jueves 31 de diciembre de 2009

Nada es casual (3) ●

__________________________________________
Autor: A.J. (Alberto Jiménez (?))
Intérpretes: Jorge Cuenca, Alberto Jiménez,
Luis Latovce, Ascen López, Lourdes Mas.
Músicos: Antonio Gómez, Nati Granados, Abtin Shamsaifar.
Escenografía: Mónica Rhüle.
Dirección: Alberto Jiménez, Rosa Manteiga.
Teatro: Sala Cuarte Pared. (5.7.2007)
__________________________________________

El título de este Nada es casual, hace suponer que se refiere a una trilogía de A.J., cuyas iniciales deben pertenecer al propio autor y director de esta obra.
Hay una soga colgada en algún sitio –en una altura- y un trampolín; uno corre, otra salta a la comba y se columpia; luego, con ciertas acciones, un hombre se va quejándose y se encuentra con su padre, y ambos se dirigen frases, en monólogo inconcretos. Poco a poco, van envolviéndose con un ancho film, como el que los tenderos utilizan para los alimentos. Una especie de michelín que les va permitiendo añadirle tomates -sí, tomates- para, finalmente, tirarse al suelo donde revientan como tripas. Esta es la original idea.
La obra busca la ruptura con un estilo copiado a otro autor que conocemos -con pánico-, para conseguir un efecto pretendidamente escandaloso o violento. No debemos calificarlo como cruel, para no confundirlo con el Teatro de la Crueldad, de Artaud. Les encanta permanecer fuera de la realidad y la ausencia de reflexiones o compromisos. Este sistema ya se viene haciendo. Y contienen cierto sentido al intentar la protesta o rebeldía contra nuestra sociedad. Suelen escribir o montar – lo llaman “propuesta”- estas obras incapaces de hacer un simple monólogo teatral. Ya sabemos que la acción, construcción, diálogos o silencios son términos abiertos y creados por los grandes autores de los años 30 a los 50. Otra ausencia en esta función es la necesaria interpretación de actores. Hay también aquí tres músicos, que desde un lateral hacen un pom-pom-pom con sus tambores de procesión o navideños.
La idea le ha debido surgir a A.J. sin duda para expresar sus ansias o preocupaciones. En todo caso, no ha sabido cómo representarlo en un escenario. Es esto chocante, porque nos referimos a un buen actor que ha salido a escena con obras de Ionesco, Valle-Inclán, Williams y otros. Pero no es lo mismo interpretar a los autores que pretender, sin más, organizar un texto, sus diálogos, desarrollo, final, texto interior, etc. El resultado de esta función el lamentable.
Enrique Centeno

lunes 28 de diciembre de 2009

Misterio del Cristo de Los Gascones ***

__________________________________________
Dramaturgia y dirección: Ana Zamora.
Diseño y realización del Cristo: Coso, Krog, Faraco.
Intérpretes: Elvira Cuadropani, Davis Faraco,

Alejandro Següenza, Nati Vera.
Músicos: Alicia Lázaro (vihuela y zanfona).
Eva Jornet / Elvira Pancorbo (flauta, cornamusa y chirimía).
Isabel Zamora (espinata y cornamusa).
Alicia Lázaro (vihuela).
Sofía Alegre / Laura Salimas (gamba).

Compañía Nao d’amores.
Teatro: La Abadía. (29.3.2007)
___________________________________________

El teatro de La Abadía se convierte en el portal de una iglesia para su correspondiente drama sacro, con una obra del siglo XV. El texto corresponde a breves poemas religiosos referentes a la vida o biografía de Jesucristo. De aquella obra del Renacimiento, apenas se conservan versos y tampoco músicas. Menos aún el personaje principal: una imagen de Cristo fallecido, que durante un tiempo perteneció a la iglesia segoviana: se peleó por la posesión de la estatua –en madera-, y terminó admitiéndose que correspondía a los pueblos franceses gascones que allí residieron.
La función reduce esta historia cristiana a la duración de una hora, con breves momentos de aquella vida. Todas las escenas son protagonizadas por muñecos movibles manejados por manipuladores habilísimos ante una cámara negra, como sus vestidos. La construcción es una preciosidad, a tamaño real. Sus músicas y adaptaciones, dirigidas por Ana Zamora, obligan al espectador a un silencio total, en la original iglesia del La Abadía. La función se escucha en versos leídos o recitados por cuatro intérpretes. Siempre con el hermoso sonido de los instrumentos: vihuela, zanfona, chirinía, cornamusa o violín da gamba, entre otros. El viaje de este muñeco-imágen se envuelve desde el paso hasta la crucifixión. Uno, admirador de este sacro espectáculo, tiene la sensación de que intentan hacerle creer en esta religión, que nos enseñan en días ya de Semana Santa. En todo caso, como arte, llenamos la sala se aplausos ante el sorprendente espectáculo.
Enrique Centeno

