Autora y dirección: Denise Despeyroux.
Intérpretes: Marta Bernal, Gloria Martínez,
Pep García, Rodrigo Cornejo, Iñigo Aramburu.
Teatro: Cuarta Pared. (17.6.2010)
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Hay un personaje que es ciego, y resulta al final que era mentira; y una mujer pitonisa y sus magias en una mesa camilla, atrayendo a los fantasmas del pasado o del grupo presente. Desea la autora el humor, la risa que consigue en ciertos momentos, pero en general, nos aburrimos. Es un correcto trabajo el de los actores que, por mucho que se empeñan, no permite salvar esta función. En un televisor –se contempla en una gran pantalla- hay un encuentro de curas que hablan de la muerte, de la vida, de Dios, del pecado o del cielo; es una escena verdaderamente interminable, que, durante un cuarto de hora, nos cansa como uno de nuestros canales televisivos ruines, repitiendo la teología. Se habla también sobre el exorcismo; se confunden unos con otros; alguno de ellos lee en voz alta, como con curiosidad, largas páginas de una romántica novela de Corín Tellado que les llega a emocionar. Y sigue dominándonos el cansancio. Se escuchan, inoportunamente, canciones de Violeta Parra o de Víctor Jara.
El fracasado humor, y más aún este juego de charlas necesitan una dura y respetuosa crítica. En la soledad de estos personajes, podríamos recordarles, en la otra punta, la isla perdida y deseada que creó, con su construcción y humor, Jardiel Poncela en su sensacional Cuatro corazones y marcha atrás. Porque una vez vista la obra, sentimos no ir para un sitio ni para otro.
Enrique Centeno
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