Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Cubero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Cubero. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de enero de 2012

Los sueños de mi prima Aurelia ***

______________________________________
Y OTRAS PIEZAS
Autor: Federico García Lorca.
Dramaturgia: Ángel García Galiano, Miguel Cubero.
Intérpretes: Ascen López, Ione Irazabal, Ester Bellvert,
Cristina Bernal, Teresa García, Rosa Manteiga, Daniel
Moreno, Roberto Mori, Elena Oliver, Ernesto Arias.
Iluminación: César Linares.
Éscenografía y dirección: Miguel Cubero.
Teatro: La Abadía. (19.1.2012)
___________________________________________________


A él lo mataron antes

    Estos nuevos manuscritos se trabajaron en la Residencia de Estudiantes, y nos muestran un extraño y apasionante montaje teatral. Se llama –primer enigma- Los sueños de mi prima Aurelia Y otras piezas del teatro inconcluso. Fueron dos obras póstumas de García Lorca las que se hallaron, El Público y Comedia sin título, algo inacabadas, especialmente la segunda de ellas, que conocíamos con errores o con  confusiones. Sus textos fueron  cuidadosamente trabajados, para ofrecernos –cuarenta años después- estas obras maestras. 
    Este impresionante teatro poético es, en realidad, y así lo notifican, la puesta en escena de unos textos escritos como Diario, partiendo de sus primeros años. Son breves episodios, sencillos y sentimentales, situados en 1910, con un niño que se llama Federico García Lorca (de 12 años). Son párrafos o notas  sueltas, cuartillas o cuadernos, en los que tomaba sus recuerdos para un proyecto.
Fotografías de Ros Ribas
    Escribía aquello durante el mismo verano en el fue asesinado. Los textos pertenecerían, por tanto, a su intención de una serie de temas granadina, lo que, de hecho, se anticipó en su Doña Rosita la soltera –del año anterior-,  personaje que, de algún modo, aparecerá en estos escritos. Su Granada le llamó ya desde el principio de su teatro. Imposible no recordar hoy aquella granadina Mariana Pineda, una de sus primeras obras. En la  dramaturgia de este montaje, Ángel García Galiano y Miguel Cubero seleccionan y ordenan las líneas con una inteligente versión.
    Más conocido como actor, Miguel Cubero se ha encargado se la dirección -también aparece en escena- con una sensibilidad permanente. Cuadros unidos en los que vemos la dulce farsa, las sombras, el sentimiento y el surrealismo expresivo, picasiano. Juegos riquísimos en las acciones y en iluminaciones, con ambientes chocantes en imágenes plásticas y volantes. Escuchamos al principio una de las canciones tiernas -aires sin cadenas-, en la voz de Amancio Prada, con uno de sus títulos dedicados a Lorca. Es un formidable reparto; se percibe el entusiasmo poético, el encanto de ellos mismos hacia los numerosos personajes. 
El reparto es numeroso, impecable: trasladan con evidencia el propio entusiasmo y entendimiento de sus personajes; sonrisas, canciones al piano, burlas, amores o disgustos. Son tan tiernos los intérpretes como los propios personajes. Pasan al otro lado del proscenio y enamoran al público. No habíamos visto nunca tanta ternura sobre las tablas.
Enrique Centeno

domingo, 25 de septiembre de 2011

El perro del hortelano ***

______________________________________________
Autor: Lope de Vega.
Versión de Eduardo Vasco.
Intérptretes: David Bocceta, Joaquín Notario, Eva Rufo,
Pedro Almagro, Alberto Gómez, María Besant,
Luisa Martínez, Isabel Rodes, David Lorente, Diego Toucedo,
Miguel Cubero, David Lázaro, José L. Rodríguez, José Luis
Santos, Alba Fresno (viola de gamba), Saea Ágada (arpa),
Eduardo Aguirre de Cárcer.
Iluminación: Miguel Ángel Camacho.
Vestuario: Lorenzo Caprile.
Escenografía: Carolina González.
Dirección: Eduardo Vasco.
Teatro: Pavón. (CNTC). (21.9.2011)
________________________________________________



