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domingo, 4 de diciembre de 2011

Macbeth ***

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Autor: William Shakespeare.
Versión: Helena Pimenta.
Intérpretes: José Tomé, Pepa Pedroche,
Óscar Sánchez Zafra, Javier Hernández-Simón, Tito Asorey, 
Belén de Santiago, Anabel Maurín.
Escenografía y dirección audiovisuales: José Tomé.
Diseño audiovisual: Emilio Valenzuela y Eduardo Moreno.
Iluminación: Felipe Ramos.
Vestuario: Alejandro Andújar.
Dirección musical: Iñaki Salvador.
Dirección voces: Juan Pablo de Juan.
Interpretación coral: Coro de voces graves de Madrid.
Dirección: Helena Pimenta.
Teatro: El Canal. (1.12.2011)
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Crímenes en tres dimensiones

 Recientemente, cada dos temporadas nos trae Shakespeare a Madrid su Macbeth, siempre con formidables resultados. (Carlos Alfaro, junio 2008, Declan Donnellan, mayo 2010; v. blog). Helena Pimenta, conductora de la compañía Ur, ha dedicado muchos de sus montajes y adaptaciones a los títulos del autor. Empezó con Romeo y Julieta, hace ya quince años -teatro Olimpia-,  y aquí vuelve a ofrecernos su talento.
Fotos de David Ruano
Hoy, con frecuencia se incorpora al teatro el arte audiovisual;  en este montaje no se utiliza como escenografía o apoyo, sino ya como sustitución a la teatralidad. Es aquí una ejecución deslumbrante –lo hacen Emilio Valenzuela y Eduardo Moreno- sobre un simple ciclorama que ocupa todo el fondo.  Como un prólogo, dos monumentales y etéreas manos desde donde van deslizándose las arenas de Tierra, mientras el futuro rey Macbeth permanece bajo ellas y sobre su trono. A lo largo de la representación se enriquecen o sustituyen algunas escenas; veremos igual a Lady Macbeth, a los caballos de la guerra de Escocia –vuelan como los cuatro jinetes del Apocalipsis- o el ejército con columnas de soldados. Se entremezclan el audio con videos grabados, de individuos inquietantes con sombreros de hongo, la duplicación de un coro real al que no encontramos, sino en  transparencias.
  
Toda la plástica parecería firmada por Magritte. Y el verdadero calor, la pasión y el acercamiento lo crean nuestros actores. Nunca habíamos contemplado algo parecido.
Casi desnudo el escenario, ofrecen, desde luego, una rica interpretación –esta vez, sí- bajo el buen hacer de Pimenta. Ha indicado al iluminador –Felipe Ramos, experto- esas presencias mutuas, el expresionismo en dominio del  negro, tendencias que, igualmente, cubren los vestuarios de Alejandro Andújar: la blancura de la iniciadora de los crímenes es la ruptura hermosísima, que interpreta estupendamente Pepa Pedroche.
La directora ha debido temer la competencia entre las tablas y el ciclorama, pero siempre están los actores que, en carne y hueso, serán quienes se enfrentan al patio de butacas haciendo ascender la tragedia. Lo hacen siete intérpretes, a veces duplicados, y aun así eliminados algunos del original. La intimidad y ambición del rey Macbeth lo crea ricamente José Tomé;  igualmente, con talento sentimental y víctimista, lo consigue tiernamente Óscar Sánchez-Zafra. Igualmente brillan Javier Hernández-Simón -Banquo-,Tito Asorey –Ross-, Belén de Santiago,  y Anabel Maurín -Lady-; con cambios y con algunos momentos, como el discurso nazi sobre el futuro poder político. Pimenta ha querido trasladar el engaño, el cinismo, la falsedad, la violencia y el crimen al nazismo. No parece muy original.
La función concluirá con el concierto de la tragedia, con un emocionante Coro de Voces Graves de Madrid -en el escenario y en el patio-. El día del estreno  entusiasmó a todo el público, que aplaudió al final ardientemente.
Enrique Centeno   

lunes, 2 de mayo de 2011

La dama boba **

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Autor: Lope de Vega. Versión de Juan Mayorga.
Intérpretes: Maruchi León, José Luis Santos, Fernando Aguado,
José Luis Gago, Jordi Dauder, Sergio de Frutos, Isabel Ordaz,
Eva Trancón, Gabriel Garbisu, José Segura, Pilar Gómez,
José Luis Patiño, Fernando Sendino, Jorge Basanta.
Iluminación: Miguel Ángel Camacho.
Escenografía: José Tomé, Susana de Uña.
Dirección: Helena Pimenta.
Teatro: La Comedia. (Compañía Nacional de Teatro Clásico)
(16.1.2002)
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Boberías