Mar y cielo ***

_____________________________________
Autor: Ángel Guimerá.
Adaptación y dramaturgia: Xavier Bru, Joan Lluís,
Anna Rosa Cisquella, Miguel Periel.
Intérpretes: Carlos Gramaje, Julia Möller, Ferran Frauca,

Jose Ricardo, Anna Moliner, Carlos Álvarez,
Sergi Albert, Óscar Mas, Víctor Ullate, y otros.
Música y dirección de orquesta: Albert Guinovar.
Escenografía y vestuario: Isidre Prunés, Montse Amenós.
Dirección: Joan Lluís Bozzo.
Compañía Dagoll Dagom.
Teatro: Gran Vía. (17.10.2006)

_____________________________________

El imposible amor del moro Said y de Blanca, su dulce cautiva cristiana, es el centro del drama Mar y cielo, última producción de la compañía catalana Dagoll Dagom. En una escena preliminar, de cuarenta años antes, se muestra al valido Duque de Lerma dictando el decreto de la expulsión de los moriscos, que provocaría la salida de 250.000 de ellos: un acontecimiento que parece explicar el odio racial y religioso que impedirá ahora el anhelo amoroso de los protagonistas. El cuento transcurre unas décadas después de la batalla de Lepanto, como máximo exponente del enfrentamiento hasta la derrota musulmana. Mar y cielo sirve teatralmente para mostrar una enemistad en la que, sin embargo, se emparejaron multitud de ellos con numerosos mestizos. Son aquí Said y Blanca quienes luchan y resisten contra la oposición de los pueblos cristianos.
Aunque quizá lo que verdaderamente importa en este montaje es el singular espacio donde se desarrollará la acción: una gigantesca nave reproducida con asombrosa fidelidad y que se desplaza, oscila, gira y se agita en un verdadero alarde técnico que produce el asombro al espectador. En la cubierta, o maniobrando junto al timón, sobre las jarcias, velas y vergas del monstruo escénico, los actores de Dagoll Dagom maniobran, saltan o danzan con habilidad malabarista, y cantan a través de sus micrófonos inalámbricos, en posturas y actitudes típicas del drama de aventuras de nuestra niñez. Una iluminación efectista, sin recato alguno, completa una plástica cuya espectacularidad supera cualquier otro espectáculo visto en nuestras tablas. Hace 25 años lo montó esta compañía; lo estrenó en Barcelona y vino después a Madrid -1989- entusiasmando a todos, y ha querido celebrarlo reponiéndolo ahora.
La búsqueda de efectos alcanza igualmente a la interpretación, basada en la composición coreográfica y la brillantez estética de rostros y hermosas coreografías. En cuanto al texto, se borra casi por completo el texto de Ángel Guimerà, que escribió Mar i cel -en lengua catalana- en 1888. Casi toda la historia la cuenta Dagoll Dagom por medio de canciones. Con la música en directo, sin trampa ni cartón, también insólito en nuestro teatro, aunque copia estilos colonialistas aprovechando, sin duda, aquellos estilos que el público aprueba: los ritmos y melodías de Broadway. Emulaciones perfectas de los musicales americanos. Sin evocaciones de la tradición mora y cristiana mediterránea. En cualquier caso, el espectáculo envuelve, arrastra y emociona a pesar de una insuficiente poesía en versos abundantes en ripios. Durante meses han obtenido un completo éxito en Barcelona y deben conseguirlo igualmente en Madrid, donde se representa en castellano.
Enrique Centeno

miércoles 23 de diciembre de 2009

Los productores ***

_________________________________
Libreto: Mel Brooks y Tomas Meehan.
Música y letras: M. Brooks.
Intérpretes: Santiago Segura, José Mota,
Fernando Albizu, Miguel del Arco, Ángel Ruiz,
Dulcinea Juárez y otros.
Escenografía: Jon Berrondo.
Vestuario: Alejandra Robotti.
Iluminación: Ariel del Mastro.
Coreografía: Karen Bruce.
Dirección: BT McNicholl.
Teatro: Coliseum. (13.9.2006)

