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viernes, 27 de enero de 2012

Luces de Bohemia *

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Autor: Ramón María del Valle-Inclán.
Intérpretes: Gonzalo de Castro, Enric Benavent, Isabel Ordaz, 
José Angel Egido, Fernando Albizu, Jorge Bosch. Ángel Burgos, 
Jorge Calvo, Javi Coll, Manuela Cordero, Rubén de Eguida, Sergio 
Gómez, Adrián Lamana, Jorge Merino, Nerea Moreno, Luis Prado, 
Miguel Rellán, Marina Salas.
Música: Xavier Alberto.
Escenografía y vestuario: Lluc Castells.
Iluminación: Albert Faura.
Dirección: Lluís Homar.
Teatro: María Guerrero (CDN). (20.1.2012)
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No hemos visto a Max

En este montaje de Luces de Bohemia se ha querido aprovechar la siempre poesía de las acotaciones, lo cual se hace en ocasiones. Aquí se proyectan los textos –letras en  mecanografía, como si así pudieran aparecer los manuscritos-, lo cual agradecemos para imaginar cada escena. Porque éstas no las veremos.
    En la primera, indicó Valle-Inclán –como siempre- el lugar de la acción. Como anunciamos, no aparecerá en ninguna de sus once escenas. Marcaba a Max Estrella, “hombre ciego, es un hiperbólico andaluz”. Arranca  hablando con tristeza, y aquí el actor mantendrá al personaje en tenues voces: tanto, que durante gran parte no lo entendemos con claridad; debemos adivina las cosas que dice. No pasa sólo con él, sino a una buena parte de los personajes, aunque sí agradecemos aquí a su mujer, Madame Collet, que lo hace magníficamente Isabel Ordaz.
A la salida del viaje, irán Max y su imprescindible Don Latino de Hispalis –“mi perro”, le denominará- dirigiéndose  hacia La Cueva de Zaratustra, en el Pretil de los Consejos (Madrid, calle Mayor), para bajar a la cutre tienda  de libros, reclamando su mal pago a unos libros vendidos.  Para descender a esa librería, aquí se utiliza una pasarela –puente- metálica con escalera, también de hierro: tal es este pretil (En la tradicional Noche de Max  -se hace en el atardecer madrileño, coincidiendo con el Día Mundial del Teatro-, la congregación irá recorriendo la noche bohemia,  desde el inicio en el Pretil de los Consejos; aquí sí que lo vemos). Al híbrido y siniestro Zaratustra  lo crea  un estupendo actor, Miguel Ángel Egido, que interpretará otros dos personajes; uno será el sepulturero del cementerio, a donde el ciego llevó a Rubén Darío: a este camposanto bajan también por ese armazón férreo. Es lo que se le ha ocurrido al respetable escenógrafo Castells –catalán- para mostrar aquel mundo madrileño. 
   (En diversos montajes, los espejos de este calidoscopio de Luces se consiguen, y en otros se menosprecian. El primero fue de aquel director imprescindible, José Tamayo; y es obligatorio, en el estreno de hoy, referirse al que hizo en este mismo teatro María Guerrero, Lluís Pasqual, con un explosivo trabajo (26. 10.1984) de gran reparto, con José María Rodero, Carlos Lucena o Manuel Alexandre, por citar algunos de los históricos actores). 
    El directo Lluís Homar –a quien admiramos como extraordinario actor- conduce con muy poco sabor. Diálogos de ritmos muertos, de pausas y silencios entre frases y respuestas, como perdidos o pendientes del apuntador entre respiraciones. Esto no es posible; asombra, como si estuvieran todavía en los primeros ensayos. Max, el sarcástico y ciego vidente, pasa por los infiernos como un inocente, algo extraviado o conformado. Se encarga de este personaje el conocido actor Gonzalo de Castro. La escena entre él y el anarquista es ya un diálogo impresentable.
   
Se descaró Valle-Inclán en su conocida frase: “No he escrito ni escribiré para los cómicos españoles”. Algunos años después se hubiera arrepentido ante nuestros actuales actores.  Y en estas Luces de Bohemia hay un formidable y envidiable elenco de intérpretes –especialmente el de todas ellas, como la perfecta creación de Pisa-Bien que hace Nerea Moreno -sus mejores escena son las de la Taberna de Pica Lagartos- y La Lunares, tierna puta que clava Marina Salas. Y es falso, por ello, echar la culpa a ninguno de ellos.
Enrique Centeno 

domingo, 19 de julio de 2009

Los cuernos de don Friolera ***

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Autor: José María del Valle-Inclán
Intérpretes: Alfonso Delgado, Inma Cuevas, Manuel Millán
Antonio M.M., Pepe Soto, Josema Díez-Pérez,
Rafael Núñez, Luis Arrasa, Nancho Novo, Teté Delgado,
Isabel Ayúcar, Sergio Macías, Gloria Villalba, Diego Pizarro,
Luis Arrasa, Fernando Ruiz, José Maya, Mahue Andújar.
Vestuario: Begoña del Valle-Yturriaga.
Escenografía: Almudena López Villalba.
Dramaturgia y dirección: Ángel Facio.
Teatro: Español. ( 26.2.2008)

