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domingo, 26 de septiembre de 2010

Una relación pornográfica **

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Autor: Philipe Blasband.

Adaptación de José Ramón Fernández.
Intérpretes: Pastora Vega, Juan Ribó.
Escenografía: Alfonso Barajas.
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo.
Dirección: Manuel González Gil.
Teatro: Lara. (22.9.2010)
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Van recordando estos dos personajes las hojas del calendario, sus pasadas relaciones que una voz grave va preguntándoles y obteniendo sus diferentes versiones; en un lenguaje argentino que nos hace pensar en cierta burla hacia el habitual psicólogo. Cada uno en un extremo, explica aquella historia de Relación pornográfica –la película original se tituló en castellano con el adjetivo “privada”- iniciada a través de una propuesta femenina por medio de Internet.
   Ellos no quisieron conocer sus vidas, y ni siquiera sus propios nombres. Él había acudido aquel jueves, por curiosidad, a esa cita a ciegas; ella por el deseo sexual, o por la aventura de los atardeceres, como la Belle de jour que inventó Buñuel. Del café al hotel y de la cama a la calle, marchando cada uno por su sitio. Y aparecen de nuevo –será repetido varias veces- sentados en sus butacas, alejados, donde contestarán a las preguntas del oculto psicólogo, contando que repitieron sus exactas citas de cada jueves, durante unos meses en los que mantuvieron sus pudorosos contactos. Lo que ocurriría al final, quiere el público saberlo, como espías o cotillas con un sutil humor llegando hasta las carcajadas. Y resulta que no hay pornografía, y no les es posible convertirse en un voyeurs.
    Hacen un trabajo magnífico tanto Pastora Vega como Juan Ribó. Esa mujer –la protagonista- le mira como desde un mirador, le examina, le sonríe, le observa como a un gustoso retrato; se enfrenta descaradamente hacia el patio de butacas. El personaje de Ribó balbuceó en su primera escena del encuentro, y entre recuerdos andaba su cabeza entendiendo lo que sucedió; serio, volador aún sin conseguirlo, mirándose a sí mismo o a un lejano misterio. Sus textos rompen y dan vida al diálogo: él escéptico, y ella una buena narradora. El dúo brilla con eficacia, tanto en los monólogos como en las acciones.
    El acertado ritmo lo consigue el director, Manuel Gómez Gil, ante un decorado sencillo, llamativo, en el que Alfonso Barajas hace ver, en el fondo, una especie de fotogramas fijos del paisaje urbanístico en blanco y negro, como alejado y frío frente al aislamiento de la pareja. El excelente iluminador, Juan Gómez-Cornejo, ha querido situar los proyectores tenues y cenitales, con contraluces y sombras, que no permiten apreciar suficientemente los gestos de los personajes, especialmente del actor. O lo he visto yo mal.
No se trata de un texto maravilloso, pero con el suficiente talento para una excelente comedia que obtendrá su éxito, como ocurrió la noche del estreno.
Enrique Centeno

sábado, 18 de septiembre de 2010

El Evangelio de San Juan **

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Autor, intérprete y dirección de Rafael Álvarez, "El Brujo".
Música: Javier Alejano (viola), Juan de Pura (voz), Kevin
Robb (saxo), Daniel Suárez "Sena" (percusión).
Iluminación: Miguel Ángel Camacho.
Teatro: María Guerrero (CDN). (16.9.2010)
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Bajo la tenue lámpara, sobre una mesa, examina, lee y corrige, con pluma de tinta, líneas nuevas sobre los tachados textos de los papiros. Son largos minutos en los que puede ser él mismo un astrólogo, brujo, o investigador que añade e interpreta las escrituras. Se incorpora después y da unos pasos con reflexiones, sentado en un pequeño taburete, acerca del pasado Dios, Él, a quien nadie conoce, no ha visto ni lo ha escuchado. Habla con una voz sonora –utiliza un micrófono, algo extraño en un teatro como el María Guerrero- sobre el misterio de la creación del Mundo, partiendo desde un Génesis en que San Juan repitió que en el Principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios. Joder. Va entonces cambiando el sentido mitológico, y mira hacia el público rompiendo el escenario y manifestándose ya como El Brujo, juglar, contador de historias entre verdades y mentiras, de gestos e ironías jocosas.
    La leyenda de los evangelios sirve a nuestro actor para explicar los testimonios de San Juan, y cada vez va asombrándose más, entre burlas. Entre paseos del Enviado, junto a los peregrinos captados, nombrará a los doce santos apóstoles. El Brujo va retratando a estos personajes, siempre sobre las lecturas, y ya todos en equipo, acompañarán al Hijo de Dios.
    Nos relata los episodios del Evangelio de San Juan, desde su aparición hasta su crucifixión, muerte, resurrección; lo inverosímil contado pero que tampoco vieron otros. El Brujo nos lo cuenta también a su manera, reconociendo que ya han pasado veinte siglos. La exageración, la fantasía, la invención con toda clase de detalles, como los milagros de los enfermos –Levántate y anda-, la fiesta de Canaá donde transformó el agua en vino (no contó aquí que también lo hizo entre el vino y su sangre), o multiplicando el pan y los peces para alimentar a cinco mil fieles.
    Anécdotas llamativas y disparatadas. Añade el actor que, verdaderamente, afirma que los mitos se crearon en el teatro, citando a Sófocles, Eurípides y Aristófanes –a quien puede que esté cercano El Brujo- sucedidos en esta obra teatral, como fue el de Jesús. Podría durar este espectáculo cinco o seis días, pero el resistente artista lo concluye en dos horas y cuarto, que sin embargo deberían reducirse. Su público no cesó de reír, al menos durante la primera hora.
Enrique Centeno

