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jueves, 12 de abril de 2012

El galán fantasma *

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Autor: Calderón de la Barca.
Intérpretes: Carmen Morales, Paloma Paso Jardiel,
Antonio Vico, Felipe Jiménez, Pedro Valentín,
Francisco Piquer, Eva Cobo, Francisco Lahoz, Paco
Paredes, Ana Escribano.
Escenografía y dirección: David Bello.
Lugar: Muralla Árabe. (10.7.2000)
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Rubor en la Muralla Árabe



La fiesta anual del teatro que se celebra en la Muralla Árabe, programada por los Veranos de la Villa este año de dedicada, cómo no, a Calderón de la Barca en su cuarto centenario. Además, con una especie de hilo musical previo, en el que se obsequia por los altavoces con el fondo sonoro de los clásicos versos; se ofrecen las habituales atracciones de feria, fragmentos y pequeñas piezas aquí y allá dentro del hermoso marco de este recinto. Y el plato fuerte calderoniano: la comedia de El galán fantasma.
    Para este juego de engaños, para este divertido enredo, se ha contado con un curioso elenco. Lo dirige David Bello, que ya el año pasado nos mostró su profunda torpeza con un Tirso de Molina infame. En esta ocasión se ha encargado, de nuevo, también de la escenografía, una cosa viejísima de cartón piedra ante la cual mueve a sus actores de forma encantadoramente escolar con movimientos aburridos, con tráfico soso y planos. Sucede que estas comedias de capa y espada de Calderón son muy difíciles de poner en escena, porque requieren de una especial sabiduría y un conocimiento de ritmos escénicos, que sólo los excelentes directores son capaces de obtener. 
    El galán fantasma, para hacernos una idea, lo montó el maestro José Luis Alonso Mañes en el teatro Español con motivo de otra conmemoración de Calderón, el trigésimo aniversario (1981) de su muerte: constituyó entonces un gran éxito corroborando, una vez más, su talento. El cual se extendía, como es natural, a la elección de sus intérpretes, entre los que estaban María José Goyanes, José María Pou o Pedro Mari Sánchez.  En el escenario de la Muralla Árabe está hoy de protagonista una famosilla de la televisión, Carmen Morales; otra famosilla de la comedia, Eva Cobo; un payaso exhibicionista haciendo de gracioso, Pedro Valentín; y así sucesivamente. Que el ayuntamiento de Madrid rinda homenaje a uno de sus conciudadanos ilustres en el cuarto centenario con este espectáculo, produce verdadero rubor. Por fortuna posee un entreacto, lo cual permite salir huyendo de allí para evitar tanta vergüenza ajena.
Enrique Centeno

Entre bobos anda el juego *

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Autor: Francisco de Rojas Zorrilla.
Intérpretes: Cristina Marcos, Mónica Cano, Janfri Topera,
Rafael Castejón, Francisco Lahoz, Jesús Fuente, Rafael 
Ramos de Castro, Jesús Castejón, Paloma Paso Jardiel.
Escenografía y Vestuario: Pedro Moreno.
Dirección: Gerardo Malla. 
Teatro: La Comedia.
(Compañía Nacional de Teatro Clásico). (12.11.1999)
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Pues señora, bien empezamos

La pervivencia de nuestra comedia de enredo del siglo XVII, posiblemente no hubiera resistido el paso del tiempo si no fuera por su versificación. Resiste Molière o Goldoni, por ejemplo –salvando las distancias- por su retrato intenso de personajes y situaciones sociales. Nuestro teatro clásico es otra cosa, desde luego: son versos. Nuestros autores, incluyendo a Rojas Zorrilla –Entre bobos anda el juego-, son la gracia, la finura del lenguaje, el juego de las palabras, sus estrofas llenas de ingenio.
Aquella versificación sirve lo mismo para ser leída que para la representación. Pero del mismo modo que la transcripción moderna y sus texto íntegros del original, deberá la escena también adecuar los procedimientos del viejo corral de comedias a las salas de nuestros días; a sus nuevos procedimientos. La gracia del verso y la buena representación: he ahí la pervivencia de la comedia áurea.
Este montaje que ofrece, como apertura de temporada, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, no sacia ninguna de las dos necesidades apuntadas. La puesta en escena se ha hecho con una extraña y chirriante mezcla en la que los actores se sitúan delante de foros pintados, situados en fila o en semicírculo, sin juegos escénicos accesorios; en alguna ocasión se muestra algún signo de “modernidad”: una desafortunada proyección con estética de cómic para alegrar uno de los relatos, y que resulta de un espanto sin límites y de una inadecuación escandalosa. No importa que sea Pedro Moreno un excelente diseñador: este decorado está concebido, desde su inicio, como algo viejo, vetusto, antiguo. Y feo.
 El otro apoyo imprescindible, que debería ser el verso, sirve para un ejercicio de funambulismo en el que los actores terminan por caer -desde las redondillas, las octavas reales o las cuartetas- de un modo estrepitoso. El asunto no es ya que no se sepa decir el verso –casi lo consigue, únicamente, Mónica Cano-, sino que éste, como deberían saber nuestros actores y el director, impone un ritmo de interpretación, de movimientos, incluso de voces: se respira con el verso –lo cual no es fácil, desde luego, y es precisa una específica formación- o se hace la chapuza. De modo, que tampoco tiene que ver el hecho de que en el reparto se encuentren excelentes actores y actrices para subrayar su lamentable preparación del teatro clásico; ni que Gerardo Malla sea un excelente director de comedia para que su trabajo denuncie un profundo desconocimiento de lo que el texto manda en la comedia clásica.
Tan lamentable como el espectáculo, es el hecho de que sea ofrecido por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que inicia la temporada continuando su trayectoria descendente. Es urgente poner remedios, por el bien de una institución tan necesaria y que se supone que presta un servicio público.
Enrique Centeno

lunes, 28 de junio de 2010

Ya van 30 ●

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Autor: Jordi Silva.
Intérpretes: Àngel Llàcer, Ana Cerdeiriña,
José Bustos, Marta Hazas, Paloma Paso.
Dirección: Àngel Llàcer.
Teatro: Bellas Artes. ( 2.11.2006)
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Últimamente se van evitando los intermedios, uniendo diferentes partes o continuaciones. Incluso sin oscuros y cortando los del original para juntar los diferentes actos. Ese descanso era, y debería ser, el corte para reflexionar, comentar o imaginar lo que a continuación aparecerá. Lo cierto es que en este Ya van 30 se hace el descanso o intermedio: y uno puede salir buscando la calle y huyendo de la pobreza textual, de la interpretación y chorradas vulgares en un apaño para divertir a los amantes del concurso televisivo de Operación triunfo.
    No son cómicos; desconocen la interpretación cómica; ignoran la expresión verbal o física y la creación de personajes; recuerdan a los graciosos de después de las bodas; parten de un texto sin interés, vulgar y tópico. Pero se ha estrenado.
Enrique Centeno