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Al vivo Valle-Inclán, lo sitúa este director -Ángel Facio-, antes de la obra, en un palco en el que conversa, republicano y anarquista, con su acompañante. Y a ambos les hace repetir la conocida escena duodécima de Luces de bohemia. Valle, en realidad Max, asegura: ”La tragedia nuestra no es tragedia”. “¡Pues algo será!”, le responde quien es ya Latino de Hispalis. “¡El esperpento!”, definió para siempre el gallego. Al final de la representación de la obra, el duplicado personaje protesta tras bajar el telón, con pateo y quejas sobre el mal teatro español. Nos confirma y hace repetir, precisamente, su nuevo teatro en el que busca su revolucionaria escena. Incluso reconocemos su terrible frase: “Nunca dejaré estrenar mis obras por los malos actores españoles”. En todo caso, queda en este balcón del teatro su histórica creación del esperpento. Esta escena consiste, por tanto, en un prólogo al que sigue el auténtico de la obra del autor.
Facio es un enamorado de Valle, y montó excelentemente, en este mismo teatro Español, hace dos años, Romance de Lobos. Nos cuenta en el programa de mano sus intenciones, numerosas veces, de montar Los cuernos de don Friolera: desde entonces le fue siempre prohibido por la censura, primero en su TEU. Más astuto fue el TNU (Teatro Nacional Universitario), que hizo colarse en aquella época (1965) la puesta en escena de El embrujado (Alberto Castilla). Uno de los lugares de representaciones fue en el Curso de Verano de Santander: a Facio se le prohibió su obra, y El embrujado fue comentada por el catedrático que aconsejó a los estudiantes que no acudieran a la función porque carecía de interés. Pero no llegó, naturalmente, a la prohibición. Este tipo debió ser un personaje que no se incluye en el reparto de Los cuernos…”, pero sí que los tenía.
Facio se ha vengado. Ha querido incluso acercar levemente el drama cómico, la fuerte tragedia de la España sainetista y esperpéntica.
Nos gusta ver la escenografía realista –de Almudena López-Villalba-, de efectos vivos lejos del barato arte de tablas de madera cerrando paredes que nunca sirven para nada. Nos recuerda a nuestro teatro comprometido con el realismo social de nuestros días recientes, como los de Buero Vallejo (La escalera) o Lauro Olmo (La camisa). Este ambiente llena de vida a los personajes en su triste esperpento igualmente realista. Qué hermosura. El militar, cornudo, simplón en su tiranismo de barrio. Cuando Valle escribe la obra, tal sujeto es un carabinero de fusil. En los montajes vistos, suele representarse como soldadito del plomo o de cuento para evitar aquella realidad del acoso con que fueron unidos años después a la Guardia Civil. Pero Facio lo hace directamente con tricornios (los “picos”, que llamaban los gitanos como los de Lorca). Como esa repetida música del pasodoble. Este director es aquí La venganza de don Mendo. Tiene su derecho hoy cuando no tuvo entonces permiso para nada. (En una representación de La resistencia al aire libre en la feria en Cieza (Murcia), al fondo del gran local, tras las últimas sillas, un grupo de guardias civiles rodeaba el aforo. Aquellos, no crea nadie que eran los de don Friolera: aquella provincia sí existe, no como la creación con Valle de San Fernando del Cabo).
Toda la interpretación es magnífica. La inmovilidad del ciego con su Bululú es quizá inadecuada, y serían más ricos sus aleluyas de las historias de ciego. Ellos no lo hacían sin movimiento. En todo caso, insistimos en que el largo reparto es una lección y un gozo. No lo podríamos citar individualmente porque todos lo merecerían. Ni siquiera a ese magistral don Friolera, que hace Rafael Núñez. (Ya me he colado).
Enrique Centeno

miércoles, 15 de julio de 2009

Las galas del difunto *

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Autor: Ramón María del Valle-Inclán
Intérpretes: Maite Colodrón, Fermosel, Francisco Gómez,
Candi Hernández, Felipe Higuera, Pilar Jiménez,
Mª Jesús Luque, Maguy Magán, Jordi Molina,
Mª Teresa Navarro, Irene Rodríguez, Francisco J. Sánchez,
Ana Torres, Manuel Vallano, Ana V. Souto.
Escenografía y Vestuario: Mapy Hernández.
Dirección: Celia León. (Teatro del Común)
Teatro: Círculo de Bellas Artes. (3.10.2007)

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Es muy frecuente no querer perder los hermosos textos de las acotaciones de Valle-Inclán poniéndolos en la voz de un relator o, en este caso, de un mismo personaje. Mejor valdría, en este montaje, que se estudiaran mejor las interpretaciones, en cuyo conjunto, todos ellos son débiles e incorrectos actores. Ignoro qué profesionalidad tiene esta compañía Teatro del Común, que incluso parece ser que ha obtenido premios anteriores. Valle-Inclán ya dijo una vez que nunca permitiría que su teatro fuera hecho con los actores españoles. Seguro que hoy se arrepentiría, desde luego, con la transformación del arte escénico. Ya todo se puede representar –con verdaderos actores-, incluyendo al complicadísimo teatro del mal genio gallego. Incluso con soberbias escenografías. Pero tendrá que reafirmarse al ver este espectáculo. Hay aquí un montón de elementos que buscan el ambiente esperpéntico, lo consiguen en parte, pero los personajes que aparecen son más bien los que proceden de una verbena, con textos que no se comprenden, se hablan mal, se rompen en tonos diferentes, se mueven en un bar de carretera imposible de entrar y sin salida. Una entremezcla de confusiones, alejados de la creación del esperpento.
E.C.