Todos eran mis hijos ****

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Autor: Arthur Miller.
Intérpretes: Carlos Hipólito, Gloria Muñoz,
Fran Perea, Manuela Velasco, Jorge Bosch,
Nicolás Vega, María Isasi,
Alberto Castrillo-Gerrer, Ainhoa Santamaría.
Escenografía: Elisa Sanz.
Iluminación: Juan Gómez Cornejo.
Adaptación y dirección: Claudio Tolcachir.
Teatro: Español. (9.9.2010)
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Revolotea por la casa de la familia Keller ese hijo perdido, muerto durante la guerra; Larry, piloto cuyo avión se estrelló inesperadamente, como otros muchos -Todos eran mis hijos-. La causa se debió a un defecto de los motores de la empresa del padre, Joe, que prefiere no mantener en la mente la muerte de su hijo. Y asegura que el responsable fue el encargado de los montajes, conociendo Joe su gravísimo fallo. El montador, acusado, permanece años en la cárcel. La esposa, Kate, anda como un fantasma esperando la vuelta de su hijo. Inteligente, sensible y deprimida. Este personaje es apasionante, y el público va averiguando qué es lo que le sucede a esta Kate. El hijo menor, Chris, se encuentra en la difícil situación entre su madre y la posible salvación de Joe: su amor con la joven Ann, la que fue novia del hermano desaparecido. Con la aparición del hijo del supuesto culpable –asesino, se menciona- de la tragedia de aquellos soldados, empieza el espectador a adivinar el dramático final.
    Y volvemos a ver a Arthur Miller (1915-2005) mostrando el engañoso sueño americano, hundiendo el mito de la felicidad familiar, aquí con el bienestar conseguido con el negocio militar. El director del teatro Español, Mario Gas, ha deseado recuperar algunos de los títulos históricos del teatro social del dramaturgo. Han ido pasando por este escenario Las Brujas de Salem (2007, dirigida por Alberto González Vergel), Muerte de un viajante (2009, dirigida por Gas), y ahora Todos eran mis hijos, montada por Claudio Tolcachir. (Sobre aquella función es imposible no citar la que dirigió Ángel García Moreno*).
    En este césped del jardín, ante un oculto bosque de quietud y tranquilidad, el padre y su hijo conversan risueñamente. Hay cerca de ellos un tronco caído y quebrado, ya sin salvación; tal vez una tormenta nocturna que no habían escuchado. Se refieren también a la madre, sus preocupaciones y aparentes ausencias mentales. Queremos saber qué ocurre allí.
La escenógrafa Elisa Sanz ha situado en un lateral el inicio de la casa que se pierde entre cajas. Y por la puerta, en el porche, aparece la esperada madre, Kate. La fantástica actriz Gloria Muñoz, convertirá el verdadero imán de las acciones. Su creación está llena de sabiduría, de convencimiento, una personalidad rica en movimientos, pausas y gestos, cuyas voces nos acoge. Aparentemente despistada, enseguida veremos brújula del drama. Una interpretación impresionante.
    Ha dirigido a toda la compañía el director argentino Claudio Tolcachir –también adaptador, abreviando los tres actos-, aprovechando el excelente reparto. Carlos Hipólito hace un trabajo riquísimo, puede que en este personaje del padre sea donde mejor demuestra su talento; desde su bondad al cinismo, en el engaño y su oculta ambición en la gloria de su familia. Desde la seducción familiar; arrastra el escenario en el definitivo mutis de su vida. En principio, no parece demasiado adecuado el actor Fran Perea como el joven hijo, Chris Keller, por su robustez, pero es capaz de interpretar al inocente personaje esforzándose y consiguiendo crear estupendamente, a veces brillantísimo. La jovencita, enamorada nuevamente –Ann-, lo hace bien, brillante y con el encanto exigido. El abogado –George Deber-, hijo del encarcelado inocente, arrastra la ruptura de las mentiras en las escenas violentas, en manos del estupendo actor Jorge Bosch. Nadie baja un minuto su perfección, desde Nicolás Vega a María Isasi, a Alberto Castrillo-Ferrer y a Ainoa Santamaría.
La noche del estreno, el público en pie -algo ya muy poco común-, entusiasmado, obligó entre aplausos y bravos a salir a saludar numerosas veces.
Enrique Centeno

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* ¿Puede alguien conocer dónde está o qué hace este luchador y director, desaparecido tras su dirección y su lucha por el teatro Fígaro , de Madrid? Tras 25 años en él… 

domingo, 12 de septiembre de 2010

El proyecto Youkali ***

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Autor y dirección: Miguel del Arco.
Intérpretes: Juárez, Donat Mbuyi, Genoveva Caro,
Sonia Ofelia Santos, Pedro Forero, Cristóbal Suárez,
Mar Fernández-Sousa, Kati Dada, Ángel Ruiz, Wenceslao Scyzoryk,
Álberto Sánchez, Sonia Fernández-Sousa, Alfonso Gálvez,
Paqui Horcajo.
Iluminación: Juanjo Llorens.
Vídeo escena: Álvaro Luna.
Dirección musical: Arnau Vilà.
Teatro: El Matadero. (7.9.2010)
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Se hizo El proyecto Youkali hace unos meses (Junio, 2010) con motivo del Día Mundial de los Refugiados, que quiso mostrar con esta función la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (ONG), desde la angustia por la persecuciones, las torturas y encarcelamientos políticos o ideológicos.  Al llegar a España, relatan la historia de cuatro refugiados – una juez, una doctora, una cantante y un fotógrafo-, en monólogos de sus propias experiencias.
    Los textos los ha escrito el propio director de la compañía Kamikaze, Miguel del Arco. Son creaciones dramáticas, historias que buscan el drama bajo la teatralidad, consiguiendo la emoción; es este el procedimiento para la piedad, y no hay, por tanto, acontecimientos ni movimientos sociales, sino el testimonio. Lo que más interesa es el lugar donde se representan estas escenas: un plató de televisión cuyo canal intenta ganar público con la dirección de un oportunista periodista. Lo que más nos acerca es la verdadera explotación al inocente telespectador, con ese llamado “Reportaje” que se empeña en el efectismo y el remontaje sobre datos y personajes; actores, insistimos. Es el mercado de las tragedias donde los refugiados sirven para conseguir la más alta cuota de audiencia; no faltan cortes de publicidad ni montajes de las grabaciones previas: son esos presentadores y presentadoras que ya conocemos perfectamente en nuestros canales privados. En el teatro se juega entre carcajadas e indignación. Quienes van con las cámaras y quienes montan los efectos son anónimos, invisibles en la pantalla –en la representación sí se les ve dentro del plató- como si no estuviera nadie en las mentiras. El periodista, en esta función, es un excelente actor, y su personaje termina por reconocer y arrepentirse –esto sí que resulta imposible en los profesionales- confesándolo, en un supuesto canal pirata.
    Otro aspecto interesante es la propia acusación al Gobierno –este montaje lo realiza la citada ONG- que huye de la realidad y de la ayuda; los propios exiliados, llegados a España con esperanza, encontrarán su frustración y la ausencia oficial tanto de ayuda e incluso en su legalización.
    Permite emocionar, testimoniar y dar cuenta de los sufrimientos. Para que no falte de nada, la última canción –impresionante su interpretación- pertenece a Kurt Weill, que tituló con el inventado país de Youkali –lo ha dado a conocer sobre todo la cantante Ute Lemper-, incorporado al Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, otro fantasma de Brecht, que precisamente vimos hace dos años en este mismo teatro El Matadero. Escucharemos la música con su poema proyectado, “Dejándonos jirones,/ soñando por soñar...”. El público casi llega a llorar por ese “Youkali es el país que alguien sueña”.
Enrique Centeno