Las verdades y las mentiras

Aunque no es frecuente, agradecemos a la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) que esta vez consiga hacer entender los versos y seguir sus historias. De esta conocida comedia de El perro del Hortelano, ha hecho el director Eduardo Vasco un brillante montaje y, como suele suceder, une los tres actos y reduce -cortando numerosos versos de Lope-, con un ritmo vivísimo que consigue la deseada diversión.
    La seductora condesa Diana trampea entre sus tres pretendientes convirtiendo su castillo en una huerta. Lo hace, brillantísimamente, Eva Rufo, actriz ya colocada en otras comedias, y al no noble galán Teodoro, lo interpreta también muy bien David Boceta, en sus dudosas decisiones entre las dos frutas: la presumida y engañosa duquesa, y la dama Marcela; ésta en manos de la estupenda actriz Isabel Rodes -que bien ha elegido el directo-, quien terminará con el casamiento del gentilhombre Fabio –muy bien Pedro Almagro-, mientras el principal y variadísimo criado, metido en líos, Tristán - con el correcto Joaquín Notario, mejor que en anteriores obras clásicas- se unirá “como premio” a la dama Dorotea que lo luce con sabor Luisa Martínez. El secretario y galán, Teodoro, terminará, finalmente, con la deseada Diana.
    Componen el huerto los nobles berzas, duque y marqués, que aparecen grotescamente caracterizados –todo el vestuario, magnífico, lo ha debido disfrutar el diseñador Lorenzo Caprile-, con una opulencia que llega hasta el disfraz. Son burbujeantes estos personajes, que explotan con habilidad José Luis Santos, Davis Lorente, y Miguel Cobero: a este último le toca ese conde que, en sus canciones, imita a un barítono de zarzuela, causando carcajadas en cada aparición.
  Se despide el director de la CNTC con El perro del hortelano –título que montó la compañía en 1996, con la versión de Manuel y Antonio Machado-, junto a este estupendo elenco.
Enrique Centeno


miércoles, 13 de octubre de 2010

El alcalde de Zalamea *

________________________________________________________
Autor: Calderón de la Barca.
Adaptación y dirección: Eduardo Vasco.
Intérpretes: David Lorente, Ernesto Arias, Miguel Cubero, Peoa Pedroche,
Pedro Almagro, Joaquín Notario, Alejandro Saa, David Boceta, Eva Rufo,
Isabel Rodes, José Luis Santos, Alberto Gómez, Jose Juan Rodríguez,
Eduardo Aguirre de Cárcer, Alba Fresno.
Escenografía: Carolina González.
Iluminación: Ángel Camacho.
Selección de vestuario: Lorenzo Caprile.
Teatro: Pavón (CNTC). (6.10.2010)
_________________________________________________________

Pasa de nuevo a la programación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), El alcalde de Zalamea. La ha montado ahora, y adaptado, Eduardo Vasco. “Mirad que echado en el suelo/ mi honor a voces os pido”, son dos de los versos en los que el alcalde, Pedro Crespo, ruega pagar la violación.
    Para este drama, el más conocido de Calderón junto a La vida es sueño, la CNTC invitó a José Luis Alonso (1924-1990), uno de los más grandes directores, que creó un montaje impresionante en 1988 -con la versión de poeta Francisco Brines- en el teatro de La Comedia (su escenario habitual, hasta ser trasladado al modesto e insuficiente Pavón. Se dieron como razones la necesidad de reforma, y no ha vuelto a funcionar, desde hace diez años, ante la lista de inútiles directores del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música hasta el día de hoy). Siguió la fatal puesta en escena de Sergi Belbel en 2001, y que preferimos no recordar.
   A este Alcalde, el excelente actor Joaquín Notario lo ha convertido, o así lo ha mandado el director, en un personaje ingenuo, gracioso, bien lejos de su carácter y disimuladamente rígido, que utilizará para la ironía llegando a oponerse al poder. Muestra aquí un leve instinto de conocimientos e inteligencia, pero, en todo caso, durante gran parte de la obra se une a una especie de fingidor que domina los recursos de la comicidad. Si no fuese por la versificación de Calderón, aparecería en las escenas como un aparente tonto sonriente, chistoso al estilo de un Paco Martínez Soria. Nada que ver con aquel Crespo tan amante como ordenante, soberbio y justiciero. Y junto a ello, sus ironías y respuestas hábiles, como en las escenas con el recién llegado noble y general, don Lope de Figueroa -lo hace el también estupendo actor José Luis Santos, aquí escaso y perdido por el espacio, como casi todos-, en un genial diálogo entre la sonrisa y la exigencia en la que Calderón muestra, como nunca, su encaje de bolillos en diálogos rápidos hasta pronunciar Crespo el tan conocido verso “Al Rey la hacienda y la vida…”
   Todo en una inexistencia escénica, con una cámara negra y un par de pequeños paneles que suben o bajan. La ausencia de elementos impide las acciones, incluso hasta no poder servirse la mesa en el almuerzo ofrecido al noble General, contento solo con un sencillo banco casero. Es el estilo de Vasco, que no pasa más allá de los propios actores. 
    Los destacados intérpretes (casi todo el reparto es ya habitual en diversas obras de la CNTC), obtienen diferentes resultados, dependiendo de las posibilidades en los propios montajes. Al engreído y cínico Capitán, Ernesto Arias le llega a convertir en un débil militar ansioso por poseer a la atractiva hija –Isabel-, tanto que hasta utiliza una cursi flor en la mano y otra en el corazón, hincándose de rodillas para intenta seducirla. Es una de las muchas escenas ridículamente montadas. Con ella se iniciará el drama de esta historia, tras ser raptada, arrastrada, violada y abandonada en los montes. Intentará regresar a la villa entre llantos de dolor, humillación y vergüenza por haber perdido aquel nombrado honor. Ni en esa escena difícil, ni en el encuentro con el padre, tampoco el director consigue el alcance de la fuerza dramática, a pesar de que la actriz, Eva Rufo, ha demostrado ya su talento, como en la dama de Las bizarrías de Belisa, precisamente una comedia de Lope donde el mismo director sí pudo triunfar.
     El personaje de La Chispa –Pepa Pedroche, también veterana-, alegrosa, acompaña al ejército con su vestuario masculino y bélico, cantando, animando a los soldados entre farsas y diversiones. Es divertida, ligera, ocultamente embarazada y muy cerca del soldado gracioso, Rebodello -que clava David Lorente-. De pronto se encara en una actuación provocativa ante los soldados y frente al público, exhibiendo su atractivo envuelto en sus melenas rubias, como una llamativa artista de cabaret.
    La venganza de Crespo condenando al garrote, asido a su vara de Alcalde, fue respetada por el Rey. Así volvió el hijo al alistamiento militar -Juan, que lo hace David Boceta- y enviada Isabel directamente al convento. Así se sintió feliz este padre, que además recibe del monarca el título de Alcalde Permanente. Claro que este Felipe II –Alberto Gómez- escucha y atiende en el centro del escenario, sin tener dónde sentarse o descansar: entró y luego se marchó como un fantasma negro.
Enrique Centeno