_________________________________

Una vez más, los disparates de Mel Brooks provocan la carcajada. Más allá del Frankestein de su película, el Hitler y su espectacular montaje sobre aquel alemán es, quizá, lo más gigante visto en nuestros teatros. También puede afirmarse que estamos ante el musical superior a todos los que han sido representados en Madrid, traídos de Broadway. El personaje del Productor, Max Bialistock, que interpreta Santiago Segura, parecería ser él mismo, debido al conocido Torrente de sus películas, donde hace de golfo, tramposo, fascista y gordo salido. Tal es ese Empresario del musical, junto con otro excelente cómico, José Mota. El argumento trata de poner en escena una obra pésima porque, según los personajes, será inevitablemente horrorosa, y por ello mismo obtendrá millones en trampas económicas a Hacienda. Los dos productores se encuentran, sin embargo, con que la obra sobre Hitler obtiene el gran éxito que no deseaban, gracias a ese personaje que finge ser un actor, Franz Liebkin, y que interpreta muy bien Fernando Albizu.
La numerosa y perfecta compañía y la brillante orquesta destacan ante una escenografía rica, lujosa e infalible en sus continuos cambios. Son el conjunto de elementos para carcajearse con el viejo texto de Brooks y de su letrista, Tomas Meehan. El espectáculo lo dirige BT McNicholl, autor de este montaje que creó en Broadway. Las canciones logran ese humor gracias al juego de voces casi de zarzuela barata, sobre todo en Santiago Segura y en José Mota, que llega incluso a cantar en sus posibles tonos.
Enrique Centeno

Leonor de Aquitania *

______________________________
Autor: A. Méndez.
Intérpretes: Marta Puig, Alfredo Cernuda,
Daniel Muriel, Mar Bordallo.
Dirección: Mercedes Lezcano.
Teatro: Galileo. (15.9.2006)

______________________________

Ha provocado varios textos este llamativo personaje de Leonor de Aquitania -siglo XII-, representado ya en teatro con El león en invierno, de James Goldman, y después pasado al cine. Esta complicada duquesa de Aquitania pasó, jovencísima, a ser consorte del rey francés Luis VII, tras muchos años de desencuentros y de infidelidades. Anulado su matrimonio, se casó con el rey de Inglaterra Enrique III, también con amantes y enfrentamientos, intentando situar a sus hijos entre traiciones políticas y violencia. En la historias de Leonor hay lo mismo realidades como falsedades entre invenciones. Es uno de los reyes Enrique, cuyo drama no escribió Shakespeare, y sin duda se ha imitado en la actualidad.
Al autor de esta obra, A. Méndez –nos dijeron después que se trataba de uno de los actores-, le ha atraído Leonor, y casi toda la función es el lucimiento de la actriz, que va relatando su vida dolorosa. Es un espectáculo austero, apenas con dos muebles ante una cámara negra, y un sencillo vestuario. La función carece de sentido dramático, ni siquiera se consigue con la dura interpretación de María Puig -buena actriz-, con pretendidos parlamentos sociales. También trabajan correctamente los otros tres intérpretes, en escenas aisladas. La apreciada directora, Mercedes Lezcano, muy poco puede hacer con esta obra elegida o encargada.
Enrique Centeno

sábado 19 de diciembre de 2009

La viuda valenciana *

____________________________________
Autor: Lope de Vega.
Dramaturgia y adaptación: Antoni Tordera.
Intérpretes: Alicia Ramírez, Cesca Salazar,

Alegre, Pepe Miravete, Jaime Linares, José Montesino,
Paco Gisbert, Juanjo Prats, Panchi Vivó, Fran Guinot
Juansa Lloret, Reyes Ruíz.
Escenografía: Manuel Zuriaga y Josep Simón
Vestuario: Pascual Peris.
Iluminación: Juanjo Llorens.