La controversia de Valladolid ***

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Autor: Jean-Claude Carrièr.
 (Traducción de Simón Morales).
Intérpretes: Ferran Rañé, Manuel Carlos Lillo, Enric Benavent,
Carles Arquimbau, Quim Lecina, Piero Steiner, Raúl Cáceres,
Abril Hernández, Aliou Danfa.
Escenografía y dirección: Carles Alfaro.
Teatro: La Abadía. (23.2.2006)
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Fue a los 18 años cuando hizo su primer viaje a América -Las Indias- el fraile dominico Bartolomé de las Casas, incorporándose a los ejércitos de los conquistadores, e incluso obteniendo algunos beneficios. No tardó mucho este predicador en contemplar y rechazar la crueldad y las matanzas de los indígenas. Y comenzó entonces su empeño religioso -1514- para intentar frenar el belicismo con el apoyo que solicitó, en sus viajes a España, a los dos sucesivos reyes, informándoles del tratamiento sufrido por los indios. Lo único que pudo conseguir fue su acercamiento y el afecto de los indígenas. Quiso entonces Las Casas contar en sus libros, con datos e ilustraciones, lo que estaba ocurriendo en las tierras invadidas.
    ¿Exageró o inventó en sus relatos los crímenes cristianos? El escándalo trajo consigo reacciones en toda Europa y la acusación de la Iglesia Romana. Se bautizó como una “Leyenda Negra”, y aquí, desde el Vaticano hasta Valladolid, se encargó Ginés de Sepúlveda de la acusación, defendiendo la evangelización junto a los conquistadores.
    Los textos, formidablemente redactados por Jean-Claude Carrièr, explican las discusiones y desprecios al Predicador, y logra una tensión filosófica y teológica con la que el espectador tiene la sensación –con una gran interpretación- de asistir al propio “juicio”. El argumento nos recuerda también a la condena de Galileo por la misma Iglesia. Lo que no nos impide sentir una cierta ausencia de riqueza teatral.
    Nuestro dramaturgo –y ensayista, uno de los fundadores del Teatro Social-, José Mª Quinto, fallecido hace un año (1925-2005), publicó su obra Controversia Las Casas/Sepúlveda con personajes que, además de sus frases y hechos en aquellos enfrentamientos, se convierten también en personajes vivos, ese estilo de su teatro que busca la pasión y crítica de nuestros días. (Estamos, por tanto, ante la ausencia continua de los autores españoles, cuyas obras no son ni cuidadas ni queridas). El autor francés llega al Teatro de La Abadía con un montaje inteligente -como siempre-, del director valenciano Carles Alfaro.
    La función transcurre durante casi dos horas, sin pausa, sobre un entablado que, lentamente, va girando para elegir las destacadas intervenciones. El reparto es formidable, asombrosos todos ellos, en sus textos, gestos y voces: una exhibición que muchos directores no saben conseguir con los actores. Es normal, como siempre, en Alfaro, como también sus propias escenografías.
Enrique Centeno

domingo, 5 de septiembre de 2010

La calumnia **

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Autora: Lillian Hellman
Versión de Méndez-Leite.
Intérpretes: Fiorella Faltoyano, Cristina Higueras,
Teresa Cortés, Carolina La-pausa, César Díaz,
Amparo Alcoba, María de Puy.
Escenogfrafía y vestuario: Javier Artiñano.
Dirección: Fernando Méndez-Leite.
Teatro: Albéniz. (10.1.2006)
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La obra teatral de 1934 (Lillian Hellman, estadounidense, 1905-1980) fue trasladada después al cine con el reparto de grandes monstruos del viejo Hollywood, con su título original La hora de los niños. Y causó el éxito y algunos escándalos en aquella sociedad norteamericana en la que la autora fue continuamente defensora de la libertad y los derechos de la mujer. Todo ello por la sombra de la falsedad de dos niñas y sus mentiras ante la pareja lesbiana. Una cuestión quizá asombrosa y especialmente oculta. Hoy ya, un tema que ni siquiera podría alcanzar o impresionar ni a la calumnia ni a al lesbianismo; para nuestro público debe resultar más curioso que interesante. Su montaje, su escenografía, su estilo y el resto de este teatro es algo ya fallecido, aunque se le respete el obituario.
    La interpretación de todo el reparto es impecable, con Faltoyano, Cristina Higueras, la veterana Puy, y sorprendente la de las dos muchachitas, Teresa Cortés y Carolina Lapausa. Mentiras y cinismo en La Calumnia en un trabajo excelente -con el director, Méndez-Leite, en su primera vez que se atreve con el teatro- que constituyen lo más llamativo de esta excesivamente prolongada obra.
    Otros elementos poco valiosos son este decorado vulgar junto con la escasa dirección que se limita, como un guardia urbano, a llevar la acción por aquí o por allá, quizá también como aquel viejo teatro que en muchos lugares se mantenía. En los semáforos, nadie choca entre sí, arrancan y frenan en sus obligaciones. El motor interior de cada uno, lo engrasan las actrices como puede cada cual. Incluso en la última escena dramática no pueden evitar el atasco.
Enrique Centeno

