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martes, 11 de octubre de 2011

Top Model *

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Autor: Sergi Pompermaye.
Intérpretes: Pep Cruz, Noël Olivé, Jordi Coromina.
Escenografía y vestuario: Pi Piquer.
Dirección: Pep Cruz.
Teatro: Fernán-Gómez. (6.10.2011)
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Sencillas risas

 
Hace justamente dos años en los que, en este mismo teatro, se mostró el anterior y primer montaje Pequeño Formato de la compañía Dagoll Dagom. Era también una función humorística dirigida, igualmente, por Pep Cruz, protagonista junto al idéntico reparto de Nöel Olivé y Jordi Coromina. Son estupendos actores.
    Al entrar en la sala ya se ha preparado, en el centro del escenario, un rígido cartel sobre su caballete, que imita al evidente logotipo de la SGAE, incluyendo el témino “Max” (premio anual de la Sociedad), aunque, en realidad, será el nombre del personaje principal. Salivamos ante la esperada denuncia teatral de la estafa y el robo. Pero en realidad se trata de una referencia durante la función: se ha metido, eso sí, una morcilla al Alibaba y los cuarenta ladrones de Teddy Bautista; lo cual agradecemos.  Punto y aparte.
    La representación la resuelven engarzando los numerosísimos sketchs. Los va anunciando, y dando paso a sus compañeros, Pep Cruz –también director-, un perfecto showman. El primer inicio es muy divertido, en su discurso y provocación, con su llamativo traje, donde habla de su perfecto físico. El actor es grueso, algo calvo; y sólo al final muestra su graciosa barriga, como una presunción de su atractivo. Siempre surge la ironía y la caricatura de esa obsesión, este tema de la búsqueda de nuestra perfecta belleza como un Top model. Bajo este tema van apareciendo matrimonios, la actriz a quien le hacen desnudarse para aprobar su contrato –un monólogo formidable que hace Olivé-; el gay que enseña su físico –todo el descaro de Coromina causa las carcajadas- para seducir a su amigo, quien casi tiene que salir corriendo. Y así, una escena tras otra.
    Un humor blanco, suave para todos los públicos y espectadores tranquilos. Lo hacen muy bien, y es poca cosa.
Enrique Centeno

lunes, 28 de diciembre de 2009

Mar y cielo ***

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Autor: Ángel Guimerá.
Adaptación y dramaturgia: Xavier Bru, Joan Lluís,
Anna Rosa Cisquella, Miguel Periel.
Intérpretes: Carlos Gramaje, Julia Möller, Ferran Frauca,

Jose Ricardo, Anna Moliner, Carlos Álvarez,
Sergi Albert, Óscar Mas, Víctor Ullate, y otros.
Música y dirección de orquesta: Albert Guinovar.
Escenografía y vestuario: Isidre Prunés, Montse Amenós.
Dirección: Joan Lluís Bozzo.
Compañía Dagoll Dagom.
Teatro: Gran Vía. (17.10.2006)

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El imposible amor del moro Said y de Blanca, su dulce cautiva cristiana, es el centro del drama Mar y cielo, última producción de la compañía catalana Dagoll Dagom. En una escena preliminar, de cuarenta años antes, se muestra al valido Duque de Lerma dictando el decreto de la expulsión de los moriscos, que provocaría la salida de 250.000 de ellos: un acontecimiento que parece explicar el odio racial y religioso que impedirá ahora el anhelo amoroso de los protagonistas. El cuento transcurre unas décadas después de la batalla de Lepanto, como máximo exponente del enfrentamiento hasta la derrota musulmana. Mar y cielo sirve teatralmente para mostrar una enemistad en la que, sin embargo, se emparejaron multitud de ellos con numerosos mestizos. Son aquí Said y Blanca quienes luchan y resisten contra la oposición de los pueblos cristianos.
Aunque quizá lo que verdaderamente importa en este montaje es el singular espacio donde se desarrollará la acción: una gigantesca nave reproducida con asombrosa fidelidad y que se desplaza, oscila, gira y se agita en un verdadero alarde técnico que produce el asombro al espectador. En la cubierta, o maniobrando junto al timón, sobre las jarcias, velas y vergas del monstruo escénico, los actores de Dagoll Dagom maniobran, saltan o danzan con habilidad malabarista, y cantan a través de sus micrófonos inalámbricos, en posturas y actitudes típicas del drama de aventuras de nuestra niñez. Una iluminación efectista, sin recato alguno, completa una plástica cuya espectacularidad supera cualquier otro espectáculo visto en nuestras tablas. Hace 25 años lo montó esta compañía; lo estrenó en Barcelona y vino después a Madrid -1989- entusiasmando a todos, y ha querido celebrarlo reponiéndolo ahora.
La búsqueda de efectos alcanza igualmente a la interpretación, basada en la composición coreográfica y la brillantez estética de rostros y hermosas coreografías. En cuanto al texto, se borra casi por completo el texto de Ángel Guimerà, que escribió Mar i cel -en lengua catalana- en 1888. Casi toda la historia la cuenta Dagoll Dagom por medio de canciones. Con la música en directo, sin trampa ni cartón, también insólito en nuestro teatro, aunque copia estilos colonialistas aprovechando, sin duda, aquellos estilos que el público aprueba: los ritmos y melodías de Broadway. Emulaciones perfectas de los musicales americanos. Sin evocaciones de la tradición mora y cristiana mediterránea. En cualquier caso, el espectáculo envuelve, arrastra y emociona a pesar de una insuficiente poesía en versos abundantes en ripios. Durante meses han obtenido un completo éxito en Barcelona y deben conseguirlo igualmente en Madrid, donde se representa en castellano.
Enrique Centeno

