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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Leonor de Aquitania *

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Autor: A. Méndez.
Intérpretes: Marta Puig, Alfredo Cernuda,
Daniel Muriel, Mar Bordallo.
Dirección: Mercedes Lezcano.
Teatro: Galileo. (15.9.2006)

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Ha provocado varios textos este llamativo personaje de Leonor de Aquitania -siglo XII-, representado ya en teatro con El león en invierno, de James Goldman, y después pasado al cine. Esta complicada duquesa de Aquitania pasó, jovencísima, a ser consorte del rey francés Luis VII, tras muchos años de desencuentros y de infidelidades. Anulado su matrimonio, se casó con el rey de Inglaterra Enrique III, también con amantes y enfrentamientos, intentando situar a sus hijos entre traiciones políticas y violencia. En la historias de Leonor hay lo mismo realidades como falsedades entre invenciones. Es uno de los reyes Enrique, cuyo drama no escribió Shakespeare, y sin duda se ha imitado en la actualidad.
Al autor de esta obra, A. Méndez –nos dijeron después que se trataba de uno de los actores-, le ha atraído Leonor, y casi toda la función es el lucimiento de la actriz, que va relatando su vida dolorosa. Es un espectáculo austero, apenas con dos muebles ante una cámara negra, y un sencillo vestuario. La función carece de sentido dramático, ni siquiera se consigue con la dura interpretación de María Puig -buena actriz-, con pretendidos parlamentos sociales. También trabajan correctamente los otros tres intérpretes, en escenas aisladas. La apreciada directora, Mercedes Lezcano, muy poco puede hacer con esta obra elegida o encargada.
Enrique Centeno

lunes, 5 de octubre de 2009

El Arquitecto y el Relojero **

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Autor: Jerónimo López Mozo.
Intérpretes: Antonio Canal,
Gary Piquer,
Juan Carlos González.
Vestuario: Gabriela Salaverri.
Escenografía: Alejandro Andújar.
Vídeo: Manuel Fernández.
Dirección: Luis Maluenda.
Teatro: Galileo. (2.2.2007)
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Es la Puerta del Sol de Madrid. Justamente en el conocido Kilómetro 0 se levanta el edificio Real Casa de Correos; en su torre, el reloj es atendido cuidadosamente desde mediados del siglo XIX. Es un aparato perfecto cuya máquina tuvo que ser desmontada y reincorporada por motivo de la modificación del edificio. El relojero ha mantenido con exactitud el giro de las agujas, testimonio de muchas historias ocurridas en el centro de España. El dramaturgo, Jerónimo López Mozo, se ha imaginado al Relojero junto al Arquitecto encargado del nuevo diseño para el edificio. El primero representará a quienes recuerdan el pasado y su memoria histórica; enfrente, el Arquitecto muestra su desconocimiento, incluyendo la negación de todos los hechos. Desea que se tachen y se eliminen las páginas de la Historia.
La conversación se desarrolla en el escenario interior de la torres, y el Relojero, de cierta edad –lo hace magníficamente Antonio Canal- va recordando y relatando hechos, como en un teatro que permite verlos desde allí arriba. Le informa de que el edificio fue construido por un arquitecto francés, y que ha sido dedicado, sucesivamente, como Gobierno Militar, Dirección General de Seguridad, y recientemente sede de la Comunidad de Madrid. En él se sitúa la acción de la obra.
El Arquitecto, nuevo y modernista -cuyo actor, Gary Piquer, por su buen trabajo parece como si fuese auténtico- como su Presidente, quiere ignorarlo todo: es un creador artístico, experto conocedor de los edificios de diversos países, como Japón y Estados Unidos, su cabeza es como un libro de fotos. Pero la del otro es como un reloj despertador desde el pasado. Sabe que allí se celebró el triunfo de la II República en 1933 y, tres años después, el levantamiento militar; que al final de la guerra, la entrada en Madrid fue el escaparate del ejército nacionalista. Y varias décadas de torturas en las sedes policiales, calabozos de detenidos y ventanales que daban a la parte posterior del edificio –callejón de Correos-, en cuyo patio fue asesinado un estudiante -concretamente, fue Enrique Ruano- arrojándole por la ventana. (En un calabozo se liquidó al personaje El Anarquista, de Valle-Inclán, en su Luces de Bohemia). Las defensas o negaciones del joven arquitecto van ascendiendo hasta la indignación del Relojero, dejando ya su enciclopedia histórica para romper los cristales y despreciar al Arquitecto y –sin aparecer en escena- al Presidente.
En esta obra –que obtuvo el Premio Carlos Arniches 2000- Jerónimo López Mozo lucha duramente –le ha sido muy difícil- para mantener la tensión; con largos diálogos que le llevan al barroquismo; tal vez pertenece más al humanismo que a la política y la historia. El espectador esperaba más la fuerza dramática anunciada al comienzo.
En la limitada producción, las doradas piezas de ruedas y engranajes se representan mediante proyecciones –también con algunos pasajes- y el director, Luis Maluenda, ha conseguido mantener –con estos dos actores poderosos- un ritmo casi imposible ante el enemigo: el cansancio de esa hora y media.
Enrique Centeno