Homenaje a los muertos ***

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Autor: Eusebio Colonge.
Intérpretes: Gaspar Campuzano, Enrique Bustos,
Francisco Sánchez, Fernando Hernández,
Ana López, María Duarte, Ana Oliva.
Espacio escénico y dirección: Paco de la Zaranda.
Compañía La Zaranda.
Teatro Español. (8.9.2005)
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Como en su trilogía compulsiva (que iniciaron con aquel Vinagre de Jerez, en 1989), la compañía La Zaranda Inestable de Andalucía Baja, trae de nuevo, en su personal creación, este llanto que siempre le rodea y que nos hace mirar. Quizá nos piden que Perdonen la tristeza (1992), porque nos enseñan la Obra póstuma (1995), y según cada paisaje, miran Cuando la vida eterna se acaba (1997), se cruza por La puerta estrecha (2000) donde Ni sombra de lo que fuimos (2002) nos encontramos allá. Lo que nos sucede en los montajes de esta compañía es este orden, gracias al singular escritor, Gaspar Campuzano, y la puesta en escena del actor Francisco Sánchez –que conocemos como “Paco, el de la Zaranda”-, y que me perdonen por haber utilizado aquí, en cursiva, sus títulos que hemos ido viendo.
    El estilo y la versión de esta compañía es siempre buscada en ajenos de quien recordamos algunas ideas, con imágenes personales, no necesariamente comparables con el polaco Kantor o con La Cuadra, de Salvador Távora. Obligación de aceptar influencias o similitudes de cualquier parte, siempre para demostrar sus conocimientos. Pero en este Homenaje a los malditos, se trata un nuevo tema: el final y los recuerdos amargos que siempre suelen existir entre los grande escritores que, frecuentemente, se fueron del mundo en la miseria, olvidados y después aprovechados por los oportunistas. Son así, sin citar directamente a los homenajeados por quienes fueron miserables, los perdidos como Valle-Inclan, Pío Baroja, Bécquer o tantos otros.
    Y se utiliza el voltaje habitual, siempre en su lenguaje andaluz, ahora fuera del mundo rural, para pasar a este café tabernero de reuniones y charlas, vestidos en sus trajes polvorientos en la sociedad de los espejos deformantes que cantó Valle o convertidos todos en guiñapos: los muertos abandonados en sus textos y en sus músicas de la Semana Santa. Quizá algún espectador reconoce en su interior que admitió ese homenaje de miserias, en lugar de no removerlas. Otros gozarán porque aquí se acusa y se recuerda tantas cosas perdidas.
    La Zaranda, como es habitual, enseña su alto nivel.
Enrique Centeno

sábado, 4 de septiembre de 2010

Hielo y fuego **

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Autora: Bryony Lavery.
Versión teatral: Tomás Gayo Bautista.
Intérpretes: Carmen Conesa, Magüi Mira, Tomás Gayo.
Ciclorama y ambiente: Roguz.
Dirección: Nieves Gámez.
Teatro: Centro Cultural de la Villa. (18.1.2006)
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Como en nuestras tragedias del teatro griego –tantas veces imitado o adaptado-, en esta obra se trata un drama cruel de nuestros días. Son pocos autores los que se introducen en temas tan arriesgados, en ocasiones contemporáneos. (Firmas maestras desde Büchner, con el soldado Woyzeck, hasta el vivo Koltès en el Zucco). Este Hielo y fuego, (Frozen en el original), hace estremecer al espectador con la violación y el asesinato de una niña desaparecida. Aquella víctima de un hecho real, hizo escribir su novela a la autora Bryony Kavery (Inglaterra, 1947), tras su hallazgo, diez años después, tras la larga y amarga espera de la madre. La obra marca el tiempo desde el primer día hasta la aparición del cadáver.
    En la acción intervienen tres personajes: la madre, la doctora psicóloga, y el culpable. En la adaptación teatral -de Tomás Gayo-, abunda especialmente el procedimiento de sucesivos monólogos. En ellos escucharemos la angustia, el ánimo y después la cólera del personaje Nancy, la madre, desde la ausencia de la niña, hasta el conocimiento de su final.
    Tiempo que pasa, personajes que van transformándose desde la esperanza hasta la amarga caída y la indignación. Con su creación, la actriz Magüi Mira no cesa un momento para conseguir que los espectadores sientan continuamente el llanto. Por eso, ante el correcto trabajo de Carmen Conesa y de Tomás Gayo, no existe posibilidad alguna de comprender, perdonar o impedir el rencor. Aquella niña vivió durante esa década encerrada en una habitación, violada hasta encontrarse sus restos, admitiendo el acusado aquella crueldad.
    Un texto poéticamente trágico con una excesiva duración de casi dos horas. Con una escenografía de volúmenes pobre, poco útiles, en la que la directora lleva el montaje como puede, con textos agotados y aislados. Se hace ver la existencia de tales brutalidades en nuestra actualidad. Es un relato que emplea un expresionismo quizá de excesivo lenguaje.
Enrique Centeno

Flor de Otoño ***

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Autor: José Mª Rodríguez Méndez.
Versión de Mª José García.
Intérpretes: Ana Frau, Trinidad Iglesias, Fele Martínez, Jeannine
Maestre, Carnen Belloch, Juan Calot, Ángel Morós, Vicente Díez,
Cesáreo, Estébanez, Paco Maestre, Sergio Castelar, Pedro Almagro y otros.
Escenografía: Cecilia Hernández, Natalia de la Torre.
Vestuario: Rafael Garrigós.
Iluminación: Mario Gas, Paco Ariza.
Dirección: Ignacio García.
Teatro: María Guerrero (CDN). (22.9.2005)
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Es en su último otoño cuando podemos ver una de las formidables obras de José María Rodríguez Méndez, autor esperado en los teatros desde el inicio del movimiento realista. Lo vemos escasamente y con la memoria de Los inocentes de la Moncloa, aquel drama (1961) que sería asombroso de reponer en nuestro ambiente –se montaba por los teatros universitarios-; o el espectáculo de Bodas que fueron famosas de Pingajo y la Fandanga, ya estrenado en 1978 por el Centro Dramático Nacional y dirigida por José Luis Gómez.
    Rodríguez Méndez (1925) [2009] examina continuamente la situación de nuestro teatro y la crítica cultural. Su primer ensayo fue explosivo hace ya años en la edición de La cultura teatral en España (Laia, 1974), en la que nadie se salvó. Hace menos tiempo, en un artículo, Amar a la escena –una sincera calificación- escribió: “Cuando la sociedad está desarraigada de la historia y de la cultura propia del país no puede esperarse ni amor ni respeto por esa cultura. Y eso es lo que está pasando. Aquí no se ama lo propio porque no gusta y se está mimetizando torpemente –porque mimetizar con talento  es algo estimable, al menos- lo que nos viene de fuera o lo que simplemente está de moda. De ahí la beatería cultural por autores” (Diario 16, 1992). Son recuerdos y citas ante esta función de Flor de Otoño, tras un largo silencio hacia nuestro autor, a pesar de que dos años después del texto citado se le concedió -1994- el Premio Nacional de Literatura Dramática.
    En este Flor de Otoño aparece la alta burguesía, el fascismo y la policía, en la ciudad de Barcelona, una más que favoreció la sublevación militar para la Guerra Civil. Aquel personaje, Lluiset, une en su propio triángulo la abogacía, el travestismo nocturno y el anarquismo. Detenido, es torturado y finalmente ejecutado en esta tragedia, en la que Rodríguez Méndez utiliza eficazmente el sentido irónico y jocoso. Se puso en escena hace dos décadas, en Valencia, al parecer con escasa calidad. Se había hecho también en el cine –Un hombre llamado “Flor de Oroño”, de Pedro Olea- con gran éxito. Y ahora se recupera en el Centro Dramático Nacional, en el teatro María Guerrero, con la versión de Mª José García. Un montaje con riqueza escenográfíca, donde los personajes aparecen pobremente dirigidos, y una frialdad dramática en el entremezclado protagonista desvanecido. Hay momentos en los que consiguen los actores cierta tensión, pero entre proyecciones cinematográficas que entibian las escenas. Quizá, excepto en la última escena, donde la Madre, gracias a la actriz Jeannine Maestre, logra el gran momento en el que comprender y aceptar las dedicaciones de aquel fusilado.
Enrique Centeno