Dirección: Vicente Genovés.
Teatres de la Generalitat.
Teatro: Pavón. (19.12.2009)

____________________________________

Tenía Lope de Vega 28 años cuando fue desterrado de Madrid. Fue un trolero que, por interés personal, difundió la falsa inmoralidad de una dama. Tal fue la razón de que el comediante fuera alejado de Madrid. Marchó a Valencia, y allí permaneció, durante dos años, sin cesar de escribir. Le fascinó –como a todo el mundo- esa ciudad alegre y teatral. De Castilla al Mediterráneo, el Fénix ambientó sus obras de capa y espada o de amor. A veceAñadir imagens recordó tanto la ciudad del Turia -tópica denominación de su río, al que se cerró su caudal-, que la dedicó otros títulos. Uno de los mejores, años después, fue Los locos de Valencia. Se montó en la Compañía Nacional de Teatro Clásico - la de entonces, en 1986- con un brillantísimo espectáculo.
La viuda valenciana ha sido montada por los Teatres de la Generalitat, y pensábamos ver esta historia de disparatados enredos junto al mar de esta ciudad de cielo azul mediterráneo y alegres vestuarios. Pero no se ha querido hacer así, sino en una escenografía útil, arquitectónica, en madera desnuda, que ofrece un juego divertido de entradas y salidas, arcos y dos alturas. La idea es imitar un corral de comedias, en lugar de una ambientación coloreada y brillante. Todo ese tono marrón apaga la diversión en una gris viuda que se le ocurrió a Lope tras contemplar los carnavales.
La compañía recibe al público en el patio de butacas, alegre, invitando a la diversión. Esto no nos hace mucha gracia. Se inicia la función con una música –grabada- con la que se monta un vivo juego que anuncia el comienzo del carnaval. El enredo es divertido, con una cierta movilidad de actores con máscaras y jácaras guasonas, aunque no consigue el festival. Sus vestuarios son desairados en telas mates, aburridas y sosas. Es una compañía más entusiasmada en las gracias que en la lealtad a los versos: los textos se escuchan mal, se grita continuamente en voces desacordadas, lo mismo en un enfado, un amor o en las confidencias; recitan los versos, en otras ocasiones como si quisieran contar al público esos personajes desaparecidos. El papel de la frívola y atractiva Celia, lo hace estupendamente la actriz Reyes Ruíz, sin caer en movimientos forzados. Podrían mirarla bien tanto la viuda como el mujeriego, o ser dirigidos con más sabiduría. La función se aceptó sin entusiasmo.
Enrique Centeno

jueves 17 de diciembre de 2009

Las brujas de Salem *

______________________________________
Autor: Arthur Miller.
Versión: Alberto González Vergel.
Intérpretes: Lia Chapman, Manuel Aguilar,
María Adánez, Virginia Méndez, Victoria Rodríguez,
Manuel Brun, Inma Cuevas, Carmen Mayor,
Sheilar González, Sergi Mateu, Carmen Bernardo,
José Albiach, Juan Ribó, Marta Calvó, Isasi,
Arriero, Francisco Grijalvo.
Iluminación: González Vergel, Paco Ariza.
Escenografía y Vestuario: José Miguel Ligero.
Dirección: Alberto González Vergel.
Teatro: Español (1.6.2007).
_______________________________________

Por segunda vez , ha repuesto el director Alberto González Vergel una de sus obras preferidas, Las brujas de Salem, con la que ha decidido, a los 83 años, despedirse de la actividad teatral. Comenzó en el teatro universitario –TEU- montando a los clásicos y contemporáneos españoles y extranjeros. Ha sido uno de los principales directores que se ocuparon de los dramaturgos más importantes de nuestro realismo. Montó textos imprescindibles en nuestra historia teatral, desde Buero Vallejo ( La doble historia del Doctor Valm o Jueces en la noche) a Afonso Sastre (con La sangre de Dios, La mordaza) o a Lauro Olmo (con Englich Sooken, La condecoración, y La camisa, un enorme éxito en 1962, al que se concedió el Premio Nacional de Teatro). Director, fundador de compañías, profesor y realizador de televisión, Vergel ha dado a conocer muchísimas obras aquí desconocidas. Pertenece así a la historia de nuestra escena.
Llegó a España Las brujas de Salem en 1956 –dirigida por José Tamayo-, tres años después de que Arthur Miller la estrenara en Broadway. Fue allí una respuesta y rebelión a la persecución de la Comisión de Actividades, aquella censura y detenciones a los intelectuales que, en aquellos años, sufrieron la conocida Caza de brujas. Entre nosotros conocíamos la represión de la censura, una lucha continua en España y que en esta obra poseía el valor de la de resistencia. Vergel volvió a reponerla años después, e insiste hoy en que sobreviven las brujas del siglo XVIII a las que Miller trasladó hacia sus Estados Unidos.
Es necesario dedicar estas líneas a González Vergel, porque es injusto, aisladamente, calificarle en este espectáculo que acaba de verse en el Teatro Español. Se trata de una puesta en escena que nos sirve, únicamente, para saber cómo fue la creación teatral de hace medio siglo. Lo cierto es que la función resulta flojísima, tanto en la dirección como en el conjunto de intérpretes que llegan casi a hacer el ridículo -especialmente las actrices-, probablemente debido a la mala dirección de actores, y esto es una traición. Escenografía primitiva, torpe iluminación, con equivocado ritmo.
Vergel dirigió el Teatro Español hace cuatro décadas, y sólo justificamos este estreno concedido como homenaje o despedida a su trabajo.
Enrique Centeno

martes 15 de diciembre de 2009

La última noche de la peste **

____________________________________
Autor: Juan Diego Botto.
(Basada en La peste, de Albert Camus)
Intérpretes: Raúl Arévalo, Manuel Solo.
Escenografía: David Diego, Antonio Hertenberger.
Dirección: Víctor García León.
Teatro: El Mirador. (17.5-2007)

____________________________________

La lectura de La peste (1947), de Albert Camus, ha inspirado a Juan Diego Botto para La última noche de la peste, obra acerca de la asfixia, el aislamiento y la soledad de sus dos únicos personajes. El texto forma una multiplicidad de escenas que interpretan los dos actores. Al comenzar la función, se muestra, brevemente, un espacio policial para la confesión y tortura de uno de ellos. Y su hermano, también detenido, permanece en el interior, a quien conoceremos más tarde. Tras el inmediato oscuro -es el procedimiento de continuas rupturas - van creándose situaciones en las que el autor padece o aprovecha la influencia de diversas y claras tendencias: domina la del dramaturgo colombiano Enrique Buenaventura, uno de los grandes maestros, y después la del conjunto del teatro del absurdo, sobre todo el de Beckett, como Fin de partida o Esperando a Godot, con la atacante ironía política y la de los explotadores.
La soledad de estos dos personajes transcurrirá en una casa cerrada, sin puertas que permitan salir al exterior. Entre estas cuatro paredes, cuenta Juan Diego Botto que intentan, juntos, crear un guión, o texto, para un montaje teatral, lo que no lograrán conseguir. Se utilizan citas y discusiones sobre el propio teatro, lo cual se rellena interminablemente con la ideología y la política. Entre sus relaciones entre mensajes o mitos, la madre: uno ellos nos recuerda bien a un propio Edipo. (Por supuesto, este edipismo nada se relaciona con Cristina Rota–madre de Botto-, argentina conocedora de las torturas y asesinatos y directora de la sala Mirador, sede del Centro de Nuevos Creadores donde se ha estrenado este montaje).
La última noche de la peste es una función similar a una lección de clase en esta escuela de interpretación. Raúl Arévalo y Manuel Solo son dos actores bien enseñados para crear personajes sin reprimir el lucimiento, para que se les vea bien y se admiren sus buenas voces. Hay espectadores a los que les place los escaparates, como se demuestra aquí al final, con muchísimos aplausos en el estreno (también con silbidos, puede que en esta escuela no sepan aún que ello es un signo de protesta).
Enrique Centeno

jueves 10 de diciembre de 2009

La isla del tesoro **

_______________________________
Autores: Con textos de Handke, Neruda,
Joan Barril, Joan Ollé.Intérpretes: Isabelle Bres, Karla Junyent,
Ester Nadal.
Dirección: Ester Nadal, Joan Ollé.
Teatro: La Abadía (11.1.2007).

