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Autor: A.J. (Alberto Jiménez (?))
Intérpretes: Jorge Cuenca, Alberto Jiménez,
Intérpretes: Jorge Cuenca, Alberto Jiménez,
Luis Latovce, Ascen López, Lourdes Mas.
Músicos: Antonio Gómez, Nati Granados, Abtin Shamsaifar.
Escenografía: Mónica Rhüle.
Dirección: Alberto Jiménez, Rosa Manteiga.
Teatro: Sala Cuarte Pared. (5.7.2007)
Músicos: Antonio Gómez, Nati Granados, Abtin Shamsaifar.
Escenografía: Mónica Rhüle.
Dirección: Alberto Jiménez, Rosa Manteiga.
Teatro: Sala Cuarte Pared. (5.7.2007)
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El título de este Nada es casual, hace suponer que se refiere a una trilogía de A.J., cuyas iniciales deben pertenecer al propio autor y director de esta obra.Hay una soga colgada en algún sitio –en una altura- y un trampolín; uno corre, otra salta a la comba y se columpia; luego, con ciertas acciones, un hombre se va quejándose y se encuentra con su padre, y ambos se dirigen frases, en monólogo inconcretos. Poco a poco, van envolviéndose con un ancho film, como el que los tenderos utilizan para los alimentos. Una especie de michelín que les va permitiendo añadirle tomates -sí, tomates- para, finalmente, tirarse al suelo donde revientan como tripas. Esta es la original idea.
La obra busca la ruptura con un estilo copiado a otro autor que conocemos -con pánico-, para conseguir un efecto pretendidamente escandaloso o violento. No debemos calificarlo como cruel, para no confundirlo con el Teatro de la Crueldad, de Artaud. Les encanta permanecer fuera de la realidad y la ausencia de reflexiones o compromisos. Este sistema ya se viene haciendo. Y contienen cierto sentido al intentar la protesta o rebeldía contra nuestra sociedad. Suelen escribir o montar – lo llaman “propuesta”- estas obras incapaces de hacer un simple monólogo teatral. Ya sabemos que la acción, construcción, diálogos o silencios son términos abiertos y creados por los grandes autores de los años 30 a los 50. Otra ausencia en esta función es la necesaria interpretación de actores. Hay también aquí tres músicos, que desde un lateral hacen un pom-pom-pom con sus tambores de procesión o navideños.
La idea le ha debido surgir a A.J. sin duda para expresar sus ansias o preocupaciones. En todo caso, no ha sabido cómo representarlo en un escenario. Es esto chocante, porque nos referimos a un buen actor que ha salido a escena con obras de Ionesco, Valle-Inclán, Williams y otros. Pero no es lo mismo interpretar a los autores que pretender, sin más, organizar un texto, sus diálogos, desarrollo, final, texto interior, etc. El resultado de esta función el lamentable.
Enrique Centeno
Enrique Centeno
El teatro de La Abadía se convierte en el portal de una iglesia para su correspondiente drama sacro, con una obra del siglo 



Tenía
s recordó tanto la ciudad del 
La lectura de La peste (1947), de 