martes, 25 de agosto de 2009

Casa con dos puertas, mala es de guardar **

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Autor: Calderón de la Barca.
Adaptación de Juan Antonio Castro.
Intérpretes: Alejandro Torray, Candela Rabal,

Alberto Maneiro, Pablo Alonso, Gabriel Moreno,
Cristina Palomo, Maribel Lara.
Vestuario y escenografía: Lorenzo Collado.
Dirección: Manuel Canseco.
Teatro: Galileo (11.7.2007).

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Los juegos de Calderón de la Barca son siempre de relojería en la comedia de capa y espada, en su redondez de rimas. En esta adaptación que comentamos, lo más divertido es el engaño, las mentiras y el enredo. Aquellas damas parecen traídas de sus casas o balcones del XVII, o de las terrazas, salas de café o bares de copas actuales; las conversaciones y encuentros de miradas de los inocentes caballeros, que son hoy modernos ligones de segunda división. Estos textos de burlas, seducen a los directores para la diversión y alguna aproximación, siempre con la fidelidad y los ambientes originales -como en varias obras que montó la Compañía Nacional de Teatro Clásico de Adolfo Marsillach (1928-2002)-, en inteligentes adaptaciones como esta Casa con dos puertas, mala es de guardar. En ocasiones, compañías menos potentes se ven obligadas a reducir el reparto, eliminando a algunos personajes. Aumentan los juegos e incluso se entrelazan los textos o se añade alguno. El director, Manuel Canseco, ha querido repetir este montaje que realizó él mismo, con una versión cuya función dedica a quien lo firmó, hace veinticinco años: el autor Juan Antonio Castro (1927-1980), un singular escritor con numerosos éxitos comprometidos, con títulos como Tiempo de 98 o De la buena crianza del gusano. Cómo no recordarle.
El estreno veraniego lo vimos en el jardín del Teatro Galileo -sentados en mesas-. Se inicia con una especie de entremés, con poemas, músicas y canciones de la época que anuncian el agradable espectáculo. Una suficiente escenografía, y un gracioso vestuario -ambos de Lorenzo Collado-, con esos trajes rayados en azul sobre blanco, como en la orilla del mar, y un juego de movimientos que Canseco dirige con su conocimiento. Todos los intérpretes, con entusiasmo, hacen lucir los versos con vivo humor, como la frescura de la Dama, que interpreta Alejandra Torray, y la brillantísima eficacia del Padre, (Miguel Foronda). Sale el público contento tras esta comedia. No se buscaba más y fue suficiente en este mes de julio.
Enrique Centeno

martes, 28 de julio de 2009

No hay burlas en el amor **

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Autor: Calderón de la Barca (Adapación de Domingo Miras).
Intérpretes: Alejandra Torray, Gabriel Moreno,