Se sabe que la mayor parte de la producción de Lope de Vega son bobaditas, enredos que hoy no soportaríamos ni del más ínfimo dramaturgo. Pero cuidado, se sabe también que su filigrana constructiva, y sobre todo su versificación, hacen del Fénix un verdadero genio. Si quitamos los sonetos, las quintillas, las décimas y el ritmo versal asombroso de nuestro autor, queda muy poco. Otra cosa importante: a través de él, como de otros autores del XVII, conocemos costumbres, culturas, o eso que viene en llamarse el imaginario de cada época.
    Pero ya sabemos que cuando a un director se le encarga el montaje de un clásico, lo primero que hace es ver de qué manera da la vuelta a esos valores mayores. En este caso, la directora Helena Pimenta –que tiene mucho talento- ha preferido situar el enredo de Lope en los años treinta. No es que la idea sea en sí misma condenable, pero nos hurta ya estéticas y maneras de los clásicos que necesitamos conocer, porque forman parte, ahora sí, de nuestro imaginario histórico. Creo yo que la superación de esquemas de la protagonista, condenada a su condición femenina de hace tres siglos, tenía entonces muchísimo más mérito y audacia que una contemporánea, por ejemplo, de Federica Montseny. De modo que, así vestidos, así actuando, se pierde el valor precursor del mujeriego Lope. Y, desde luego, no nos es posible entender el valor del autor madrileño cuando escribió aquello.

    En la manipulación –hablamos de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, téngase en cuenta- interviene también el talento del adaptador, que hace mangas y capirotes con el texto, añadiendo versos –cita, por ejemplo al poeta Jorge Guillén- de forma que el espectador ya no sabe dónde empieza Lope, dónde la adaptación, dónde la dirección o dónde el decorado.
    Ah, el decorado. Una especie de paneles de madera que recuerdan a una plaza de toros portátil y que, en un alarde de bricolage, puede servir para un banco, un mostrador, un espacio ambiguo o un interior. No se comprende bien la cobardía de situar toda esta trama en la época indicada –con bellos trajes, con peinados muy documentados- y luego construir un decorado abstracto, completamente inexpresivo.
    Ah, y la expresión: está Maruchi León formidable, tierna, dulce, diciendo sus versos impecablemente –hay que felicitar por ello a todos, porque hacía tiempo que no veíamos un clásico español donde los actores sepan o hayan aprendido a decirlo (felicidades a Vicente Fuentes, que se ha encargado de esta labor). Jordi Dauder, el padre –“el barbas”, se llamaba en el argot clásico-, se come todo en cuanto sale, en tanto que los otros protagonistas, como la laureada Isabel Ordaz o Gabriel Garbisu, no llegan al ridículo por un pelo. El conjunto, en general, responde con la discreción de una compañía de escuela, lo cual no se dice con ánimo de molestar a nadie.
    No hemos visto a Lope; seguimos sin ver a nuestros clásicos en la compañía titular. Seguramente es un signo de modernidad. Seguramente también es la sustracción a los nuevos espectadores de nuestro pasado, de nuestras raíces, de lo que supuso la renovación del teatro español en el Siglo de Oro. No sé si le importará a alguien, y a sí lo deben pensar sus responsables.
Enrique Centeno

lunes, 23 de noviembre de 2009

La hija rebelde ***

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Autores: José Manuel Castanheiro y Valdemar.
Versión escénica: Margarida Fonseca Santosa.
Intérpretes: Alexandre Ovido, Amílcar Azenha, Ana Brandao,

Anabela Teixeira, Bibi Gomes, Célia Alturas, Eurico Lopes,
Jaime Vishal, Joana Brandao, José Enrique Neto, Lidia Franco,
Manuel Coello, Marques d’Arede, Nádia Santos,Raquel Dias,
Rui Quintas, Sérgio Silva.
Escenografía: José Manuel Castanheiro.
Vestuario: Ana Garay.
Dramaturgia y dirección: Helena Pimenta.
Teatro: Teatro de Madrid (24.5.2007).