viernes, 27 de agosto de 2010

Flechas del ángel del olvido *

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Autor y director: José Sanchis Sinisterra.
Intérpretes: Marta Domingo, Fernán Audí,
Marc García Coté, Velilla Valbuena,
Marta Poveda, Concha Millan.
Escenografía: Quim Roy.
Teatro La Abadía. (17.11.2005)
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Es un supuesto hospital clínico. El decorado consiste en una especie de cortinas con plásticos lechosos que envuelven la escena. Y en el espacio central, junto a una empleada, se encuentra un personaje cuyo aspecto propone mostrar su amnesia. Se utiliza una especie de banco o descalzador cuyo tapizado se oculta con los mismos plásticos, lo que parece aquel episodio de la Odisea en el espacio: lo desconocido, alejado o inútil, con un futuro imposible de ser comprendido por los jóvenes personajes. Y por aquella clínica van pasando otros sujetos que van asegurando, cada uno, el presente y el pasado que corresponde a sus relaciones. Uno, fardando de su seducción en el noviazgo; otro, con noticias comunes junto a la madre impresentable; y así, sucesivamente, la hermana del supuesto enfermo -mejor fuera del mundo al que no quiere escuchar-, o la joven lesbiana llena de amor. Lo que se obtiene es el conjunto de una sociedad o generación tan disparatada, vacía, estúpida o aprovechadora, que todos deseamos a veces ni siquiera oírlo.
    José Sanchis Sinisterra dirige su obra, con recursos típicos, al grupo poco más que discreto, en sus monólogos largos con citas de Erasmo, unas veces el humanista, o en muchos otros momentos que debió imaginar en sus soledades. Dos horas largas para quien suele conocer el ritmo y temas teatrales, no siempre con creaciones dramáticas.
Enrique Centeno

Exilios **

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Autores: Guillermo Heras, Juan Mayorga, Torres Molina,
Luis Mario Moncada, Luis Miguel G. Cruz, José Ramón
Fernández, Raúl Hernández Garrido, Inmaculada Alvear,
Ángel Solo.
Intérpretes: Amaranta Osorio, Cecilia Pérez Pradal, Gerardo
Quintana, Mariano Rochman, Ángel Solo, Maite Reitiño.
Dirección: Guillermo Heras.
Teatro: Sala Cuarta Pared. (1.7.2005)
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Este montaje se estrena justamente en el momento en el que docenas de marroquíes intentaron pasar a España saltando los muros de la frontera. En los encuentros con el servicio de la Guardia Civil, entre carreras e intentos, uno de los pretendidos resultó muerto en el alambrado. Se trata de un buscado exilio para lograr huir de la pobreza y el hambre, también con procedentes de África Central, inmigrantes prohibidos cada vez más numerosos.
    La obra de Exilios se compone de diversas escenas distribuidas entre diferentes autores, que han sido unidas –probablemente por encargo- por el director, Guillermo Heras. Cuenta con autores ya conocidos, desde Juan Mayorga a José Ramón Fernández, Luis Miguel G. Cruz, Raúl Hernández Garrido, Inmaculada Alvear, Ángel Soto, el propio director Guillermo Heras, y con los nuevos –para nosotros- Torres Molina y Luis Mario Moncada. Iremos asistiendo a las diferentes expatriaciones continuas en nuestra historia. Desde el sueño buscado, a la persecución religiosa o política, con los enfrentamientos y hasta las propias guerras internas. Los estupendos textos se dedican a la represión y los levantamientos militares, todo ello entre África, Chile, Argentina y, naturalmente, la propia España.
    Son hechos conocidos y sufridos, pero esta función de Exilios apenas añade en sus textos –con hermosa poética- la suficiente fuerza dramática. No se resiste a los tópicos –realidades- de los atacadores falangistas en aquella triste España de la Guerra Civil. Con correcta e incluso excelente interpretación –no es posible referirnos con precisión, al no indicarse los correspondientes nombres de los actores sobre sus personajes-, que dirige, con su conocida sabiduría, Guillermo Heras.
    La creación la monta el Teatro del Astillero, una formación que va marcando, poco a poco, un camino ambicioso en textos y puestas en escena. A pesar del éxito, no creemos que se haya conseguido el alto nivel de esta compañía en otros estrenos.
Enrique Centeno