Alberto Closas, Cristina Palomo, Pablo Alonso, Natalia Jara,
Pedro Moreno, Víctor Bemedé, Joan Dameras.
Dirección: Manuel Canseco.
Teatro: Galileo. (15.7.2008)

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Un día la tragedia, y el otro el drama o el auto sacramental. Este sacerdote no sabemos cómo era capaz de escribir las divertidas comedias de amor. Quizá miró desde los ventanales, los amores y las mentirillas de las mujeres. Es posible también que lo escuchara en sus horas del confesionario. Utiliza muchos nombres de personajes en diferentes comedias, siempre con sus geniales ritmos y rimas. Sus octavillas son, quizá, los más brillantes versos que producen bellísimas escenas.
La adaptación de este No hay burlas en el amor la ha hecho el autor Domingo Miras, y lo dirige Manuel Canseco, cuyo conocimiento de estas comedias se ha comprobado en diversos montajes. Justamente hace un año, en los Veranos de Madrid, mostró, en este mismo teatro, Casa con dos puertas mala es de guardar. Nos divertimos también.
El jardín-patio, con el que cuenta el Galileo, acoge agradablemente y ofrece sus mesas en las que se puede cenar, beber y fumar –no es necesaria la persecución de nadie, es al aire libre-, especialmente en un entremés –loa- de juegos con los propios actores, encantadores. Y allí, viniendo de Burgos, quiero más una morcilla/ que en el asador reviente (Góngora). Después comienza la comedia, en un sencillo y bonito decorado, con dos alturas como en los viejos corrales, integrado en los ladrillos de las paredes del lugar. Como cada año, el espectáculo no es una superproducción, ni falta que hace, con el arte de la interpretación y sus legales vestuarios: mejor que bobadas de los grandes gastos que Traten otros del gobierno/ del mundo y su monarquía (también de Luis de Góngora).
Todo el reparto dice bien los versos y los hacen entender –no siempre ocurre-, en un humor jugoso. Es imprescindible destacar a Nuria Torray, en una Beatriz cursi y presuntuosa. Una noche feliz.
Enrique Centeno

jueves, 23 de julio de 2009

Los trabajos y los días *

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Autor: Michel Vinaver.
Traducción de Fernández Gómez Girante.
Intérpretes: Pepa Sarza, Enrique Menéndez,

Paloma Mozo, Josep Albert, Nahía Láiz.
Dirección: Luis Maluenda.
Teatro: Galileo. (23.4.2008)

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Confieso que nunca he visto una puesta en escena del conocido autor Michel Vinaver (1927), aunque algunas de sus obras han sido traducidas entre nosotros. Este escritor ocupó siempre un alto cargo de empresa internacional. Sin duda, la observación le inspiró la obra que ahora se estrena aquí. Sus personajes, tres mujeres y dos hombres, son empleados en una firma de aparatos electrodomésticos. Y así vamos viendo el trabajo de secretaria, el de recepción o atención a las llamadas de quejas, protestas o acusaciones. También la discusión entre todos los trabajadores, o la oculta ambición de lograr el ascenso. Son diferentes escenas donde va mostrándose una sociedad inútil, explotadora, capaz de convertir a todos en individuos encerrados, disponibles y que aceptan y callan desde sus puestos. De ahí viene el título, Los trabajos y los días, tomado del poeta griego Hesíodo: el intento de lograr todo en un solo día, y que Vinaver utiliza como monotonía continua.
Fue escrita y estrenada hace 28 años. Se ha quedado muy vieja en el teatro actual, sin que ello signifique, precisamente, que no sea un tema interesante. Aburre como algo ya muy visto y con textos y diálogos francamente torpes. Los intérpretes son conocidos como eficaces, y aquí son muñecos de palabras y de memorias, imposibles para hacer brillantes personajes. Del director Luis Maluenda se esperaba calidad y la elección de una obra mejor.
E.C.

