Autores: Bertolt Brecht, Kurt Weill.Traducción: Feliu Formosa.
Intérpretes: Constantino Romero, Pedro Pomares,
Intérpretes: Constantino Romero, Pedro Pomares,
Teresa Vallicrosa, Mónica López, Antoni Comas,
Ricardo Pérez, Xavier Fernández, Abel García,
Enrique R. del Portal, Mª Jesús Comerón, Silvia Luchetti,
María Circi, Goane Marckinez, Silvia Martín,
Roman Portalés, Francisco Carvalho, Francisco Pi Galasso,
Antonio Queimadelos, Paul Michel Tisseierre y otros.
Vestuario: Antonio Belart.
Escenografía: Jean-Guy Lecat.
Iluminación: Javier Aguirresarobe y José Miguel López.
Dirección musical: Manuel Gas.
Dirección escénica : Mario Gas.
Vestuario: Antonio Belart.
Escenografía: Jean-Guy Lecat.
Iluminación: Javier Aguirresarobe y José Miguel López.
Dirección musical: Manuel Gas.
Dirección escénica : Mario Gas.
Teatro: El Matadero. (28.6.2007)


En este gran escenario, fuera del espacio tradicional, aparecerán primero, en el vacío, tres criminales fugados de la prisión policía: Moisés, Fatty y Leokalja. Parados por la avería de una camioneta robada en una población perdida, decidirán dominarla convirtiéndola en el centro de los negocios con prostitución, juego, violencia, el poder de la corrupción y recalificación; la ley en la nueva Mahagonny.
La puesta en escena debe romper el realismo, para que el espectador se aproxime al presente y se abra a la crítica actual. La acción consiste también en la ruptura de los personajes mediante las canciones siempre inolvidables y presentes de Weill: llegan hasta la emoción, como En esta cama estamos y estaremos, Luna de Alabama, La

Esta ópera teatral interpreta el acercamiento a los personajes y el alejamiento. Espléndidas voces de tenor, bajos y barítonos, como la de El lobo de Alaska - Abel García-, o el Jim Mahoney -Antoni Comas-, que hacen perfectas rupturas -Efecto V de Brecht- y la de todos los actores en el numeroso reparto. Es hermoso e inteligente el vestuario –Antonio Belart- y los maquillajes pastosos, rica en iluminación y audiovisuales –Javier Aquirresarobe y José Miguel López-, todo bajo la dirección de Mario Gas, maestro como siempre. Y los actores, como Constantino Romero –ya le conocemos bien-, Pedro Pomares y Teresa Vallicrosa, con sus tres personajes perfectos. Mónica López hace temblar con sus baladas y su cuerpo; es imposible citar a muchos más, introducidos en un conjunto total de ochenta personas. En un procedimiento que choca a veces con el estilo de los llamados Covers, dicho sea con la admiración, y que llega al asombro y el enamoramiento de Silvia Luchetti entre otras, así como Los hombres junto a Las mujeres. Es toda la seducción que rompe con el propio personaje para seguir la historia con el examen del espectador.
Jean-Guy Lecat crea su escenografía difícil, y lo resuelve, precisamente, con el espacio abierto al movimiento y las carreras, o con grandes lugares internos. Ciertamente, que en esta belleza hay una obligada imposición: la creación ambiental, la cual se escapa al propio director, aunque en algunas escenas –como la del Juicio del segundo acto- consigue unir el conjunto.
Finalmente, la dirección musical de la gran orquesta la hace Manuel Gas, cuyos músicos están siempre presentes en el placer del espectáculo.
Enrique Centeno
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