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sábado, 18 de septiembre de 2010

Todos eran mis hijos ****

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Autor: Arthur Miller.
Intérpretes: Carlos Hipólito, Gloria Muñoz,
Fran Perea, Manuela Velasco, Jorge Bosch,
Nicolás Vega, María Isasi,
Alberto Castrillo-Gerrer, Ainhoa Santamaría.
Escenografía: Elisa Sanz.
Iluminación: Juan Gómez Cornejo.
Adaptación y dirección: Claudio Tolcachir.
Teatro: Español. (9.9.2010)
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Revolotea por la casa de la familia Keller ese hijo perdido, muerto durante la guerra; Larry, piloto cuyo avión se estrelló inesperadamente, como otros muchos -Todos eran mis hijos-. La causa se debió a un defecto de los motores de la empresa del padre, Joe, que prefiere no mantener en la mente la muerte de su hijo. Y asegura que el responsable fue el encargado de los montajes, conociendo Joe su gravísimo fallo. El montador, acusado, permanece años en la cárcel. La esposa, Kate, anda como un fantasma esperando la vuelta de su hijo. Inteligente, sensible y deprimida. Este personaje es apasionante, y el público va averiguando qué es lo que le sucede a esta Kate. El hijo menor, Chris, se encuentra en la difícil situación entre su madre y la posible salvación de Joe: su amor con la joven Ann, la que fue novia del hermano desaparecido. Con la aparición del hijo del supuesto culpable –asesino, se menciona- de la tragedia de aquellos soldados, empieza el espectador a adivinar el dramático final.
    Y volvemos a ver a Arthur Miller (1915-2005) mostrando el engañoso sueño americano, hundiendo el mito de la felicidad familiar, aquí con el bienestar conseguido con el negocio militar. El director del teatro Español, Mario Gas, ha deseado recuperar algunos de los títulos históricos del teatro social del dramaturgo. Han ido pasando por este escenario Las Brujas de Salem (2007, dirigida por Alberto González Vergel), Muerte de un viajante (2009, dirigida por Gas), y ahora Todos eran mis hijos, montada por Claudio Tolcachir. (Sobre aquella función es imposible no citar la que dirigió Ángel García Moreno*).
    En este césped del jardín, ante un oculto bosque de quietud y tranquilidad, el padre y su hijo conversan risueñamente. Hay cerca de ellos un tronco caído y quebrado, ya sin salvación; tal vez una tormenta nocturna que no habían escuchado. Se refieren también a la madre, sus preocupaciones y aparentes ausencias mentales. Queremos saber qué ocurre allí.
La escenógrafa Elisa Sanz ha situado en un lateral el inicio de la casa que se pierde entre cajas. Y por la puerta, en el porche, aparece la esperada madre, Kate. La fantástica actriz Gloria Muñoz, convertirá el verdadero imán de las acciones. Su creación está llena de sabiduría, de convencimiento, una personalidad rica en movimientos, pausas y gestos, cuyas voces nos acoge. Aparentemente despistada, enseguida veremos brújula del drama. Una interpretación impresionante.
    Ha dirigido a toda la compañía el director argentino Claudio Tolcachir –también adaptador, abreviando los tres actos-, aprovechando el excelente reparto. Carlos Hipólito hace un trabajo riquísimo, puede que en este personaje del padre sea donde mejor demuestra su talento; desde su bondad al cinismo, en el engaño y su oculta ambición en la gloria de su familia. Desde la seducción familiar; arrastra el escenario en el definitivo mutis de su vida. En principio, no parece demasiado adecuado el actor Fran Perea como el joven hijo, Chris Keller, por su robustez, pero es capaz de interpretar al inocente personaje esforzándose y consiguiendo crear estupendamente, a veces brillantísimo. La jovencita, enamorada nuevamente –Ann-, lo hace bien, brillante y con el encanto exigido. El abogado –George Deber-, hijo del encarcelado inocente, arrastra la ruptura de las mentiras en las escenas violentas, en manos del estupendo actor Jorge Bosch. Nadie baja un minuto su perfección, desde Nicolás Vega a María Isasi, a Alberto Castrillo-Ferrer y a Ainoa Santamaría.
La noche del estreno, el público en pie -algo ya muy poco común-, entusiasmado, obligó entre aplausos y bravos a salir a saludar numerosas veces.
Enrique Centeno

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* ¿Puede alguien conocer dónde está o qué hace este luchador y director, desaparecido tras su dirección y su lucha por el teatro Fígaro , de Madrid? Tras 25 años en él… 

martes, 19 de mayo de 2009

Fedra ***

Cuando Eurípides la escribió -siglo IV a.C.-, esta obra fue una de las tragedias de pasiones prohibidas y castigadas por los dioses, como igual sucedió con el amor de Edipo, de Sófocles. Fedra fue tomada de la tradición mitológica, e incluso fue escrita anteriormente en un texto perdido. La permanente historia de la ansiedad amorosa e imposible fue desde entonces continuamente adaptada, desde Séneca hasta Racine, o entre nosotros Unamuno y el poco representado y magnífico dramaturgo catalán Salvador Espriu (1913-1985).
El deseo infrenable de Fedra hacia su hijastro, Hipólito, probablemente provoca hoy menos escándalo. Casi sobrecoge más la posesión insaciable. El rechazo del hermoso virginal es el planteamiento de la tragedia, pero es, ante la desesperación, cuando el público va adivinando el desarrollo final, lo no común. Tras el suicidio de la madrastra, la llegada de su esposo, Teseo, concluirá con la segunda muerte. Son estas violencias -hoy vuelven a regresar- por la infidelidad frustrada y la asesina venganza al inocente Hipólito.
Es el director, José Carlos Plaza, quien se introduce intensamente, llegando casi al límite del sadismo y aprovechando que, para esta Fedra, cuenta con Ana Belén. Firma este texto Juan Mayorga, un autor que utiliza, en varios de sus excelentes textos, temas e historias de personajes o acontecimientos anteriores. En esta ocasión, señala que se trata de una adaptación -y que debería citar a su original Eurípides-, pero no ha querido mantener la obra en el tiempo pasado. Sabe que es una historia mítica que, como todas, acude hasta nosotros.
En todo caso, es impresionante la interpretación, tanto en Ana Belén como en Alicia Hermida: emocionantes diálogos entre Fedra y su criada, Enone, entre la pasión y el árbitro. De Hermida no nos sorprende su talento, porque ya es actriz continua que nos ofrece el verdadero teatro. Y menos frecuente Ana Belén, cinco años sin mostrarse en el teatro y quien continúa manteniendo su poder de actriz –como otras veces, en manos de José Carlos Plaza-. En el reparto, Hipólito lo interpreta el narciso Fran Perea, conocido por sus personajes en televisión. Pero, otra vez el buen saber de Chema Muñoz como Teseo. No nos sorprende, de nuevo, notar enseguida la pequeña pantalla con sus actores en el escenario.
Enrique Centeno__________________________________________
Autor: Juan Mallorga (versión de Eurípides)
Intérpretes: Ana Belén, Alicia Hermida, Fran Perea, Chema Muñoz,
Javier Ruis de Alegría, Daniel Esparza.
Escenografía: Francisco Leal, J.C. Plaza.
Vestuario: Pedro Moreno.
Música: Mariano.
Dirección: José Carlos Plaza.
Teatro: Bellas Artes (27.9.2007).
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