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lunes, 23 de noviembre de 2009

La hija rebelde ***

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Autores: José Manuel Castanheiro y Valdemar.
Versión escénica: Margarida Fonseca Santosa.
Intérpretes: Alexandre Ovido, Amílcar Azenha, Ana Brandao,

Anabela Teixeira, Bibi Gomes, Célia Alturas, Eurico Lopes,
Jaime Vishal, Joana Brandao, José Enrique Neto, Lidia Franco,
Manuel Coello, Marques d’Arede, Nádia Santos,Raquel Dias,
Rui Quintas, Sérgio Silva.
Escenografía: José Manuel Castanheiro.
Vestuario: Ana Garay.
Dramaturgia y dirección: Helena Pimenta.
Teatro: Teatro de Madrid (24.5.2007).

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Era aquella Portugal, bajo la terrible dictadura de Salazar con la violadora y criminal policía, PIDE, que llegaron a arrojar cadáveres cruzando la frontera con Extremadura; la horrorosa policía española estaba encantada, y no quiso nunca aclarar el origen de los cadáveres.
La escenografía -del bien conocido portugués José Manuel Castanheira- es un montaje en el que unos pilares, rectangulares y altos, ocupan todo el espacio; unos paneles, abiertos o cerrados, permiten diferenciar las acciones, con un juego de rica iluminación. El otro mundo es el de Cuba, al que viaja la titulada hija -de un policía-, siguiendo a su marido, diplomático de Suiza. Su lugar será aquí el monte de la revolución, donde esta mujer, Annie Silva, se unió a los guerrilleros.
José Pedro Castaheiro y Valdemar Cruz son los autores que, en sus investigaciones, pudieron conocer la vida de aquella mujer, que con 30 años se integró en Cuba, y que falleció, en su país, a los 54 años (1990). El libro sobre este personaje ha causado un gran interés en Portugal, y lo ha adaptado al teatro Margarida Monseca Santos. En esta versión, introduce la directora, Helena Pimenta, canciones y bailes que enriquecen el montaje. La encantadora música, tanto portuguesa como cubana, la interpreta un grupo musical estupendo, con sabores de danza en sencillas coreografías. La sorprendente e interesante historia de Silva termina cuando regresa a su país, transformado tras la Revolución de los Claveles (25 de Abril, 1965), justo cuando ella había decidido incorporarse al grupo de Che Guevara.
El original es, como se ha indicado, una investigación periodística acerca de lo que fue aquella mujer, que se separó de su esposo poco después de llegar a Cuba. La novela es, en cierto modo, un homenaje histórico a quien tomó tanto el fusil de la revolución, como el machete para cortar -con aquel esfuerzo la zafra- las cañas del azúcar. Todos los intérpretes de este largo reparto hacen un magnífico trabajo bajo la dirección inteligente de Helena Pimenta.
Enrique Centeno

miércoles, 5 de agosto de 2009

Quixote ***

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Autor: Miguel de Cervantes
En versión muy libre de Pablo Ley y Colin Teevan.
Intérpretes: T. Bell, S.Casey, A. Ctaig, A. Dennis,
R. Donovan, G. Hicks, A. McMahon, C. Mottram,
L. Oower, Ph. Soteriades.
Escenografía: Gedeon Davey.
Dirección: Josep Galindo.
Cia. Mom Produccions y West Yorkshire Play.
Teatro: Madrid (26.10.2007).
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Hay muchas formas de caer en la locura. Nos leen, en el inicio, Quixote, las primeras líneas de Don Quijote de La Mancha, y otras a lo largo de esta función. Se trata de una versión muy libre y, naturalmente reducida en episodios abreviados. Vemos a Don Quijote enloquecido en un tiempo que no pertenece a aquel reciente medioevo y comienzo del renacimiento. Es muy legítimo alimentarse de la novela y llevarla a la escena a su manera, aunque, desde luego, es un disparate afirmar, en el programa de mano, un “juego que propone Cervantes”: no, este no fue un juego.
Este espectáculo es un placer. La búsqueda de un mundo nuevo. La crítica a la realidad es la del soñador manchego, que va pasando aquí en hermosas escenas. Sus episodios van trasladándose de lugar a lugar, y de historias a historias. Un estilo procedente del sistema de collar –aquí viene de perla en la representación-, para cambiar, en los oscuros, de los molinos a la fonda, los presos forzados, la lid o el encuentro con la compañía del teatro andante. Éstos últimos son la tentación de este montaje británico, recordando lo relacionando con su contemporáneo Shakespeare, con su falsa realidad de Una noche de verano. El espectáculo es divertido, burlón en sus quejas e inteligentísima ironía. Una buena idea también.
Enrique Centeno

