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viernes, 17 de diciembre de 2010

Prometeo **

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Autores: Esquilo/Heiner Müller.
Traducción: Adan Kovacsics.
Dramaturgia de Pablo Ley y Carme Portaceli.
Intérpretes: David Bagés, Lluïsa Castell, Carme Elías,
Gabriela Flores, Pepa López, Albert Pérez.
Escenografía: Paco Azorín.
Vestuario: Antoni Belart.
Iluminación: Maria Domènech.
Música: Dani Nel.Io.
Dirección: Carme Portaceli.
Teatro: Valle-Inclán (CDN). (10.12.2010)
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Siempre le interesaron a Heiner Müller (1929-1995) las versiones o adaptaciones del teatro griego (Ayax, de Sófocles o Medea, de Eurípides), y ésta que ahora vemos corresponde a Prometeo encadenado -título completo, tradicionalmente atribuido a Esquilo-, en la que mantiene casi literalmente el texto original, con algunos ligeros cambios en la distribución de versos. Al mítico Prometeo, el autor germánico lo acerca durante complejas y sufridas rupturas a la RDA.
    Se traslada aquí al  desdichado encadenado que se transforma en una mujer -formidable interpretación de Carme Elias- y no será arrojado a una  escarpada roca donde aquel  águila le desgarraría  sus hígados, cada día renacidos, sino encarcelado en una torre metálica. El dios Zeus surgió desde el caos (“Al confín de la tierra hemos llegado”), y se inicia así la historia con un primer poema trágico, riquísimo, que genialmente recita Gabriela Flores. Prometeo será el único hijo que quiso amar a los humanos entregándoles el tesoro del fuego. Müller lo llevará a las rejas, refiriéndose sin duda a la dictadura comunista antes de la caída del muro de Berlín.
    Aquí tenemos otra vez la creación de Müller, a quien se le considera, y nunca lo entendere- mos, here- dero de su compatrio- ta Brecht. El apasio- nante  tea- tro iniciado en nuestra cultura creó con sus poemas, o se contaron, los dramas de la mitologías. Espectáculos  -deus ex maquina-  que los poderes religiosos contemplaban desde arriba; del coro a los personajes o de la orquesta al foro, las luchas  poéticas arrastraban a la multitud con escenas de escasos diálogos. Müller lo continúa, y ha sido también  imitado por autores alejados de la actual literatura dramática. Estos procedimientos hacen que los personajes actúen en la vertical, frente al teatro de Brecht.
    Hay una fuerte interpretación, exhibiciones escénicas, iluminaciones efectistas. Y lo va conduciendo la admirada directora Carme Portaceli, que aquí más bien se ocupa de la coreografía. Claro que no puede evitar que el público se canse.
Enrique Centeno

miércoles, 22 de julio de 2009

Los persas ***

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Autores: Calixto Bieito y Pau Miró. A partir de Los Persas de Esquilo.
Intérpretes: Natalia Dicenta, Rafa Castejón, David Fernández,
Javier Gamazo, Chus Herrera, Roberto Quintana.
Iluminación: Xavi Clot.
Vestuario: Mercè Paloma.
Escenografía: Alfons Flores.
Dirección: Calixto Bieito.
Teatro: Bellas Artes (15.11.2007)
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Calixto Bieito se basa en la tragedia de Esquilo, Los persas, título que mantiene en su obra y que utiliza para acercarnos a aquella batalla. Quiere hoy mirar y acusar a los ejércitos europeos, concretamente a un escuadrón de soldados españoles junto a su bandera. En el escenario se reproduce la crueldad de brutales luchadores, enloquecidos entre fusiles, carros de combate o bombardeos: el amor para la muerte por la patria. Es el mismo inicio de la obra griega, con Jerges muerto y Darío dirigiendo aquella vencedora batalla. Fue la locura del ejército, que escuchamos en el Coro del poeta Esquilo: “Estos son los fieles, y así se nos llama,/ de la hueste persa que a la tierra helena/ partió en son de guerra”. Bieito transforma a las huestes con los soldados españoles cantando el conocido himno de la Legión. La similitud es tan impresionante que provocó al director haciendo cantar a sus personajes -en total, siete profesionales-: “Soy un hombre a quien la suerte/ hirió con zarpa de fiera/ y soy un novio de la muerte…”. Es sencillo relacionar aquella batalla, el mito, porque fue una victoria obtenida por la pequeña Grecia ante Persia. Ahora son los Estados Unidos y la unión de los países europeos.
Sobre los soldados, en la barricada de hierros destrozados, se escuchan los disparos, las ametralladoras y las bombas ante estos apasionados. Pasan por el cielo aviones militares, y poco cuesta recordar a los 62 españoles caídos en aquel Yak-42, los 17 de un helicóptero en Afganistán, o 6 por una bomba.
En la obra se incluye a una soldado, como la recientemente muerta por una bomba. El montaje es impresionante, tanto en la escenografía, el texto y los actores. Esta magnífica Natalia Dicenta, que canta con fuerza y estremece en sus melodías rotas. Todo el reparto se convierte en bélicos personajes que asustan, desde Rafael Castejón hasta Ignacio Ysasi. Es imprescindible mencionar a todos ellos: David Fernández, Javier Gamazo, Chus Herrera y Roberto Quintana. Sabemos que Bieito es una especie de bruto –muchos de sus montajes son disparatados en la deformación- que aquí no utiliza siempre los versos de Eurípides; pero no se excede, únicamente para llevarle al presente. Aunque mantiene literalmente muy poco la obra de Esquilo.
Un anuncio luminoso, entre banderas españolas, se enciende frecuentemente con el “Alístate, tu futuro está con nosotros”. Los actores, en determinada escena, siembran el patio de butacas de octavillas ilustradas con ese mismo lema del citado anuncio. La obra busca así, y lo consigue, su manifestación antibelicista.
Enrique Centeno