miércoles, 10 de junio de 2009

Hamlet, por poner un ejemplo **

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Autor y director: Mariano Llorente
Intérpretes: Silvia García de Pe, Martín Scherman,
Gonzalo Martín, Jesús Hierónides, Salvador Sanz,.
Escenografía: Arturo Marín Burgs.
Vestuario: Juan Ortega.
Factoría Teatro.
Teatro: Galileo. Madrid. (13.5.2008)
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Menos mal. Estos personajes visten sus jugosos trajes de indefinida época, aunque sin abandonar la Dinamarca del Hamlet de Shakespeare, con un sillón real sobre alfombras y ante una cámara negra. De este Príncipe se han hecho numerosos montajes, y confesamos que ya nos cansan representaciones regulares, malas o torpes. Lo llaman “adaptaciones”, “versiones” e incluso cortes y resúmenes que apenas tienen sus Dramatis personae. Pero no tengan miedo. Aquí, en esta obra, titulada Hamlet, por poner un ejemplo, ya se anuncia que no se trata de este personaje de Shakespeare, sino, simplemente, de una coincidencia -buscada, naturalmente- con el nombre mítico. Es un nombre simpático. Se hace llamar a los actores Hamlet, Gertrudis, Ofelia y Claudio: es una invitación para reflexionar, burlarse, ideologizar; todo ello un disparate tan cómico como crítico.
Los diálogos provocan ya, desde el inicio, un lenguaje humorístico entre Hamlet y Gertrudis. Se repiten o multiplican las voces de agrias palabras. Es un estilo que el autor mantiene con riqueza. Lo anuncian, nada más empezar, las quejas de Hamlet: “Yo, madre, he hecho mis cálculos y no me salen las cuentas”, a lo que la madre responde: “Hijo, tienes una vida por delante”. Y se van entremezclando frases disparatadas, palabras sin orden, como aquel “no me salen los culos del culo, amapolas secas”. Una organización de crucigrama, que permite adivinar con entendimiento.
Estos intérpretes hacen un trabajo magnífico, muy brillante en sus bufonadas, en las locuras y las ideologías. Con tono antiteatral y sin construcción alguna; pero se aprecia que ellos mismos podrían ser los locos personajes. Muy avanzada la obra, sobre la visión política –escondida- se recurre a temas algo innecesarios, en los que no se aprovechan mejor los robos del original. La compañía pretende este extraño estilo que consigue no formar una comedia, un drama ni una tragedia. Con referencias de los muertos en nuestras guerras; las de Estados Unidos en tierras ajenas, desde Líbano a Irak o desde Vietnam. O el terrorismo religioso recordándonos el 11- M de 2004. Demasiada utilización.
Al terminar esta función, Teatro Factoría deberá coger los trastos, -cuidar algo más el vestuario- y continuar su ruta, su gira por todas las salas. Un montaje de ruptura que debería verse en todas partes.
Enrique Centeno

jueves, 21 de mayo de 2009

La boda de los pequeños burgueses **

Es la más conocida obra de Brecht en sus siete Teatros en un Acto. Aquí miró alrededor y fue duro con La boda de los pequeños burgueses, utilizando el humor continuo, jocoso y burlón. En este estilo casi no le reconocemos. Representa una fiesta ridícula de convidados felices. Exhibicionistas con sus vestuarios y, finalmente, con esos chistes y gamberradas que surgen de sus voces olientes de vino y champán. La obra fue un ataque brutal, tan ácido, que causó el escándalo.
La historia de esta boda se desarrolla en los años treinta y cuarenta, un tiempo pasado que debería servirnos para comprender también nuestro momento. Es posible que, igualmente, dentro de cincuenta años cause la ridiculez. Una semejante inspiración devolvió la destrucción ideológica sobre una boda famosa que creó la Compañía Animalario. Aquella gloriosa obra se tituló Alejandro y Ana, con el subtítulo desternillante de Lo que España no pudo ver del banquete de la boda de la hija del presidente. Menos mal que se pudo ver por televisión la ceremonia. Aquel espectáculo se representaba en un salón de bodas auténtico, aunque seguro que hubieran preferido hacerlo en la catedral de El Escorial, con la gran mesa de la La boda de los burgueses, pero aquí sería de la alta burguesía y la aristocracia. Los estupendos actores representaban a los cargos políticos, a los banqueros, empresarios y clérigos. Tras la cena, todos ellos gritaban verdaderas frases de lucha, en enfrentamientos partidistas y ambición del poder. Verdaderamente, sentímos una cámara oculta, aunque sabíamos que era una historia: teatral o no. Los espectadores se colocaban en mesas, y se dedicaban a contemplar a los principales asistentes. Los ridículos personajes bien nos recordaban a la acidez de Brecht. De otro modo, podemos citar algo similar con un grupo de amigos y familiares en una estupenda obra, Siempre fiesta, estrenada en la sala Cuarta Pared hace tres meses.
Esta compañía canaria busca las comedias y la diversión ligera, como en su montaje anterior de Mariveux, Juegos de amor, que pudimos ver también en el teatro Galileo, de Madrid. Su curioso nombre es el de “Profetas de mueble bar”. Precisamente, en esta Boda de Brecht, al novio se le van rompiendo todos los muebles que él mismo ha construido, con orgullo, en su propia casa ante la presumida novia preciosa de traje blanco -ya embarazada-. Y todo se va rompiendo, una ruina que utilizan los del banquete para burlarse: en el desastre se van cayendo las sillas, el sillón y al final, la cama –ya fuera de escena- concluyendo así esta noche de boda. Y, junto a estas burlas, van desarrollándose las discusiones, los gritos hasta la pelea física de todos los convidados ya bebidos; incluso la novia embarazada. En este montaje todos son un tipo de payasos graciosos, sin utilizar la realidad de entonces o la de ahora, pero la especie de circo consigue la diversión del público.
Enrique Centeno
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Autor: Bertolt Brecht.
Versión y dirección: Juan Ramón Pérez, Fernando Navas
y Carmelo Alcántara.
Intérpretes: C. Alcántara, Gloria Fuentes, Minerva Santana,
Víctor Formoso, Rosa Escrig, Carmen Sánchez, F. Navas,
José Luis Rubio, José Manuel Trujillo.
Vestuario: León Revuelta.
Compañía Profetas de mueble bar.
Teatro: Galileo (206.2009)
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miércoles, 15 de abril de 2009

El secreto de Miss Mundo **

La pobre y odiosa Miss del Mundo provoca la primera burla del público ante este aspecto. En el aeropuerto, al llegar al acceso, se encuentra al guardia encargado de la sala de embarque. Él es también tan estúpido como ella. La mujer-muñeca lleva la falsa sonrisa, la banda azul en el pecho y el cetro de reina en su brazo. Le debe autorizar el paso este otro estúpido soldadito, medio analfabeto, que se dedica al control mirando todo el físico de la mujer. La Miss, ante el jefe, va aminorando su orgullo de bella. Es un juego cómico, una burla de estos dos personajes, la vacía bella y la bestia tonta.
En esta invención, Antonio Muñoz consigue las continuas carcajadas. Un misterioso argumento inventado con humor. A los dos actores –Olga Margallo y Víctor Gil- , se une otro extraño personaje. Aparece en una silla de ruedas y suelta un discurso –lo hace Francisco Bustos- tan incomprensible como absurdo. Hay un brillante trabajo en el que, seguramente, deben hacer un esfuerzo para reprimir su propio sentimiento hacia la divertida obra. Todo ello lo dirige muy bien Petra Martínez.
Enrique Centeno
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Autor: Antonio Muñoz.
Intérpretes: Olga Margallo, Victor Gil, Francisco Bustos.
Dirección: Petra Martínez.
Compañía Uróc.
Teatro: Galileo (25.9.2007).
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sábado, 28 de marzo de 2009