viernes, 16 de octubre de 2009

Cómica vida **

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Autor: Joan Lluís Bozzo.
Intérpretes: Pep Cruz, Jordi Coromina,
Noël Olivé.
Vestuario: Anna Ullibarri.
Dirección: Pep Cruz.
Cía. Dagoll Dagom
Teatro: C. C. de la Villa, Teatro Fernán-Gómez.
(14.10.2009)

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Junto a las grandes producciones, Dagoll Dagom ha creado un pequeño formato, que se inicia con Cómica vida. Lo ha escrito el director de los grandes espectáculos de esta compañía, Joan Lluís Bozzo. Es una función humilde, para representarse en salas reducidas y sin decorado. A la Sala II del Teatro Fernán-Gómez (Centro de Arte, antes llamado Centro Cultural de la Villa) ha llegado esta función, humorística, satírica. Salió a saludar al final Bozzo, recordando, risueño y sentimental, el primero de los montajes sencillos del Dagoll Dagom, que se vino a Madrid también en un espacio reducido –no tanto como éste-, el inolvidable Teatro Cadarso. Parece un buen momento recordar algo de aquella historia. Era una sala adjunta y perteneciente a un colegio, en esa misma calle. Comenzó a funcionar al inicio de los setenta para el Teatro Independiente. Obras siempre arriesgadas, críticas, en aquellos años de represión. En el teatro de Madrid -vulgar, reaccionario, burgués y vergonzante- escasísimamente se representaban obras dignas. La mayor parte de las compañías independientes pudieron representar allí, tras sus giras por toda España en cualquier clase de salas. Tras la vuelta a la libertad, fue desapareciendo aquel Cadarso, como las propias compañías. Dagoll Dagom ha continuado -ya con musicales-, desde aquella obra de entonces -1974- que se llamaba Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, conocido título de los versos de Rafael Alberti. Fue un montaje maravilloso, por eso se le notaba a Bozzo el recuerdo –cómo no- de aquellos tiempos.
La función empieza a aburrirnos enseguida y durante más de media hora. De los dos actores y de la actriz tardamos en descubrir que, efectivamente, eran buenos intérpretes. A uno de ellos -Pep Cruz- ya le conocíamos. Su monólogo es sobre un personaje que se presenta a los supuestos vecinos –el público- de un pueblito, donde anuncia la fiesta que su compañía ofrece. Intenta hacernos reír; pero un actor es un actor y un humorista –gracias, chistes, búsqueda de carcajadas- nada tiene que ver con el teatro. A veces, algunos actores lo hacen en el show de ciertos teatros, mientras no tienen otro contrato, y conviene separarlo de los actores que desarrollan su talento con interesantes historias, textos de comedia, ironías e incluso como verdaderos dramaturgos: es el caso, por ejemplo, del gran desaparecido Pepe Rubianes, actor que precisamente comenzó en la propia compañía Dagoll Dagom.
Veremos más tarde a un ingenuo vecino del lugar -lo interpreta Jordi Coromina- cuyo sueño es ser un actor: la pequeña compañía –tres, únicamente- querrá aprovechar su dinero. Le hacen creer su talento montándole –sin que él lo aprecie- una audición sobre un sketch del rústico, una burla hiriente, criticable y tópica en los malos humoristas. Nos sorprende que caiga en este tono el autor, nada menos que el director de Dagoll Dagom.
Terminando de cansarnos, la función comienza a subir –mucho se debe a la excelente actriz Noël Olivé-, con el ensayo y el supuesto estreno de Fedra. Verdadera imaginación de vestuario y versos de la obra griega, de conversaciones de diversos temas –se cita varias veces a los inexistentes actores de nuestra televisión–, una crítica que nos encantó -o un formidable monólogo de la actriz, encerrada en el viejo camerino, con un texto tan cómico como doloroso acerca de la frustración de sus giras-. Crece cada vez más, vemos el falso estreno, fracasado, y finalmente, todo convertido en un drama cómico. Toda esta parte es la única que debería tener la función.
Enrique Centeno