martes, 17 de febrero de 2009

El guía del Hermitage ***

Los cuadros del Museo del Prado fueron evacuados en 1939, y embalados con esfuerzo para ser trasladados a diversos lugares, salvándolos de los bombardeos sobre Madrid. Rafael Alberti escribió su obra teatral Noche de guerra en el Museo del Prado. Relata la transformación de los personajes, convertidos, simuladamente, en seres vivos. Es imposible no recordarla aquí, en esta nueva obra, en otro museo: un formidable montaje de El Guía del Hermitage, del autor peruano Herbert Morote (1935). Lo hace transcurrir en el vacío del Museo Hermitage de Stalingrado (hoy San Petersburgo), del que fueron sacados los cuadros –en 1942- temiendo que el ejército alemán lo destruyera en su sitiada ciudad. Nos es inevitable recordar también El cerco de Stalingrado, obra de Sinisterra, que obtuvo un gran éxito (1994): en este caso, los personajes son dos actrices en un viejo teatro. Cómo no relacionar también ambas artes, la pintura y el teatro: con éste último, lo hizo también el ruso Chéjov en La muerte del cisne, la tristeza de un viejo actor en la oscuridad del escenario.
Filipovich, Guía del palacial Hermitage, ya en su vejez y enfermedad, prefiere mantener la memoria y el sueño de todas las obras, como si permanecieran aún en las desnudas paredes. Imagina acompañar, como siempre, a los visitantes, explicándoles cada cuadro. El actor, Federico Luppi, frente a los espectadores, relata, a su supuesto grupo, las pinturas y cuadros con sus detalles y calidades, como si estuvieran delante los de Velázquez o Rembrant, mostrando sus figuras con sus voces y sus gestos. Desde el patio de butacas, nos hace sentir el verdadero arte visto por él. A su lado, el Conserje del Museo, Igor -cuyo actor, Manu Callau, se pone a la altura del formidable Luppi, argentinos ambos-, nos hacen gozar con su particular pronunciación y tonos ricos, esa riqueza en la ironía, el enfado o el amor oculto. Todo ello consigue el placer de los espectadores, algo que siempre ocurre con Luppi en su teatro, al igual que cuando nos capta en el cine.
El Guía pensaba y disimulaba que este Conserje era ignorante en cuestiones del Arte. Y entre los dos va iniciándose una cultura diferente: poco a poco, comprendiendo su disimulada amistad. Le sorprende el conocimiento de este aparentemente ignorante Iván. Ha aprendido todo escuchando atentamente, durante años, a Filipovich. Lo demuestra reviviendo igualmente una de las pinturas. Su amor por el arte le ha llevado a sustituir el cuadro de Stalin, colocando en su marco un famoso icono.
La militante Sonia –Ana Labordeta, también excelente-, soldado en su ya avejado uniforme de la resistencia, entra y sale preocupada por la gravedad de su marido. Y le hace creer que le será permitido acoger a nuevos visitantes que acudirán de nuevo para explicarles todo el Museo. Le oculta su cercano final y él, con la mirada en el vacío, finge su desconocimiento. Vemos que el drama se va acercando, pero queda entre nosotros su sensibilidad, la fe y la lealtad al Arte, así como la defensa ante la invasión nazi.
El texto de Morote es de gran calidad, un autor tardío y de obras escasas, de quien debemos esperar otras obras de tal altura.
A la buena dirección de Jorge Eines –también argentino-, se une la inteligente escenografía de José Luis Raymond, y la brillante iluminación de Juan Carlos Cornejo. Todo se ha inventado con mucho talento. Se consigue el entusiasmo agradecido con grandes aplausos.
Enrique Centeno
___________________________________________
Autor: Herbert Morote.
Intérpretes: Federico Luppi, Manu Callau, Ana Labordeta.
Escenografía: José Luis Raymond.
Vestuario: Ikerne Jiménez.
Iluminación: Juan Gómez Cornejo.
Música: Yann Diez.
Dirección: Jorge Eines.
Teatro: Bellas Artes (31.1.2008)
_______________________________________________________

No hay comentarios: