Autora: Yolanda Dorado.
Intérpretes: Margalida, Anabel Ochoa,
Pepa Fernández, Celia Ruíz, Candela Moreno.
Escenografía: Élia Lach.
Dirección: Pepa Sarsa.
Teatro: Cuarta Pared. (23.11.2006)
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Lo que ahora acude es un trabajo de la llamada Asociación de Mujeres de las Artes, por la compañía denominada “Marías Guerreras”: un curioso nombre –también existe "Autoras Dramáticas", protegida, cómo no, por el Instituto de la Mujer del Ministerio de Asuntos Sociales- transformado sobre la eximia actriz (María Guerrero XIX-XX). Lo cierto es que la primera vanguardia en el tratamiento a las mujeres, fue hace dos mil años por el comediante Aristófanes en su Lisístrata, aquella mujer que organizó a todo el pueblo contra la guerra y la estupidez de los hombres. En todo caso, esta obra, Confesiones. Lo que callan las madres, se aleja de las tragedias para quedarse en convivencias diarias (nos recordaba a la serie de TV hecha por Adolfo Marsillach, La señora García se confiesa). La autora, Yolanda Dorada, ni siquiera llega a la comedia teatral, sino a escenas o miniactos independientes e incluso al juego de humor, con textos que leen algunos espectadores sacados a escena, aunque las actrices poseen valor y frescura en sus personajes dorados.
Temas, a veces tópicos, van buscando la sonrisa o la tristeza de numerosas mujeres. La confesión de la sexualidad con sus comicidades, el recuerdo de algún pasado familiar, su lesbianismo, la adolescencia, el fatal matrimonio o la difícil comprensión de la madre. Se trata de limitaciones y problemas comunes o ligeras represiones. Es el lejano texto que en el Día Mundial invadía nuestros sentimientos y dramas: los temas –montados más de una vez- de las palizas, la huída de los países de represión a la mujer, el soporte de las ablaciones del clítoris, la situación social salvaje o la explotación en el trabajo. Fue Aristófanes más duro y valiente en su teatro de la antigüedad, que en esta obra de tópicos.
Enrique Centeno
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