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domingo, 10 de octubre de 2010

Hamlet **

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Autor: William Shakespeare.
Versión y dirección: Lluís Pasqual.
Intérpretes: Eduard Fernández, Marisa Paredes, Helio Pedregal, Aitor
Mazo, Jesús Castejón, Rebeca Valls, David Pinillo, Iván Hermes,
David Pinilla, Javier Ruiz de Alegría, Albero Berzal, Josefa Apaolaza,
Lander Iglesias, Antonio Rupérez, Alberto Iglesias, Pablo Viar, Luis Rallo,
Jorge Santos.
Escenografía: Paco Azorín.
Vestuario: Isidre Pruné, César Olivar.
Teatro: Español. (2.6.2006)
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"La tragedia de Hamlet, siendo uno de los títulos más conocidos de Shakespeare, se representa muy poco en los escenarios españoles. Que recordemos, lo hizo Adolfo Marsillach hace cerca de cuarenta años –pateado la noche del estreno- y, mucho después, en 1989, con José Luis Gómez como protagonista, el Centro Dramático Nacional. Los dos montajes suscitaron la polémica, el primero por su intérprete y el segundo por la versión de Vicente Molina Foix. Y es que Hamlet es mucho Hamlet, y da miedo. Éste de ahora no será capaz de suscitar la polémica, quizá tampoco el interés y, nos tememos que ni siquiera pasará al recuerdo”. Así lo comentamos en el estreno de otro Hamlet en el teatro de La Comedia, del que afirmamos en su título: “Un Hamlet para el olvido” (2000, dirigida Lluís Homar). Y otra vez volvió un pobre Shakespeare intentando representar a Hamlet en el año 2004, dirigido por Eduardo Vasco en el teatro La Abadía.
    Ahora se suma este montaje de Lluís Pasqual, con su elegido vestuario contemporáneo y con algún elemento intemporal de su puesta en escena de Julio César (1988). Con lo que Marsillach fue muy discutido en su interpretación y pateado la noche del estreno. (Ya no existe el pateo: se hacen las crudas críticas en voz baja al abandonarse la sala y se llega a gritar bravos mezclados igual con silbidos que con voceos, algunos piensan que significa lo mismo).
    Con los textos del original, se crea un personaje curioso: un histérico enloquecido dando vueltas en su locura física. Y van surgiendo de su pobre voz los grititos entre saltos y gestos de cabeceo, apoyándose el pretendido actor en sus brazos agitados, encogidos y sus manos sólo movidas con el dedo índice, como tópico recurso.
    La modesta escenografía, así como el vestuario y el atrezo, se ambientan en la actualidad, con policía de metralletas y pistolas, recurriendo a las espadas en la lucha final, aunque con forma de esgrima deportiva. No recordamos que en esta adaptación, reducida, oyéramos a Hamlet, en la escena con los cómicos a quienes da sus consejos: “Ellos son el compendio y breve crónica de los tiempos” (Act.II, Esc. II). Como en muchos montajes, se confiesa y se muestra que cualquier tiempo es ya inútil y es necesario deshacerlo y negarlo para que se parezca mejor a la crónica de hoy, y así no parecer una antigüedad como lo hizo el vate con este Príncipe de Dinamarca (algunas expresiones o fonéticas –como sacar el acento vasco al sepulturero- ayudan a no pensar en la historia). Ni siquiera en la más famosa y esperada escena.
Enrique Centeno





sábado, 9 de octubre de 2010

La tempestad **

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Autor: William Shakespeare.

Traducción: Patricia Zángaro.
Versión y dirección: Lluís Pasqual.
Intérpretes: Francesc Orella, Helio Pedregal, Iván Hermes,
Lander Iglesias, Joseba Apaolaza, Antonio Ruperez, Rebeca Valls,
Alberto Berzal, Pablo Viar, Javier Ruiz, Aitor Mazo, Jorge Santos,
Jesús Castejón, Eduardo Fernández, David Pinilla, Pablo Viar,
Alberto Iglesias, Luis Rallo, Anna Lizaran.
Escenografía: Paco Azorín.
Vestuario: Isidre Prunés, César Olivar.
Teatro: Español. (3.6.2006)
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En una programación alternativa, el director Lluís Pasqual ofrece La tempestad y Hamlet representadas ambas los sábados. El hecho nos sorprende, pensando en aquel viejo y sacrificado teatro de giras, aquel que no llevaba ni decorados, sino apenas telones pintados. Recordamos ahora –sin relación directa- tres obras de Las comedias bárbaras presentadas en el Centro Dramático Nacional (teatro María Guerrero, 1991) por José Carlos Plaza, los sábados -nueve horas, todo el conjunto-. Apuestas y riesgos ya olvidados; Adolfo Marsillach lo hizo en la Compañía del Clásico ofreciendo dos títulos diferentes, eso sí, cada dos semanas.
    Quizá, en esta compañía esto pueda explicar una cierta similitud de los elementos escenográficos –lo resuelve el mismo Paco Azorín- en el que Pasqual dirige un reparto estupendo en La tempestad, como ocurre igualmente en su Hamlet, con buenos actores tanto los protagonistas como los secundarios, compensando en general la insuficiente creación, tanto en Próspero (por qué callar tanto), como de Eduard Fernández en Hamlet y Francesc Orella en La tempestad.
Los numerosos espectadores hicieron pellas en el estreno tras haber visto el día antes a la compañía. Mejor hubiera sido ir primero a La tempestad, aun con el mal gusto de la isla fantástica de Shakespeare montada con palés. Aunque por la vivencia de los personajes, el espectáculo se sigue con placer pero sin brillantez.
Enrique Centeno