Gris mate **

Ha escrito esta obra Iñaki Rikarte, un buen actor que aquí se ha introducido en la literatura dramática. Al iniciar la función, el personaje se encuentra en la soledad, en un lugar extraño, incomprensible, sobra la tarima circular pintada con forma de diana. En la escena vacía, únicamente vemos un carcaj y su arco. El sujeto, un determinado Estudiante, viste una ropa extravagante, vieja, y se cubre con un sombrero de copa. Comienza a intentar disparar con el arco, inútilmente, con juegos de clown. No es Estragon. No espera a Godot, sino que desea tirar al cielo flechas contra Dios, prácticamente sin lanzar alguna. Aparece, en esta diana del mundo, el segundo personaje, de profesión el Limpiabotas que Alberto Huici representa muy bien. No se llama Pozzo. Sus conversaciones son disparatadas frases, diálogos entre la tensión del acercamiento hasta la unión en ese ambiente absolutamente absurdo. Es evidente, que al joven autor le ha influido, profundamente, el irlandés Samuel Beckett, y en esta función hay una continua referencia -en algunos momentos casi copia- al histórico absurdo de Esperando a Godot. Más de sesenta años después, continúa siendo una de las primeras obras contemporáneas. En ella, aquel Godot era desconocido; aquí, en Gris mate, se trata del mismísimo Dios. El tercer personaje, divertidísimo, es un peluquero de bigotito, un Fígaro humorístico que el actor, Alberto Castrillo-Ferrer, interpreta ganándose al público. Es una función bien hecha, bien dirigida por Charo Amador. Una obra que, antes del primer minuto, ya sabíamos que era una imitación.
Enrique Centeno
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Autor: Iñaxi Rikarte.
Intérpretes: Iñaxi Rikarte, Alberto Castrillo-Ferrer, Alberto Huici.
Vestuario: Marie Laure Benard.
Escenografía: Stefano Perocco.
Dirección: Charo Amador.
Teatro: Galileo. (24.3.2009)
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viernes, 20 de febrero de 2009

Rick y Edu ***

Dos personajes –dos actores estupendos- son el paisaje de una sociedad marginal. Estos vecinos se conocen y se tratan en el mismo edificio, exlusivamente en el cutre sótano de Rick –Manuel Brun-, un imposible inocente para encontrar trabajo. Edu –David Sánchez- padece una cierta incapacidad mental: débil, cariñoso, necesitado de la amistad y de la protección al ser maltratado por su propio padre. Llama frecuentemente a la puerta de Rick, y es, en uno de sus encuentros, donde transcurre toda la acción de la obra.
Sus conversaciones producen un ingenioso humor que el autor crea –Josep Linuesa-, y que ellos lo ignoran. Rick, desesperadamente busca cada día un nuevo trabajo. Los había perdido siempre por su complicada conducta, su violencia en la simplicidad. Tan bobo, que aspira a colocarse como guardaespaldas. No podemos frenar las risas ante este buenazo ignorante, absurdo en su marginación. Es, sin embargo, el salvador de Edu, aislado entre su casa, el descansillo y el rincón solitario del sombrío sótano, esos pequeños metros cerrados entre viejas paredes.
Posee esta mezcla entre la comicidad y el drama: dos personajes perdidos que, a medida que avanza la obra, nos van alejando de las sonrisas, para provocar , finalmente, un final de silencio y muchos aplausos.
Son personajes que nos rodean, no fantasías de una sencilla imaginación. Un cierto estilo que nos recuerda al teatro británico. El autor ha dirigido también esta función, muy bien construida a pesar de cierta pérdida en la mitad de la obra, que recupera enseguida con talento.
Enrique Centeno
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Autor y dirección: Josep Linuesa.
Intérpretes: Manuel Brun, David Sánchez.
Escenografía: Rafael Delgado.
Teatro: Galileo. (18.2.2009)
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viernes, 2 de enero de 2009

