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jueves, 8 de abril de 2010

Truenos & misterios ●

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Creación y dirección: Ana Vallés.
Intérpretes: Perico Bermudez, Juan Cejudo, Mauricio
González, Carlos Sarrió, Ana Vallés.
Escenografía: Baltasar Patiño.
Compañía Matarile.
Teatro: Cuarta Pared. (1.2.2007)
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Aparece el escenario ocupado por una mesa enorme, de punta a punta. Miren, es de madera y tiene forma rectangular. Podemos decir que no es un cuadrado, un rombo, un trapecio: la verdad es que no encontramos cómo explicar esta función. Porque toda ella está formada por interminables palabras y conversaciones que absolutamente no nos importan. Al principio, un profesor explica ante una pizarra grande la lección sobre la geografía física entre el agua, la tierra y las plantas. Un libro de texto durante un cuarto de hora. Tiene gracia. Veamos qué va a pasar ahora.
Se juega, como en un aula, con un esqueleto, mostrando los movimientos del cuerpo humano. Y un grupo de cómicos charlan después en un extremo de la mesa, y nos cuentan asuntos sobre la literatura, como sus conocimientos acerca del teatro y de Tadeusz Kantor. De este modo permanecen, sin terminar nunca, con tópicos o charlas comunes de cada día. La Enciclopedia es continua. No sabemos si es un happening o una provocación. Pero nunca se enciende un poco la luz de sala, para que la gente cansada se pueda marchar, salir de ese hueco interminable. La compañía se lo pasa bien en sus silencios o sus cambios de inutilidades. Qué valor.
Enrique Centeno

domingo, 11 de octubre de 2009

Cosmética del enemigo ***

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Autora: Amélie Nothomb.
Adaptación teatral: José Luis Sáiz.
Intérpretes: Jesús Castejón, José Pedro Carrión.
Escenografía e iluminación: Baltasar Patiño.
Audiovisual: Álvaro Luna.
Música: Antonio Rodríguez.
Dirección: José Luis Sáiz.
Teatro: Fernando Fernán-Gomez (C.C.Villa).
(14.10.2009)

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Es una aparente comedia durante la primera parte, que va cambiando, lentamente, hacia un doloroso drama. La mentira, la maldad de un personaje moralmente inánime. ¿Pero quiénes son este Textor y Jerôme, cuyas verdades irán apareciendo debajo de sus cosméticas?. Pertenecen a un reducido censo que ocupa la sala de espera del aeropuerto, donde se anuncia que la salida se aplazará. Sabemos enseguida que este será el espacio de la extraña Cosmética del enemigo. Hay únicamente dos personajes –también unos figurantes espectadores que ocupan las sillas del mismo escenario-, y uno de ellos, Textor, inicia sus gestos de charlatán continuo; es un sujeto incómodo, exhibicionista en sus monólogos -sin aparente interés- de voces permanentes. Se consigue en este texto un fuerte humor entre su proyectos, paradójicas filosofías para él mismo. Y va acercándose, poco a poco, al opuesto viajero, muy diferente, cuidadosamente trajeado, que le mira con desprecio.
Jerôme irá rompiendo su silencio, orgulloso, hasta que entra, lentamente, en la conversación: al principio le contesta levemente y, finalmente, en una intensa discusión. Textor confesará sus brutales hechos cometidos, perdonándose a sí mismo al libre albedrío –cita concretamente el jansemismo- y, después, saltando hacia su enemigo. Pudiera pensarse que pertenece a una especie de ángel confesionario, tal vez un policía, el mismísimo demonio, y finalmente el verdadero acusador.
Cosmética del enemigo es una adaptación teatral de la novela de la escritora francesa Amélie Nothomb (1967), una autora tan risueña como ácida. Este estilo le permite denunciar la injusticia, aquí el maltrato y los crímenes a la mujer; sin necesitar más que su brillantísimo texto. José Luis Sáez se ha servido del libro para montar una maravillosa función. Con una puesta en escena sensible, un perfecto viaje por vías separadas que, lentamente, van llegando al cruce. Sus acercamientos, el aumento de sus relaciones y las rupturas, lo dirige magistralmente, con limpieza y un ritmo perfecto -le sobran esos momentos en los que se arrastran las sillas-, consiguiendo el viaje hacia la cumbre.
Es un escenario cerrado entre paredes acristaladas y persianas blancas que permiten los audiovisuales -los ha realizado Álvaro Luna-, en el que se insiste en el continuo retraso del avión, una nuevo aviso que celebramos para seguir viviendo esta situación. Lo crea el escenógrafo Baltasar Patiño, inventando una chácena en el decorado para la aparición de una caja de espejos, un ascensor para condenar al asesino. Atreviéndose a situar al público como nuevos personajes, el resultado es magnífico. Hay textos y escenas en las que son imprescindibles dos grandes actores. José Luis Sáez tiene ese privilegio. Quien quiere arrancar la cosmética –Textor- lo hace Jesús Castejón –ya le hemos visto muchas veces-, un personaje difícil que consigue, genialmente, ir cambiando en esta hora y media. Frente a él, está nuestro conocido José Pedro Carrión: es ese Jerôme frío, seguro como un sujeto tieso, capaz de haber ocultado y olvidado su terrible pasado para ir hundiéndose sin maquillaje. Carrión tiene que ir trasformándose y cambia su cuerpo, sus voces de nuevos tonos del vencido –grave, potente, que nos recuerda al gran José María Rodero-, una estupenda lección.
Enrique Centeno