jueves, 30 de octubre de 2008

Lipsynch ****

Son nueve horas y nueve actos. El público asistió al estreno de Lipsynch, con ciertas dudas para permanecer desde la una de la tarde hasta las diez de la noche. Pero nadie se fue. No por resistencia, sino por sentirse enamorado y seducido. En cada descanso, salían del teatro esperando al siguiente acto aprovechando, simplemente, para tomar, en los alrededores o en las puertas, un pequeño alimento.
El primer acto transcurre en la cabina de un avión, con sus viajeros, en el que fallece una joven en cuyo regazo lleva a su bebé. Un sobrecogimiento en unos, y cierta indiferencia de otros, incluyendo al médico que se limita a comprobar el fallecimiento. Al llegar al aeropuerto, el cadáver es descargado, pero el bebé queda en el desamparo: ha nacido en tierra de nadie, y ninguno de los países asume a ese pequeño. Una mujer, cantante de ópera, lo toma en brazos calmando sus llantos. Es un niño perdido, sin padres y sin destino conocido.
Esta historia es parte de otros hechos diferentes, relacionados en los siguientes acontecimientos de los desaparecidos. La muerte, el rapto, la explotación o exportación a la sociedad centroeuropea de mujeres vendidas para la prostitución. Pasan los niños y las muchachas, desde su origen en Nicaragua –en este caso, país bélico y violento- por Londres y Alemania, de aquí a cualquier otro país. Los intérpretes utilizan el inglés, el alemán, el francés o el castellano. Anda varias veces por el escenario el Lipsynch, onomatopeya de una lengua primitiva que imita el llanto de un niño. Quizá, lo más duro que se aprecia, es la tortura y la presencia entre jaulas sexuales de las adolescentes. El hijo viaja por todas partes intentando averiguar quiénes son o han sido sus padres.
La escenografía la forma Jean Hazle con estructuras metálicas de altos paralelepípedos. En su interior se ocultan diferentes y variados ambientes en los que se desarrollan numerosas escenas. Cada vez van sorprendiendo más estos decorados, un juego en el que parece imposible comprender cómo se consigue. Lo apoya el diseño de la iluminación. Se va transformando desde el interior del avión, a las oficinas, la sala interior, una terraza en Centroamérica, el plató cinematográfico, el andén del metro londinense, una clínica o la jaula escaparate de la obligada prostituta. Hay más decorados, algunos de ellos con proyecciones sobre pantallas. Ya puede entenderse que nos sorprendamos a cada momento. Acciones de humor, de comedia, o en muchas ocasiones dramas hasta la tragedia final.
Todo ello lo dirige el canadiense Robert Lepage, que suele utilizar montajes magníficos, como su La Celestina que presentó en el Teatro Español hace justamente cuatro años. Cuenta con las compañías Ex Machina, de Québec, y Théâtre Sans Frontières, más especializada en estas construcciones. De las cinco representaciones en el Teatro de Madrid, tres días se hacen en su primera, segunda o tercera parte. Quizá para quienes no disponen de tiempo, o tal vez por temor a estas largas nueve horas. Seguro que el público quedará esperando al día siguiente o lamentando no haber visto el espectáculo completo.
Enrique Centeno
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Texto: Varios autores e intérpretes.
Intérpretes: Frédérike Bédard, Rebecca Blankenship, Lise Castonguay.
Escenografía: Jean Hazel.
Iluminación: Étienne Boucher.
Vestuario: Yasmina Giguère.
Dirección: Robert Lepage.
Teatro: Teatro de Madrid (25.10.2008)
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