domingo, 9 de enero de 2011

Gólgota picnic *

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Texto, dirección y escenografía: Rodrigo García.

Intérpretes: Gonzalo Cunill, Nùria Lloansi, Juan Loriente,
Juan Navarro, Jean-Beniît, Ugeux.
Iluminación: Carlos Marqueríe.
Videocreación: Ramón Diego.
Vestuario: Belén Montoliú.
Teatro: María Guerrero (CDN). (7.1.2011)
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Rodrigo García va utilizando cada vez más vídeos en directo que recogen las acciones en primeros planos de los personajes. A veces se enriquece con secuencias, perfectas, que el público va viendo sobre una gigante pantalla. Este procedimiento puede ser juzgado como ruptura del arte teatral: las imágenes atrapan con frecuencia más que el escenario, cuyo suelo está formado con adoquines de pan de hamburguesa.
    Un actual monte Gólgota de la crucifixión quiere transformarse en un mundo entre la ruina, la guarrería del consumismo, el poder político o el belicismo. Son personajes destruidos en su inutilidad, en escenas de fantasías, que en ocasiones producen en el público diversión; en este sentido, un fracaso. Son muchísimos elementos referidos a Jesús, también con proyecciones de conocidas pinturas religiosas –con irrespetuosos comentarios al clasicismo-, o una filmación maravillosa sobre el Ángel Caído, hoy una paracaidista que desde el cielo va cayendo hasta estrellarse en las metrópolis. Va llegando, cada vez más, esa fuerza estética, expresionista, que caracteriza a Rodrígo García.
    Ha soltado a chorros sus textos, sin medida, en monólogos de escasísimo valor. Llegando al final, se organiza un grupo de oyentes –un picnic- alrededor del Maestro. Las últimas palabras sobre la sociedad son interminables, con abundantes mensajes y lamentos conservadores e incluso reaccionarios, ni siquiera con calidad literaria. Es mucho más moderna la propia Biblia y los cuatro evangelios, en los que se ha inspirado el autor. Desde el inmóvil Cristo, tendido en el suelo, se pasará a la posterior tortura, empapándole con su sangre y limpiándole después con un riego de agua. Este momento, entre otros, muestra la influencia de La fura dels baus. Como preámbulo del final, un pianista desnudo –ya habíamos contemplado los penes y la vulva de los actores, siempre inevitable para García- interpreta, en solitario, Las siete últimas palabras de Cristo, de Haydn. A nosotros –a muchísimos más presentes en las dos horas y veinte minutos- nos parecieron siete mil millones.
Enrique Centeno



2 comentarios:

Erika Rojas dijo...

Irrespetuosos comentarios al clasicismo???? Ahora resulta que el artista debe ¿guardar respeto al clasicismo???? Anda ya! Es que de verdad... como le cuesta a lo críticos desahacerse de las ideas anquilosadas...y qué importa si García se caga en el clasicismo??? esa es la labor del artista contemporáneo... no es lo que han hecho las vanguardias???? Menuda visión conservadora.

teatro dijo...

Querida Erika, dudo mucho que la labor del artista contemporáneo sea cagarse en el clasicismo. Creo que la labor del artista contemporáneo es hacerse entender, comunicar y expresar con profundidad, verdad y humildad. Nada de esto tiene que ver con Gólgota.