domingo, 22 de marzo de 2009

Noche de reyes ***

Dos comedias de Shakespeare en dos días: Medida por medida, en el teatro La Abadía y, después, en el Círculo de Bellas Artes, Noche de Reyes, dentro de la Muestra de Teatro de las Comunidades. Tras haber comentado el primero, aseguramos que éste último produce el mismo placer, el talento de este montaje del Centro Dramático Galego.
Este director, Quico Cadaval, no se ha detenido un momento en su fantasía y la imaginación humorística. Ha elegido una escenografía y un vestuario de los años veinte. Es una playa mediterránea, casi de elegantes turistas, de paseantes por las arenas, con fondos de franjas de colores vivos, blancos y añil, una especie de carpa para el recogimiento del baño. Y aquí, en este lugar, Iliria, situó el autor la llegada de la joven Violeta, salvada de un naufragio. (Una Tempestad, como en su drama de Shakespeare). El original se refiere al país del mar Adriático, aunque en esta representación no se aproxima mucho a aquel lugar. La plástica se acerca más al Mediterráneo valenciano: más aún, lo relacionamos porque, en éste hay un agradable pueblo, llamado Iliria, y, además, otro lugar en la playa, denominado Oliva, nombre de la Condesa Olivia de esta comedia. Coincidencias casuales.
La bella Viola –María Bouzas, estupenda actriz- decide buscar a su hermano gemelo, disfrazándose de varón. Conocemos que en el teatro isabelino no podían aparecer actrices y, aquí, se produce una doble transformación: el personaje pasa a vestirse de hombre y, finalmente, de nuevo, al verdadero personaje femenino. Vaya baile: el público debió partirse de risa. Entre nosotros es un procedimiento frecuente en los clásicos, con personajes femeninos en los que las actrices se vestían de hombre –para ocultarse, protegerse- tanto en los dramas –La vida es sueño, Calderón-, o en las comedias de capa y espada (Don Gil de las Calzas Verdes, Tirso de Molina). En la aparición del buscado SebastiánBorja Fernández, también un buen actor-, se abrazan los hermanos fuertemente, con besos en los que todos sus enamorados equivocan los sexos, sufriendo la imposibilidad de mantener su enamoramiento. En estas escenas concluye la función, entre las definitivas carcajadas sobre el triunfo del amor. Un feliz final, como deben terminar las comedias.
Quizá, los personajes más divertidos están entre la nobleza. Con aspecto de vagabundo, Festas -lo hace Víctor Mosqueira, brillante, quizá excesivo-, un antiguo bufón –lo es en el original- irónico y burlador, con versos cantados con la mandolina en mano. A su lado, el romántico Duque –estupendo Marcos Correa-, que busca, desesperadamente, un necesitado amor. Viste traje negro de rayas. No llega a llamarse Doménico Modugno, sino su normal Orsino. Pero canta aquellas canciones de Penso che un sogno così/ non retorna mai. Llega hasta sus gestos exhibicionistas con su micrófono: sólo faltó ganar el Festival de San Remo. Aunque esta Costa de la Riviera, podría también ser Iliria, oyendo, junto a la playa, la canción de Orsino: Mille violine sonati del vento, aunque, al menos en esta representación, sería imposible escuchar violines entre la juerga continua.
Enrique Centeno
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Autor: William Shakespeare.
Intérpretes: Suso Alonso, María Bouzas,
Xan Cejudo, Marcos Correa, Susana Sans,Borja Fernández,
Anabell Gago, Bernardo Martínez,
Víctor Mosqueira, Simone Negrín, José M. Olveira,
Ramón Orencio, Marcos Orsi.
Escenografía e iluminación: Baltasar Patiño.
Vestuario: Gilda Bonpresa.
Versión y dirección: Quico Cadaval.
Teatro: Círculo Bellas Artes. (16.3.2009)
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martes, 11 de noviembre de 2008