lunes, 2 de agosto de 2010

En un lugar de Manhattan **

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Dramaturgia y dirección: Albert Boadella
Intérpretes: Xavier Boada, Xavi Sais, Dolors Tuneu, Jesúa Agelet,
Minnie Marx, Francesc Pérez, Pilar Sáenz, Ramón Fontserè, Pep Vila.
(Els Joglars)
Escenografía: Anna Alcubierre.
Vestuario: Dolors Caminal.
Iluminación: Cesc Barrachina.
Teatro: Albéniz. (17.11.2005)
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Quijote en sus versiones teatrales. Representadas en la calle, en salas alternativas, comerciales o en teatros oficiales: con humor, musical o de pretendidas visiones cervantinas, ofreciendo espectáculos todos ellos frustrados. (Se recuerda aquel formidable e inolvidable montaje en 1992, bajo la versión de Rafael Azcona y la dirección de Maurizio Scaparro, con Flotats y Echanove). Varios se han titulado simplemente Quijote, y otros como El Quijote para tontos, La razón blindada, Sanchica Princesa de Barataria, o El hombre de La Mancha. Este cuarto centenario se ha aprovechado –eso está bien- para obtener mejores subvenciones. La de hoy, En un lugar de Manhattan, se suma a esta serie, al parecer por un encargo y petición de la Presidenta de la Comunidad de Madrid (PP), doña Esperanza Aguirre, lo que aceptó Albert Boadella, con Els Joglars, para estrenar en el teatro Albéniz, en manos de la Comunidad.
    De alguna forma, el responsable de la dramaturgia y dirección hace viajar a don Alonso Quijano por Manhattan, como la misma idea de hacer volar a King Kong por Nueva York. Allí están los formidables actores de Els Joglars mezclando sus viejos y primeros conocimientos del mimo. Media docena de sus situaciones comienzan con el libro del falso Segundo tomo del Ingenioso Hidalgo don Quijote, del también falso Avellaneda, y terminan con el capítulo de Cervantes en Barcelona. Referencias tanto del original como en invenciones de Boadella. Sucede así, que el triste caballero de la Edad Media se traslada a un chocante mundo disparatado, de riqueza cómica en brillantes juegos de palabras y vestuarios sorprendentes.
El interés de la obra original se convierte, una vez más, en el montaje superficial y una búsqueda total hacia la gracia o el chiste, gracia, esencialmente, de los grandes actores de la compañía. En este caso, con una escenografía también ingeniosamente barata y chunga. Ya termina el año y las penas del teatro.
Enrique Centeno

sábado, 31 de julio de 2010

Conversación con Primo Levi **

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Autor: Ferdinando Camon.
(Adaptación teatral: Mercedes Lezcano).
Intérpretes: Manuel Galiana, Víctor Valverde.
Escenografía y vestuario: Javier Aoiz.
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo.
Dirección: Mercedes Lezcano.
Teatro: Círculo de Bellas Artes. (12.1.2006)
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Tal como se cita en la proyección sobre el montaje, Levi, víctima como los cientos de miles de torturados y asesinados por el nazismo, se suicidó en 1987. Como judío italiano, actuó como partisano, y así cayó prisionero y enviado a Auschwítz. Sobre la pantalla vemos escenas de la persecución del poder alemán desde el inicio en La noche de los cristales hasta los hornos crematorios y los cadáveres triturados convirtiéndolos en tierra para construir sus caminos. Él salió vivo, y de sus experiencias escribió y concedió después una larga entrevista al autor Ferdinando Camon. Por ejemplo, confiesa que, en su interior, al regresar a Alemania tras la guerra, no consiguió comprender aquel país: su propia civilización no era capaz de comprender a Hitler.
De sus pasadas crueldades, escribió Levi varias obras, y fue siempre incapaz de tener fe en Dios. Sufrió los asesinatos de los nazis, y contempló –descendiente de Jacob- la represión de Israel sobre los palestinos. Aquellos crímenes de su propio pueblo, de su raza pero no de su religión –que él no poseyó nunca- terminaron por causarle tanta vergüenza, que se lanzó por el patio de su casa.
Aquella larga entrevista ha servido para crear esta obra de teatro. Están los dos juntos, solos, haciendo Camon las preguntas y provocando en Levi largos monólogos. Se añaden al montaje proyecciones con escenas actuales de la guerra con Palestina. En el limpio y desnudo espacio, ofrecerán Manuel Galiana –Primo Levi- y Víctor Valverde –Ferdinando Camon- , una perfección que bien conocemos, esas ricas y musicales voces que ya vamos teniendo cada vez menos en nuestros teatros. Son sencillos focos, zonas cenitales circulares que en la desnudez encogen los textos en este espectáculo que Mercedes Lezcano dirige inteligentemente en su elegida austeridad.
Enrique Centeno

Cuentos de Burdel *

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Autor y director: Miguel Hermoso.
Intérpretes: Beatriz Carvajal, Miguel Rellán,
Charo Zapardiel.
Escenografía y vestuario: Rafael Garrigós.
Iluminación: José Manuel Guerra.
Teatro: Maravillas. (12.2.2006)
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La comedia no es de cuento. Tampoco es un burdel. Es el interior típico de salón: el domicilio burgués de un escritor solterón -lo hace Miguel Rellán-; con la mujer de la limpieza -Beatriz Carvajal-, curiosa y cotillona, y la representante de la editorial –Charo Zapardiel-, que va a ayudar al escritor a soltarse  del atasco que tiene en su nuevo libro.
    El espectáculo consiste, fundamentalmente, en el lucimiento de la cómica actriz. Carvajal es capaz de provocar las carcajadas en esta historieta. Esta tal mujer, “Rosa”, resulta proceder de la prostitución, además, practicada en su pueblo de Calatayud (donde se cantó “Pregunta por la Dolores”, esa popular copla de “que es una chica muy guapa/ y amiga de hacer favores”). Ahí van las voces y las imitaciones de los dialectos o hablares de las regiones, en este caso el aragonés. Todos ellos lo hacen con gracia, como en los programas de TV o la obra misma de Antonio Gala, El hotelito, también representada en este teatro Maravillas ya hace dos décadas. Su gracia, sus "morcillas” en escena, son un arte especial de la actriz. (de rica profesionalidad, como en el drama último en el que vimos a Carvajal, Cierra bien la puerta, de Amestoy).
Con su buena actuación, Rellán queda como el clown junto al augusto de los dos payasos sin mirar a la butaca. El centro del circo es una pena que sea tan vulgar –olvidamos el burdel del título- aunque el instrumento musical, un piano, también juega en su número de burlas y de risas.
El autor y director de esta obra, Miguel Hermoso, mostró en su cine –Truhanes- el sentido de la diversión con un fondo social, en este caso muy leve.
Enrique Centeno

El olor del café **

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Autoras: Elena García Quevedo, Silvia Oviaño.

