo en el que este texto nos mostraba a unos negociantes personajes cuya existencia sospechábamos; muy poco después, ya conocíamos la realidad de ese mundo.
Los siete personajes pertenecen a este siniestro despacho en el que se asciende, o se baja – ganadores o perdedores-, según las zancadillas, golpes o puntapiés. Es una obra casi exclusivamente textual, conversaciones y discusiones construidas con esa genial dramaturgia de Mamet. Obliga a escuchar, atentamente, la pelea y la mentira, atrapando al público, con imprescindibles grandes actores. Es natural que pensáramos en el impresionante reparto de la película; ciertamente, nuestros siete actores hacen un trabajo coral magnífico, brillante.
El director, Daniel Veronese, tiene la fortuna de contar con tantos talentos, y lo aprovecha muy bien para mantener o hacer crecer las tensiones; entre enfrentamientos, llantos, mentiras, traiciones y estafas. Hoy, la obra se contempla asintiendo esa realidad. Nuestros autores –sobre todo los jóvenes-, muchos de ellos excelentes, huyen del realismo social; prefieren crear historias fantásticas o pasadas. Los directores recurren así a títulos del teatro norteamericano. Sólo recordamos a un escritor español, Jordi Galderán –catalán- en la conocida obra El método Gronholm, también pasado al cine. Son excepciones. Mamet es siempre ejemplar, y preferíríamos ver nuestros escándalos; Glengarry Glen Rosse no es una imaginaria empresa. Son realidades cercanas, como recientes escándalos inmobiliarios con fichas de cliente para la corrupción, como el político del Bigotes o negociantes ambiciosos como el Pocero, y de alcaldes hasta llegar a Presidentes de autonomías. Esta obra teatral escenifica la compra utilizando obsequios como un Cadillac. Andan por aquí regalos para ladrones, cohechos con trajes a medida, relojes de lujo, palacetes o mansiones junto al mar de nuestras islas. Una geografía de corrupción –cuántos y cuántas negociantes- sin que Mamet conozca nuestro reino de los ladrillos, de empresas que hunden a todos. Se sale de este espectáculo, entre burlas, sonrisas y un sentimiento dulce por su acusación y amargo por la realidad.
Enrique Centeno

viernes, 13 de marzo de 2009

El ángel de la luz **

Hace solo unos meses, en esta misma temporada vimos una emocionante función de la obra de Miguel Murillo, Y sin embargo te quiero. Al igual, aplaudimos, en 2005, a Armengol, que había obtenido el Premio Lope de Vega, estrenándose en el Teatro Español. A ese autor, residente en Badajoz, le vemos insuficientemente, al menos fuera de Extremadura. En Madrid estrenó importantes obras, como su primera función de El reclinatorio, en 1980, y otras como Perfumes de mimosas. Sus obras se centran, prácticamente todas, en el recuerdo y las historias en Extremadura.
Llega ahora, dentro de la Muestra de Teatro de las Autonomías, El ángel de la luz. Explica el dramaturgo, en su programa de mano, que se ha basado en una historia que le relató en una taberna un viejo, entre vinos excesivos, contando lo que sucedió en la línea entre Badajoz y Portugal. Este contrabandista es el personaje que inicia la función, sentado frente a una mesa, pegado a la botella. Él dijo conocer a un mísero matrimonio, que encontró a un niño abandonado, decidido a no pronunciar palabra alguna a lo largo de su vida, durante los años de los dos dictadores, Franco y Somoza. El hombre era republicano, liberal y consciente de la miseria y la represión. Se hacen también referencias a los cambios políticos posteriores. Se destaca, entre otras, la Revolución de los claveles, aquel 25 de abril de 1974. El director portugués lo monta con escenas conocidas que se proyectan en el decorado, sonando la canción que señaló el inicio, a través de la radio, y marcando la salida a las calles. Aquella canción se convirtió, prácticamente, en un un himno de libertad. (Fue el cantautor Jose Alfonso, con los versos de Grândola, Villa Morena, años después olvidado, falleciendo en la miseria, quien también nos hizo pensar en los sueños de estos países).
Lo cierto es, que este cuento histórico es un relato breve, y Murillo lo ha querido convertir en una obra teatral. Es lento, texto poético pero aburrido, tanto por la interpretación como por la puesta en escena. Es una especie de mito entre figuras religiosas: demasiado, la imagen de La piedad. Ha sido una tentación del extremeño. El reparto es muy flojo -apenas se salva Juan Carlos Castilla, el viejo- Y un decorado vulgar, en una pretendida plástica de pinturas. Tal vez, el resultado se debe, fundamentalmente, al director autor del decorado.
Quizá deberá este autor criticarse a sí mismo. En todo caso, le esperaremos, como siempre.
Enrique Centeno________________________________
Autor: Miguel Murillo.
Intérpretes: Juan Carlos Castillejo, Alberto Iglesias,
Celia Nadal,Elías González, Ricardo Utrera.
Escenografía y dirección: Joâo Mota.