Dile a mi hija que me fui de viaje ****

Desconocíamos a la escritora francesa Denise Chalem. Una lección teatral de dos mujeres, un drama conmovedor imposible de que hubiera podido hacerlo un hombre. Crea formidablemente sus diálogos, sus tensiones dramáticas, su dominio del juego escénico. Ellas son distintas, y en su prisión carcelaria van creando una relación de afecto, de confesiones, como dos animales unidos ante el enemigo de la represión de los guardianes y del aislamiento en una jungla de paredes de barras de hierro. Fuera sólo hay un pasillo y la violadora de uniforme. Dominique (Mª. José Goyanes), vulgar y solitaria, recibe despreciativa a la burguesita engañada, Carolina (Marta Beláustegui) llegada a esas cuatro sucias paredes.
Vaya dos actrices. Mano a mano. Crean la transformación, sueñan en sus biografías, con los reproches al mismo tiempo que con las carcajadas. Son dos gajos de limón en un rincón del diminuto cuadrilátero de su cárcel. Las dos no tienen piedad para rozar las lágrimas de los espectadores. El buen director ayuda a las intérpretes muy bien, y al inicio se le escapan, aunque muy pronto, a Jesús Salgado.
Dominique procede del arrabal, perverso para la prostitución, con una hija abandonada. Con su orgullo por el asesinato al despreciable hombre abusador de la desdichada. Los hechos le envuelven en su contradicción, su esperanza perdida, ese dolor intenso junto al amor perdido. Goyanes hace un alarde entre auténticas lágrimas metida ya en el terrible personaje. Beláustegui ofrece también una lección: inocente en el engaño de la financiación, estúpida ambiciosa y tierna joven. Así, entre los metales y la suciedad, mira a su campañera y descubre un nuevo mundo de la comunicación interna, de una amistad que nunca había conocido. Ambas actrices son únicamente capaces de llevar a escena el ejercicio y riesgo de la dramaturgia de Chalem. Ese teatro que abandona el recurso común y vulgar de la tragedia a través de versos, de columnas de textos, sin creación de personajes. Hay numerosas escritoras que aún no saben construir un drama sobre las tablas.
Enrique Centeno
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Intérpretes: Mª José Goyanes, Marta Beláustegui, Marina Andina.
Escenografía: J.L. Raymond.
Dirección: Jesús Salgado.(Teatro del Duende).
Teatro: Galileo (30.10.2007).
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miércoles, 19 de noviembre de 2008

30º de frío ***

Juan Valero (1824-1905) contó su viaje, como diplomático que fue, por la Rusia zarista. Esta obra teatral, 30º de frío, la ha basado José Ramón Fernández, en los escritos originales del autor. Los textos sirven para contar el frío viaje con el nobilísimo Duque de Osuna, que se autonombrará, en su llegada al destino del trayecto, embajador español. El estilo utilizado por Valero es su género literario, las epístolas: cartas como su famosa Pepita Jiménez, progresista, con la historia de un seminarista enamorado y que defiende, como en otras obras, el derecho de la mujer. Aquí, en esta otra, provoca la burla, la crítica divertida y una historia encantadora.
Los dos personajes los interpretan con un sentido de profundo humor: Francisco Vidal y Chema Ruiz. Junto a ellos, el actor Daniel Marcos, que se convierte en numerosos personajes o contador de la historia: lo hace de modo cómico y brillante. El texto teatral se debe a tres dramaturgos, José Ramón Fernández –siempre tan admirado-, Luis Miguel Fernández y Ángel Solo. En cierto modo, nos recuerda a las otras cartas o breves artículos de Chéjov. Él hizo también sus curiosos viajes por las tierras heladas hasta los treinta grados. Valero lo había hecho en 1875, pero Chéjov era más joven, un niño de cinco años; lo que no impide recordarnos a uno junto a otro, aunque de manera diferente, porque Valero anunciaba el realismo, mientras el ruso fue su creador.
Lo importante, sobre todo, es señalar la diversión crítica, las reflexiones escondidas, la creación de personajes ricos –ya casi inexistentes entre quienes se denominan dramaturgos-, la mezcla muy sabia entre la ruptura –incluyendo el juego con la cuarta pared- con un resultado brillante, bajo la sabia y asombrosa dirección de Luis Miguel G. Cruz. Todo el conjunto consigue una función que merecerá el éxito.
Enrique Centeno
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Autores: José Ramón Fernández, Luis Miguel Fernández,
Ángel Solo.
Adaptación de Juan Valero.
Intérpretes: Francisco Vidal, Chema Ruiz, Daniel Martos.
Escenografía y vestuario: Silvia de Marta.
Dirección: Luis Miguel G. Cruz. (Teatro del Astillero)
Teatro Galileo (13.12.2007)
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viernes, 14 de noviembre de 2008