Intérpretes: Eva Rufo, Cristina Juan, Mínguez,
Maite Brik, Arantxa de Juan, Victorio Sanz,
Javier Lago, Pablo Castellón, Gabriel Latorre,
Borja Naneros.
Escenografía: Carmen Arias.
Dirección: José Luis Sáiz.
Círculo de Bellas Artes. (27.9.2005)
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En Palestina, una cotidiana vivienda –con una cuidada y clásica escenografía- acoge a sus familiares, y durante la preparación de la boda de la joven, vuelven los recuerdos del pasado sobre la sumisión y el dolor en su tierra.
    Las autoras, Elena García Quevedo y Silvia Oviaño, periodistas en Jerusalén, escriben este texto teatral valiéndose de la cercanía de las permanentes guerras. La conversación va enterneciendo entre El olor del café a los amigos y familiares, con textos de una bellísima prosa poética. Una emoción continua en el espectador, a pesar de que no se acude a las propias escenas vividas. Tan sólo una imagen final presenta, brevemente, el belicismo, cuya muerte volverá siempre entre los hebreos y musulmanes.
    La función se escucha en manos de una excelente interpretación, con un tono de ternura que trabaja cuidadosamente el director, consiguiendo la emoción, lo cual no nos sorprende conociendo los sensibles montajes de José Luis Sáiz.
Enrique Centeno

Conozca usted el mundo **

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Autora: Lluïsa Cunillé.

Intérpretes: Lola López, Rosa López,
Victoria Enguidanos, Paco Zarzoso.
Eescenografía: Ana Cediel.
Dirección: Paco Zarzoso.
Teatro; Sala Cuarta Pared. (10.11.2005)
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Puede moverse uno por el mundo y encontrarse en el mismo espacio de personas juntas y diferentes. Quizá incluso sentir la absorbencia de su soledad.
    Así conocemos a quienes imagina la autora Lluïsa Cunillé: son aquellas tres mujeres que, ocupando habitaciones contiguas en el Hotel, oyen las voces a través de las delgadas paredes, y con sus oídos escuchan sus monólogos. Entre fantasías o anhelos, terminarán hablándose sobre sus deseos y sus mentiras: fantasías, ambiciones, fracasos.
    El tiempo pasado aparecerá detenido, y regresan las tres mujeres al Hotel; todo continúa igual. Volverán a encontrarse, y, sin embargo, no reconocerán sus rostros en la desierta Estación. Esperan aquí un tren que nunca se detendrá; hablarán, poco a poco, intuyendo que jamás saldrán de allí.
    Del tiempo –pinteriano- sí nos hacen ganar algo, claro está. Nos encoge el afecto, la comprensión, y se aprecian en la autora sus historias hechizantes. Además, el montaje se hace con inteligencia, valiéndose de una rica escenografía y, especialmente, de su brillante interpretación. Lo dirige cuidadosamente Paco Zarzoso, que también interviene en el reparto.
Enrique Centeno

domingo, 11 de julio de 2010

Más allá del puente **

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Autor: David Botello.
Intérpretes: Marta Torné, Alex Brendemühl.
Escenografía: Max Glaenzel.
Iluminación: Luis Martí.
Dirección: Roger Gual.
Teatro: Lara. (8.7.2010)
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La historia de esta pareja –Ella, Él-, no cruzará exactamente al Más allá del puente, como lo titula su autor, David Botello, en breves episodios que van retratando lo que conocimos o imaginamos siempre en los filos del amor. El argumento hubiera sido insuficiente, pero la función, sin embargo, posee escenas en juegos de excelente literatura humorística, ingeniosa, de permanente ironía en una cadena de carcajadas. Es seguro que muchos espectadores añaden, además, su propia experiencia o su cercanía.
    Sobre el puente sucederá el primer encuentro y el último de esta frívola pareja, para este viaje común. (No es el romanticismo de El puente de Waterloo, con Vivien Leigh y Robert Taylor). Un pretil del que Ella desea arrojarse y donde Él, desconocido, impedirá el suicidio con apenas breves palabras, surgiendo enseguida una mutua adrenalina que les lleva hacia su casa para echar un polvo. Y al mismo lugar volverán para la última separación. Ya lo sabíamos desde el inicio de la función, en un oscuro preámbulo en el que el protagonista habla por teléfono repitiendo y volviendo a llamar a un inútil contestador. Así ha lanzado Botello, con toda puntería, el cínico contraste entre la tristeza y las carcajadas; su pluma es habilísima en rupturas y diálogos; disparates entre la pareja, tanto en gritos –Ella- como en la aparente tranquilidad que Él consigue a base de antidepresivos, aspirinas o viagra con su caja de condones, en tonos suaves, como un cómico dirigiendo sus ocultos chistes. Y al mismo tiempo, dos amantes en celo, que terminan siempre con la pasión y el follar –ya en el oscuro- para iniciar otra vez el enfrentamiento.
    El autor califica el subtítulo como Una comedia casi romántica, otra ironía o su deseo para no confesar que lo ha escrito con dos arrullos de amor y pelea de gallos. Se cita por ahí alguna referencia a Romeo y Julieta, que en realidad lo escucha Ella como un berrido; pero, en todo caso, llegará siempre el fucking.
La repetida situación cuenta con diálogos variables que, entre trompas y levantamientos, alcanzan las exhaustas carcajadas. La puesta en escena se hace con mucha habilidad –en un escenario verdaderamente feo-, introduciendo entre las cinco piezas la proyección –gran formato, acompañada de música- de los rostros de los intérpretes-personajes: son pausas largas, sin sentido, que pueden agotar entre tantas paradas de autobús. Pero ahí están dos magníficos intérpretes entre la pantomima o la farsa, de las que van y vuelven al realismo. Alex Brendemühl es actor de muchas tablas, y apenas inicia cada palabra, parece un guiño inocente. Arrastra al espectador. Marta Torné tiene que pelear para mantener, ante la tranquilidad, la iniciativa de los momentos más tensos, y lo consigue con buenas voces, junto a su atractivo físico: asaltos para salir de las cuerdas del cuadrilátero. Es imprescindible esta calidad de ambos para terminar entre cálidos aplausos.
Enrique Centeno

