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domingo, 11 de julio de 2010

Armengol ***

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Autor: Miguel Murillo.
Intérpetes: Nacho Aldeguer, Pepe Viyuela,
Rosa Renom, Simón Ferrero, José Luis Martínez,
José Vicente Moirón, Miguel Foronda, Ricardo
Ruiz, Gustavo Piqué.
Escenografía: Ana Garay.
Iluminación: Juanjo Llorens.
Vestuario: Eduardo Acedo.
Dirección: Esteve Ferrer.
Teatro Español. (21.12.2005)
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De nuevo se estrena en el teatro Español uno de los prestigiosos Premios Lope de Vega, que en los últimos años  han perdido sus tradicionales montajes en este coliseo, cuyo derecho fue eliminado en las Bases del concurso. Miguel Mu-rillo lo obtuvo en 2002, y, afortunadamente, muestra aquí este Armengol.
El título se refiere a un personaje real, pacense (Murillo es natural de Badajoz, 1953), conocido y recordado desde su muerte, poco después de comenzada la Guerra Civil y el levantamiento militar.
    En aquel año de 1936, Hitler protagonizaría en Berlín los Juegos de la Olimpiada Internacional. España se negó a asistir al nazismo, y se organizó en Barcelona -con atletas, hombres y mujeres-, lo que se llamó Olimpiada de los Pueblos Libres del Mundo, al mismo tiempo que militares y falangista iban destruyendo el Gobierno Republicano. Fue Armengol uno de los gimnastas que acudieron desde Extremadura. Regresaron después a sus tierras libres, y no pocos de ellos fueron tomados por el franquismo, con represiones y crímenes. Armengol montó un gimnasio en el que podía desarrollar el deporte con los jóvenes. Continuamente insultado, perseguido y amenazado. Finalmente, apareció su cadáver tirado en el camino cercano a su casa.
    Es un espectáculo duro, irónico y en algunos momentos de cínico humor. Murillo ha dedicado sus dramas frecuentemente a las situaciones sociales en su Extremadura. Son siempre títulos imprescindibles en nuestro teatro social y en nuestra literatura española, dramas o tragedias de textos supremos.
    Hace una escenografía magnífica Ana Garay, iluminada sabiamente por Juanjo Llorens y con un perfecto vestuario de Eduard Acedo. Lo dirige inteligentemente Esteve Ferrer. Con un reparto perfecto, brillantísimo -hace Pepe Viyuela el protagonista-, al que hay que aplaudir.
    Se contempla el espectáculo, entre la emoción y la lectura, y lo reciben los espectadores con ardiente entusiasmo.
Enrique Centeno

viernes, 13 de marzo de 2009

El ángel de la luz **

Hace solo unos meses, en esta misma temporada vimos una emocionante función de la obra de Miguel Murillo, Y sin embargo te quiero. Al igual, aplaudimos, en 2005, a Armengol, que había obtenido el Premio Lope de Vega, estrenándose en el Teatro Español. A ese autor, residente en Badajoz, le vemos insuficientemente, al menos fuera de Extremadura. En Madrid estrenó importantes obras, como su primera función de El reclinatorio, en 1980, y otras como Perfumes de mimosas. Sus obras se centran, prácticamente todas, en el recuerdo y las historias en Extremadura.
Llega ahora, dentro de la Muestra de Teatro de las Autonomías, El ángel de la luz. Explica el dramaturgo, en su programa de mano, que se ha basado en una historia que le relató en una taberna un viejo, entre vinos excesivos, contando lo que sucedió en la línea entre Badajoz y Portugal. Este contrabandista es el personaje que inicia la función, sentado frente a una mesa, pegado a la botella. Él dijo conocer a un mísero matrimonio, que encontró a un niño abandonado, decidido a no pronunciar palabra alguna a lo largo de su vida, durante los años de los dos dictadores, Franco y Somoza. El hombre era republicano, liberal y consciente de la miseria y la represión. Se hacen también referencias a los cambios políticos posteriores. Se destaca, entre otras, la Revolución de los claveles, aquel 25 de abril de 1974. El director portugués lo monta con escenas conocidas que se proyectan en el decorado, sonando la canción que señaló el inicio, a través de la radio, y marcando la salida a las calles. Aquella canción se convirtió, prácticamente, en un un himno de libertad. (Fue el cantautor Jose Alfonso, con los versos de Grândola, Villa Morena, años después olvidado, falleciendo en la miseria, quien también nos hizo pensar en los sueños de estos países).
Lo cierto es, que este cuento histórico es un relato breve, y Murillo lo ha querido convertir en una obra teatral. Es lento, texto poético pero aburrido, tanto por la interpretación como por la puesta en escena. Es una especie de mito entre figuras religiosas: demasiado, la imagen de La piedad. Ha sido una tentación del extremeño. El reparto es muy flojo -apenas se salva Juan Carlos Castilla, el viejo- Y un decorado vulgar, en una pretendida plástica de pinturas. Tal vez, el resultado se debe, fundamentalmente, al director autor del decorado.
Quizá deberá este autor criticarse a sí mismo. En todo caso, le esperaremos, como siempre.
Enrique Centeno________________________________
Autor: Miguel Murillo.
Intérpretes: Juan Carlos Castillejo, Alberto Iglesias,
Celia Nadal,Elías González, Ricardo Utrera.
Escenografía y dirección: Joâo Mota.