Y sin embargo te quiero ****

Estas dos mujeres, la humilde criada y su señora, forman, juntas, un laberinto social en la pequeña ciudad profunda. Todo se convertirá en un círculo vital, un trayecto cuya estación las juntará finalmente. Su historia la relata esa criada, María, en la conocida Casa Grande, donde sirvió hace muchos años. Sentada sobre su maleta, como en un andén, va recordando su relación con su dueña, Ana. Teatralmente, se utiliza un flash-back que nos contará los encuentros y separaciones.
Fueron dos adolescentes en las que Ana, la “señorita” culta y poderosa, recibe a la muchacha: cada una en su sitio, pero muy pronto inician un acercamiento fuerte, hasta el cariño. La unión se rompe en este país con la llegada de la Guerra Civil: enfrentamiento brutal mirando a su alrededor para atacar o defender. El levantamiento militar provocó esas dos Españas: sumisión de la una, presión de la otra. Sus nacimientos las situaron distintas, aunque en el mismo lugar. El acoso, la violencia, la cárcel y el exilio. La obra nos muestra, de escena a escena, ese ambiente de color oculto, dos muñecas que escuchan y bailan los pasodobles, las coplas, unas letras de aquellos tiempos. El autor, Miguel Murillo, quiere que oigamos aquellas canciones. (De una de ellas que interpretaba Concha Piquer, toma el título de esta función “…y sin embargo te quiero”. Tiene un sentido muy inteligente para los dos personajes). La diversión, la seriedad y hasta el drama de la ruptura. Ya se entenderá lo que se produjo en esa Casa Grande o estación. Lo escribe muy hábilmente este autor extremeño. Y sería imposible realizarlo sin dos excelentes actrices. Ángeles Martín y Alejandra Torray. Conocemos bien sus talentos que utilizan para que el tiempo se vaya cubriendo en sus Ana y María. Pequeñas, grandes, asustadas y amargadas, llorosas entre sus abrazos finales. Estas actrices pisan fuerte las tablas, se transforman y nos entusiasman sus creaciones.
Podría haber adivinado la firma de esta obra. Miguel Murillo. Ha estrenado en Madrid varias obras. La última, hace dos años, fue Armengol, premiado Lope de Vega, muy bien puesta en escena en el Teatro Español.
Están en la mayor parte de sus obras, historias de la Guerra Civil y la posguerra en su Extremadura. Obras representadas en Madrid, como Perfumes de mimos, El pájaro de plata o El reclinatorio, editada (Pipirijaina, 1983) y premiada desde los 25 años. Son acontecimientos, ambientes y estudios de aquellos citados tiempos. No los ha vivido en Badajoz (n. en 1953), pero sin duda se los han contado, ha preguntado o investigado; con el dolor, con la memoria histórica en esta ciudad de la guerra, las traiciones y los crímenes prolongados ya terminada la lucha con cadáveres, en fosas comunes. En esta Y sin embargo te quiero, aquella Ana y María superaron el acercamiento tras su ruptura. Una crónica que nos emociona.
Enrique Centeno

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Autor: Miguel Murillo
Intérpretes: Alejandra Torray, Ángeles Martín.
Escenografía: Lourdes Murillo.
Dirección: Antonio Corencia.
Teatro: Galileo (6.11.2008)
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