Armengol ***

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Autor: Miguel Murillo.
Intérpetes: Nacho Aldeguer, Pepe Viyuela,
Rosa Renom, Simón Ferrero, José Luis Martínez,
José Vicente Moirón, Miguel Foronda, Ricardo
Ruiz, Gustavo Piqué.
Escenografía: Ana Garay.
Iluminación: Juanjo Llorens.
Vestuario: Eduardo Acedo.
Dirección: Esteve Ferrer.
Teatro Español. (21.12.2005)
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De nuevo se estrena en el teatro Español uno de los prestigiosos Premios Lope de Vega, que en los últimos años  han perdido sus tradicionales montajes en este coliseo, cuyo derecho fue eliminado en las Bases del concurso. Miguel Mu-rillo lo obtuvo en 2002, y, afortunadamente, muestra aquí este Armengol.
El título se refiere a un personaje real, pacense (Murillo es natural de Badajoz, 1953), conocido y recordado desde su muerte, poco después de comenzada la Guerra Civil y el levantamiento militar.
    En aquel año de 1936, Hitler protagonizaría en Berlín los Juegos de la Olimpiada Internacional. España se negó a asistir al nazismo, y se organizó en Barcelona -con atletas, hombres y mujeres-, lo que se llamó Olimpiada de los Pueblos Libres del Mundo, al mismo tiempo que militares y falangista iban destruyendo el Gobierno Republicano. Fue Armengol uno de los gimnastas que acudieron desde Extremadura. Regresaron después a sus tierras libres, y no pocos de ellos fueron tomados por el franquismo, con represiones y crímenes. Armengol montó un gimnasio en el que podía desarrollar el deporte con los jóvenes. Continuamente insultado, perseguido y amenazado. Finalmente, apareció su cadáver tirado en el camino cercano a su casa.
    Es un espectáculo duro, irónico y en algunos momentos de cínico humor. Murillo ha dedicado sus dramas frecuentemente a las situaciones sociales en su Extremadura. Son siempre títulos imprescindibles en nuestro teatro social y en nuestra literatura española, dramas o tragedias de textos supremos.
    Hace una escenografía magnífica Ana Garay, iluminada sabiamente por Juanjo Llorens y con un perfecto vestuario de Eduard Acedo. Lo dirige inteligentemente Esteve Ferrer. Con un reparto perfecto, brillantísimo -hace Pepe Viyuela el protagonista-, al que hay que aplaudir.
    Se contempla el espectáculo, entre la emoción y la lectura, y lo reciben los espectadores con ardiente entusiasmo.
Enrique Centeno

domingo, 4 de julio de 2010

Animales nocturnos *

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Autor: Juan Mayorga.
Intérpretes: Pep Jové, Teresa Urroz, Pep Pla,
Anabel Moreno.
Escenografía e iluminación: Ramón Muñoz.
Dirección: Magda Puyo.
Teatro: Cuarta Pared . (6.2.2006)
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Muestra siempre Juan Mayorga su acercamiento a la Filosofía, el conocimiento y los recuerdos de la Historia. Parece mirar por las ventanas hacia el pasado y abrirlas, para volver allí incorporándolas a nuestros días. En esta obra aparecen dos parejas, vecinas, cuyas formas de hablar, de moverse o de relacionarse juntos durante una hora, hacen que el espectador vaya pensando que algo va a ocurrir. Porque las palabras son inútiles, con una extraña actitud en uno de ellos que se repite, en su casa, con diálogos irrealistas, como en La cantante calva de Ionesco. Son como bichos corrientes, que lo mismo podrían aparecer por arriba, por abajo, o por los desagües, mostrándonos y haciéndonos contemplar animales raros que pasan por la calle. A veces, como aquellos animales tomados por Julio Cortázar, concretamente en Axolotl –uno de sus relatos- que recreó en un zoo en sus escritos de Animalia, y que recuerda muy bien a esta escena de Mayorga.
    Aquella sociedad vacía constituyó en el año cincuenta la ruptura y la acusación que marcó Ionesco. En esta obra de Animales nocturnos, las dos parejas giran alrededor de la inutilidad, en la construcción de rupturas chocantes. En la limpia interpretación del equipo, sobre un escenario múltiple, rectangular, con el público muy próximo, siguen con sus formas de hablar completamente falsas: actores que no son capaces de crear personajes que consigan ganarse al propio espectador y entrar en la acción del absurdo, sin entender dónde está la novedad de una sencilla burla. Una lástima que tales compañías representen torpemente, con sólo una sencilla habilidad. No es que debamos aconsejarles estudios, pero es evidente que lo necesitan, más aún con una obra verdaderamente suspendida.
Enrique Centeno

Al menos no es Navidad **

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Autor: Carles Alberola.
Intérpretes: Amparo Soler Leal, Asunción Balaguer,
Alberto Delgado, Silvia Marty.
Escenografía: José Luis Raymond.
Dirección: Carles Alberola.
Teatro: Bellas Artes. (13.9.2005)
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Son dos de las históricas actrices quienes ofrecen esta tierna obra Al menos no es Navidad. Los personajes son dos viejas mujeres, Sofía y Encarna, que hacen emocionar con las excelentes Amparo Soler Leal y Asunción Balaguer. Se encuentran en una Residencia en la que se cuentan sus recuerdos, sus vidas pasadas, y el deseo todavía de continuar avanzando, como en el sueño de viajar a Venecia, que finalmente iniciarán a pesar del arrastre de los familiares, tal como suele suceder.
    Un buen humor continuo que se duplica con la ternura dramática. Juego escénico ante el decorado –lo hace precioso José Luis Raymond- que representa lo reviejo frente al que ellas van reformando continuamente. Qué placer contemplar en esta obra el viejo teatro, escrito por Carles Alberola, que ha querido romper, en esta ocasión, su estilo dramático, generalmente disparatado con talento (Besos, Mandíbula afilada, Palabras en penumbra...).
La cuidadora de la Residencia de ancianos y el hijo aparecerán, finalmente, afirmando que la madre se encuentra ya mentalmente enferma. Y ella se mostrará, sin embargo, mucho más arriba que ellos mismos. Lo interpretan bien Silvia Marty y Alberto Delgado. De modo que la dirección –siempre se encarga el propio autor-, ofrece una magnífica comedia.
Enrique Centeno