sábado, 28 de marzo de 2009

Gris mate **

Ha escrito esta obra Iñaki Rikarte, un buen actor que aquí se ha introducido en la literatura dramática. Al iniciar la función, el personaje se encuentra en la soledad, en un lugar extraño, incomprensible, sobra la tarima circular pintada con forma de diana. En la escena vacía, únicamente vemos un carcaj y su arco. El sujeto, un determinado Estudiante, viste una ropa extravagante, vieja, y se cubre con un sombrero de copa. Comienza a intentar disparar con el arco, inútilmente, con juegos de clown. No es Estragon. No espera a Godot, sino que desea tirar al cielo flechas contra Dios, prácticamente sin lanzar alguna. Aparece, en esta diana del mundo, el segundo personaje, de profesión el Limpiabotas que Alberto Huici representa muy bien. No se llama Pozzo. Sus conversaciones son disparatadas frases, diálogos entre la tensión del acercamiento hasta la unión en ese ambiente absolutamente absurdo. Es evidente, que al joven autor le ha influido, profundamente, el irlandés Samuel Beckett, y en esta función hay una continua referencia -en algunos momentos casi copia- al histórico absurdo de Esperando a Godot. Más de sesenta años después, continúa siendo una de las primeras obras contemporáneas. En ella, aquel Godot era desconocido; aquí, en Gris mate, se trata del mismísimo Dios. El tercer personaje, divertidísimo, es un peluquero de bigotito, un Fígaro humorístico que el actor, Alberto Castrillo-Ferrer, interpreta ganándose al público. Es una función bien hecha, bien dirigida por Charo Amador. Una obra que, antes del primer minuto, ya sabíamos que era una imitación.
Enrique Centeno
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Autor: Iñaxi Rikarte.
Intérpretes: Iñaxi Rikarte, Alberto Castrillo-Ferrer, Alberto Huici.
Vestuario: Marie Laure Benard.
Escenografía: Stefano Perocco.
Dirección: Charo Amador.
Teatro: Galileo. (24.3.2009)
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1 comentario:

miguejua dijo...

La obra de Iñaki Rikarte supone un interesante acercamiento a los clásicos del absurdo, no importa lo que sucede, sino cómo se convierte un texto de este índolo en personajes vivos con una identidad propia, en busca de la "nada" que llene sus vacíos.
La interpretación de los actores es estupenda, y los hallazgos del texto junto con el talento de su directora, que completa las escenas llenándolas de simbología visual, hace de este trabajo algo más que una obra recomendable.
Si alguien la considera una imitación, quizá debería hacerse muchas preguntas, pero también hay que decir que buenos imitadores escasean.
Enhorabuena a Katu Beltz por este trabajo.