Animales artificiales *

Estamos de nuevo ante Matarile Teatro, una compañía de la escritora, actriz y directora Ana Vallés. La vimos hace medio año en La Abadía y, antes, en La Cuarta Pared. En ambos era manifiesta la búsqueda del expresionismo. Se vio, desde un principio, torpeza y estilo inutilizado. Pero parece que va, levemente, encontrándose en su propia búsqueda con este llamativo Animales artificiales. De nuevo, inicia con un discurso: aquí, al público. Una mujer alemana anuncia la ausencia de texto, de argumento, de sentido e incluso el silencio frente a la indignación. En su voz germánica cita una larga agenda de autores como Freud o Peter Handke. Además de pintores, danzas orientales o versos. Es también incluido el delirante e imitado Artaud. Como si todo lo aprendido quisiera ser sumado. Mucho conocimiento.
El expresionismo es un encuentro entre el absurdo y la visión de la ruptura entre la vida y la destrucción: bástese citar, por ejemplo, a Van Gogh, cuyo autorretrato, su habitación o los girasoles, son tanto las realidades como sus visiones: a el le considera expresionista. No debe confundirse, en el teatro, con el superrealismo de la moderna y breve búsqueda de la ruptura del llamado happening. Lo que tratamos de explicar, es que ese arte rompedor no se limita a la plástica; si no, sería un disparate, una inutilidad; sin contenido o con la incomprensible justificación de una representación. Aquí estamos.
Este expresionismo parece buscar el alejamiento del propio tema pretendido; romper no consiste en ocultar; crear y enriquecer no es el barroquismo ni lo cósmico, como sería emplear el lenguaje shuzntu. A Vallés le entusiasman las imágenes incomprensibles fuera de sus propios pensamientos. Tiene que haber un tema, unos personajes, un modo diverso de hacer relaciones con el espectador. En este estreno – Teatro Fernán-Gómez, Centro Cultural de la Villa- aparecen personas que unas veces se mueven absurdamente y otras medio bailan sin conocimiento: toca uno el trombón, canta ópera un individuo, intenta provocar alguna gracia, se hablan a veces incomprensiblemente. O aún más: con voces sin estudios (En un momento protestó una espectadora: “¡No se oye!”; a lo cual añadió otra gritando: “¡Ni falta que hace!”). Yo no dije una palabra, pero vi que llevabamos una hora y tres cuartos allí sentados, con todo el esfuerzo. Se hizo por fin el oscuro y salí corriendo para llegar a tiempo al telediario.
Enrique Centeno
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Autora, actriz y dirección: Ana Vallés.
Intérpretes: HelenBertels, José Campaanari, Mónica García,
Mauricio González, Iván Marcos, Ricardo Santana, Ana Vallés
Hugo Portas,
Ramón Vázquez.
Escenografía: Baltasar Patiño.
(Matarile Teatro).
Teatro: Fernán-Gómez (CC de la Villa) (7.5.2008)
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