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Era aquella Portugal, bajo la terrible dictadura de Salazar con la violadora y criminal policía, PIDE, que llegaron a arrojar cadáveres cruzando la frontera con Extremadura; la horrorosa policía española estaba encantada, y no quiso nunca aclarar el origen de los cadáveres.
La escenografía -del bien conocido portugués José Manuel Castanheira- es un montaje en el que unos pilares, rectangulares y altos, ocupan todo el espacio; unos paneles, abiertos o cerrados, permiten diferenciar las acciones, con un juego de rica iluminación. El otro mundo es el de Cuba, al que viaja la titulada hija -de un policía-, siguiendo a su marido, diplomático de Suiza. Su lugar será aquí el monte de la revolución, donde esta mujer, Annie Silva, se unió a los guerrilleros.
José Pedro Castaheiro y Valdemar Cruz son los autores que, en sus investigaciones, pudieron conocer la vida de aquella mujer, que con 30 años se integró en Cuba, y que falleció, en su país, a los 54 años (1990). El libro sobre este personaje ha causado un gran interés en Portugal, y lo ha adaptado al teatro Margarida Monseca Santos. En esta versión, introduce la directora, Helena Pimenta, canciones y bailes que enriquecen el montaje. La encantadora música, tanto portuguesa como cubana, la interpreta un grupo musical estupendo, con sabores de danza en sencillas coreografías. La sorprendente e interesante historia de Silva termina cuando regresa a su país, transformado tras la Revolución de los Claveles (25 de Abril, 1965), justo cuando ella había decidido incorporarse al grupo de Che Guevara.
El original es, como se ha indicado, una investigación periodística acerca de lo que fue aquella mujer, que se separó de su esposo poco después de llegar a Cuba. La novela es, en cierto modo, un homenaje histórico a quien tomó tanto el fusil de la revolución, como el machete para cortar -con aquel esfuerzo la zafra- las cañas del azúcar. Todos los intérpretes de este largo reparto hacen un magnífico trabajo bajo la dirección inteligente de Helena Pimenta.
Enrique Centeno

domingo, 8 de febrero de 2009

La noche de San Juan ***

Hemos visto ya el resultado de la “Compañía Joven” de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), un magnífico elenco de actores. En ellos suenan bien las voces, ya concluida la primera promoción actual, previamente seleccionada en audiciones. Se escucha, junto a estas voces, el conocimiento de la verificación, brillantes y clarificadoras en métricas y ritmos. No suele ser frecuente. Hay que celebrar y felicitar a esta escuela. Son, muchos de ellos, nuevos profesionales sobre las tablas, y el director de la CNTC, Eduardo Vasco, ha debido conocerlos en sus trabajos de prácticas, porque contó ya con ellos en el reparto de su propio montaje de la temporada pasada, La dama boba.
Quien lo dirige, es Helena Pimenta, que se había encargado ya de varios clásicos en la CNTC, entre ellos dos de Lope de Vega. Este es, sin duda, el mejor de sus trabajos, La noche de San Juan. Curiosamente, ella fundó la compañía Ur y, recién iniciada, vino a Madrid, -hace ya quince años-, con El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, este autor que no quiso utilizar el nombre religioso del solsticio, y que, lógicamente, su contemporáneo sacerdote, Lope, prefirió usar el de San Juan Bautista.
Hemos iniciado así este comentario, porque la brillante función es aquí más importante que esta comedia de enredo no tan magnífica como otros títulos del Félix. La juguetona noche mágica transcurre en la capital de Madrid. Fue un encargo del Rey y, naturalmente, en la capital no pudo acudir a los hechos más tradicionales: la noche de amor a las orillas del mar, las escarchas de hierbas al amanecer, los bosques para perderse... Lope, urbano, no tiene las hogueras entre las casas, y sus recursos son las aguas del Manzanares, o los campos de hierba en el Prado de San Isidro. Pero tiene las palabras sueltas sobre la noche y, sobre todo, la construcción jugosa con equívocos, desencuentros y acuerdos entre las parejas, hasta el triunfo de los amores. Se consigue un espectáculo lleno de gracia, de diversión y de belleza del texto. Su versión la ha hecho, como otras veces, Yolanda Pallín, quien con inteligencia, acorta algunas tiradas de versos, para conseguir mejor la carcajada continua. Ha añadido también una canción bailada antes de comenzar, y ha adaptado unos versos con una música de zambra, como la popular “Chunga”, que le sirve lo mismo para el humor que para la romántica poesía.
La noche en este barrio se limita, en la escenografía –de José Tomé-, a un aparato ingenioso, una especie de torre con vigas y suelos de madera, con altura, que gira y donde se agregan diversos elementos enriquecidos para la acción, con una buena iluminación. Se ha conseguido, por todo, un completo éxito.
Enrique Centeno
_________________________________Lope de Vega. (Versión, Yolanda Pallín)
Intérpretes: Eva Rufo, Rebeca Hernano,

David Boceta, Alejandro Saá, Íñigo Rodríquez,
Mónica Buiza, Cristina Bernal, David Lázaro,
Javier Lara. Isabel Rodes, María Benito, Rafael Ortiz,
Jose Juan Rodríquez, Ángel Galá.
Vestuario: África García.
Escenografía: José Tomé.
Dirección: Helena Pimenta.

Teatro: Pavón
(Joven CNTC) (5.2.2009)

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