jueves, 1 de julio de 2010

Amar después de la muerte **

___________________________________________
Autor: Calderón de la Barca.
Versión: Yolanda Pallín.
Intérpretes: Emilio Buale, Toni Misó, Jodu Dauder, Pepa
Pedroche, Joaquín Notario, Ione Isazábal, Paco Paredes,
César Sánchez, José Luis Santos.
Vestuario: Rosa García Andújar.
Escenografía: José Hernández.
Dirección: Eduardo Vasco.
Teatro: Pavón. CNTC. (26.10.2005).
___________________________________________
El amor fue ya abatido en La Alpujarra después de destruida la rebeldía de los moriscos, muchos años después (1570) de que en Granada, ya vencida, se dictara la señal para expulsar de la Península a los moros. La obra de Calderón, Amar después de la muerte, trata de uno de los hechos contados sobre aquella violenta historia. Como en numerosos escritos, en forma de romances, acerca de la convivencia y el imposible amor entre musulmanes y cristianos; que adquiere hoy una nueva reflexión sobre la creciente presencia de moros inmigrantes. Quedan en las voces poemas de los Romances Fronterizos, fantasías sobre aquellos amores. Se crearon no escasas obras teatrales sobre las luchas, tales como El Príncipe Constante, del mismo Calderón, o el más político El Anticristo, de Ruiz de Alarcón. La obra que hoy se estrena –que también se tituló El Tuzaní de La Alpujarra-, es un romántico drama sobre la venganza del crimen de un amor en el mencionado levantamiento y la destrucción de los moriscos.
    Puede que la Compañía Nacional de Teatro Clásico haya elegido esta representación de Amar después de la muerte, para mostrar el lejano pasado, invitando a estas relaciones de amor y de enfrentamientos. En todo caso, este cuento lo vemos con emoción y ternura. Una fantasía que se aleja y regresa, en modo distinto, con acontecimientos islámicos que nos hacen mirar con desconfianza.
    El montaje cuenta con el reconocido escenógrafo José Hernández y con la diseñadora de vestuario Rosa García, con excelentes apariciones entre el efectismo y el realismo. La versión la ha hecho la excelente dramaturga Yolanda Pallín, a quien ya se le han encargado otros textos clásicos. Hace con sensibilidad los cortes o introducciones de versos, y ha suprimido tanto el principio como el final de la historia que cuenta Calderón.
    El extenso reparto lo forman estupendos actores, aunque tengan pendiente aún su conocimiento y ayuda de los versos, como Joaquín Notario –un Don Álvaro Tuzaní con el que, como siempre, el actor atrapa al público-; dan vida a sus personajes con sabiduría y eficacia los veteranos y conocidos intérpretes, como Montse Díez, Pepa Pedroche, Miguel Cubero, Juan Meseguer, Toni Misó o Rodrigo Arribas. El director, Eduardo Vasco, no quiere utilizar elementos de apoyo a las acciones, lo mismo en el decorado, el mobiliario o el atrezzo; a unos puede gustar y otros pueden echarlo de menos con exigencia.
Enrique Centeno