Teatro: Círculo de Bellas Artes, (10.3.2009)
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viernes, 14 de noviembre de 2008

Y sin embargo te quiero ****

Estas dos mujeres, la humilde criada y su señora, forman, juntas, un laberinto social en la pequeña ciudad profunda. Todo se convertirá en un círculo vital, un trayecto cuya estación las juntará finalmente. Su historia la relata esa criada, María, en la conocida Casa Grande, donde sirvió hace muchos años. Sentada sobre su maleta, como en un andén, va recordando su relación con su dueña, Ana. Teatralmente, se utiliza un flash-back que nos contará los encuentros y separaciones.
Fueron dos adolescentes en las que Ana, la “señorita” culta y poderosa, recibe a la muchacha: cada una en su sitio, pero muy pronto inician un acercamiento fuerte, hasta el cariño. La unión se rompe en este país con la llegada de la Guerra Civil: enfrentamiento brutal mirando a su alrededor para atacar o defender. El levantamiento militar provocó esas dos Españas: sumisión de la una, presión de la otra. Sus nacimientos las situaron distintas, aunque en el mismo lugar. El acoso, la violencia, la cárcel y el exilio. La obra nos muestra, de escena a escena, ese ambiente de color oculto, dos muñecas que escuchan y bailan los pasodobles, las coplas, unas letras de aquellos tiempos. El autor, Miguel Murillo, quiere que oigamos aquellas canciones. (De una de ellas que interpretaba Concha Piquer, toma el título de esta función “…y sin embargo te quiero”. Tiene un sentido muy inteligente para los dos personajes). La diversión, la seriedad y hasta el drama de la ruptura. Ya se entenderá lo que se produjo en esa Casa Grande o estación. Lo escribe muy hábilmente este autor extremeño. Y sería imposible realizarlo sin dos excelentes actrices. Ángeles Martín y Alejandra Torray. Conocemos bien sus talentos que utilizan para que el tiempo se vaya cubriendo en sus Ana y María. Pequeñas, grandes, asustadas y amargadas, llorosas entre sus abrazos finales. Estas actrices pisan fuerte las tablas, se transforman y nos entusiasman sus creaciones.
Podría haber adivinado la firma de esta obra. Miguel Murillo. Ha estrenado en Madrid varias obras. La última, hace dos años, fue Armengol, premiado Lope de Vega, muy bien puesta en escena en el Teatro Español.
Están en la mayor parte de sus obras, historias de la Guerra Civil y la posguerra en su Extremadura. Obras representadas en Madrid, como Perfumes de mimos, El pájaro de plata o El reclinatorio, editada (Pipirijaina, 1983) y premiada desde los 25 años. Son acontecimientos, ambientes y estudios de aquellos citados tiempos. No los ha vivido en Badajoz (n. en 1953), pero sin duda se los han contado, ha preguntado o investigado; con el dolor, con la memoria histórica en esta ciudad de la guerra, las traiciones y los crímenes prolongados ya terminada la lucha con cadáveres, en fosas comunes. En esta Y sin embargo te quiero, aquella Ana y María superaron el acercamiento tras su ruptura. Una crónica que nos emociona.
Enrique Centeno

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Autor: Miguel Murillo
Intérpretes: Alejandra Torray, Ángeles Martín.
Escenografía: Lourdes Murillo.
Dirección: Antonio Corencia.
Teatro: Galileo (6.11.2008)
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