Teatro: Círculo de Bellas Artes, (10.3.2009)
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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Cyrano de Bergerac **

El gran poeta Edmond Rostand (1868-1928), fue uno de aquellos conservadores del nuevo positivismo, y prefirió retroceder al anterior romanticismo. De sus grandes poesías de amor, inolvidables, casi todo quedó olvidado, hasta que llegó el gran éxito parisino en el estreno de su Cyrano de Bergerac, en 1897. La obra ha sido continuamente representada e incluso llevada a la pantalla: primero en 1950, con un Oscar a la interpretación de José Ferrer. Aquí, en este Teatro Español, pudimos contemplar diferentes montajes. El último, en el 2000, una retrasada o antigua escenografía. Antes, en 1982, vino Josep Maria Flotats, dirigido por Maurizio Scaparro: aquello fue inolvidable. Esta historia del soldado Cyrano –al parecer, existió en el siglo XVII, donde se sitúa la obra- es siempre tan conocida, que aquella puesta en escena es imposible olvidar, como las anteriores, y evitar sus comparaciones.
El personaje se ha convertido en un mito. Enamorado tanto como Romeo, luchador patriótico, bronquista y soberbio. Y en su amor imposible, tras la gran nariz y más feísimo cuerpo. (Esa nariz ya le provocó antes a Quevedo, quien habló insultantemente de la nariz “naricísima” dedicada a Góngora). Es un riesgo del director John Strasberg, quien consigue un bello montaje sobre la escenografía hermosa, como el vestuario. “El error es la versión”. Mejora un poco en el último acto, pero desde el principio estamos escuchando al pobre Rostand en unos horrorosos versos de Sanderson, a la forma francesa. En ripios baratos, en lejanos pareados, muy cerca de los facilísimos de Muñoz Seca, de modo que este Cyrano parece más bien don Mendo.
No pueden luchar los actores con este texto y, encima, apenas saben decir el verso teatral: o quizá, es imposible. Hay momentos en los que se consigue, insisto. En el último acto, donde apreciamos a Roxana – Lucía Quintana, también la mejor en las escenas anteriores-, y a Cyrano, con este gran actor José Pedro Carrión, que aquí exagera las palabras, las chilla, se autocontempla, voceando y exhibiéndose a los espectadores en búsqueda del éxito. Al menos, así se portó en la noche del estreno. No debería perder la necesaria transformación sincera e interior. A pesar de todo, gusta el timo del mito.
Enrique Centeno____ ________________________________________
Autor: Edmond Rostand (Traducciónde Charlotte Moity
y versión de Jhon D. Sanderson)
Intérpretes: José Pedro Carrión, Lucía Quintana,
Cristobal Suárez,
Ricardo Moya, Alberto Iglesias, Miguel Esteve, Paco Hidalgo,
Roman S. Gregory, Nacho Aldeguer, Isabel Ávila, Antonio Gómez,
Paloma Rojas, Adán Barrero.
Vestuario: Mª Luisa Engel.
Escenografía:Daniel Blanco
Dirección: Jhon Strasberg.
Teatro: Español (28.9.2007).
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