_______________________________

Estas actrices, Isabelle Bres, Karla Junyent y Ester Nadal, lanzan, limpiamente, voces de cuerdas concertadas, y van dejándonos escucharlas como una música de palabras enlazadas, textos levísimos, a veces con abundantes dichos aprendidos. Ocupan su sofá rojo -sofisticado-, con vestidos negros, y un atril –trillador de poemas- donde miran hojas, hijuelas: así podríamos referirnos al tesoro y la curiosa sucesión de palabras. Se trata de un trío con claves entrelazadas. Obra breve -una hora-, un auto de mínimas escenas e ingeniosas acciones: se enriquece lo que parece inútil, y las palabras sorprenden y desconciertan al escuchador, o espectador, que también se siente provocado.
(Hace casi cuatro décadas, hubo en España una compañía, rompedora, de música, poesía y escritura, montando obras extrañas, desconcertantes entre lo absurdo y la provocación. Aquellos verdaderos genios se llamaron así: ZAJ, provocadores y escandalosos. Recordamos una batalla entre el patio de butacas, lleno, y la escena vacía: números de inquietud en los que cada autor lanzaba su happening. Por ejemplo, en el silencio total, un actor pelaba lentamente una manzana y, poco a poco, se la iba comiendo para después marcharse. En un caballete, se había dibujado ya el título: Guillermo Tell. El público se miraba, no podía reaccionar y, al cabo de un rato, dedicaba con entusiasmo fuertes aplausos.
Es una lingüística basada en la ruptura –cómo no, con referencias del dadá-, que funciona a partir de verbos, nombres, letras, relaciones, variados significados de familias y tantos más que cambian continuamente. También alguna canción o poema -Serrat o Neruda-, en voces musicales o proyectadas mentalmente, y comunicaciones entre sordomudos con las manos y sus labios.
Estas tres personas –son brillantes actrices- , o cosas, comunican lo que ya sabemos, como esas canciones citadas: “Ahora que vamos despacio/ vamos a contar mentiras…”, hasta causar el humor absurdo, la ironía y la inquietud. Y se llegará al final, indicando así : “El último que salga, que apague la luz”.
Se pueden dar diversas opiniones y valoraciones sobre esta ironía titulada Isla del tesoro, pero nadie podrá negar la formidable interpretación de las tres jugadoras, en manos de sus creadores y directores, Ester Nadal y Joan Ollé, aunque lo atribuyen a ciertos autores –véase la ficha- de un modo lejanísimo y brevísimo, sin motivo para mencionarlos.
Enrique Centeno

martes 8 de diciembre de 2009

Drácula *

_____________________________________
Autor y dirección: Ignacio García May.
Basada en la novela de de Bram Stoker.
Intérpretes: Eduardo Aguirre, José Luis Alcobendas,
Rocío León, Rafael Navarro, José Luis Patiño,
Iñaxi Rikerte, Rosa Savoini Xenia Sevillano.
Música: Eduardo Aguirre de Cárcer.
Escenografía: Alicia Blas.
Iluminación: Luis Perdiguero.
Vestuario: Ana Sebastián.
Teatro: Valle-Inclán (CDN). (3.12.2009)
_______________________________________________

Vamos viendo en muchos montajes, supuestamente contemporáneos, unas escenografías a base de tablas y paredes de madera, que lo mismo podrían servir para una función que para otra. Era una excepción la última y estupenda de Don Carlos; generalmente, las ideas parecen ser inspiradas en los viajes a los centros del Leroy Merlin. Pero en este Drácula admirábamos a la escenógrafa Alicia Blas – desconocemos sus otros trabajos-, con una rica fantasía de ambientes, espacios y cambios ágiles en las diferentes escenas. Altos paneles, sencillos y sugerentes, que se giran creando diferentes paisajes: un jardín, un salón o un misterioso lugar interior. Estos elementos se combinan con un gran decorado, hermano, con preciosos paños envarillados. Es lo más valioso de este espectáculo, al que se une también el arte de la iluminación de Luis Perdiguero, integrándose y valorando la escenografía y los personajes: sombras, tinieblas, radiaciones de espectros con retratos de luz. Es también justo aplaudir el vestuario de Ana Sebastián.
Pues ya deberíamos haber llegado al final.
Con la historia de este popular Drácula, de Bram Stoker, el autor García May ha imitado un cierto romanticismo, con algún sentido gótico. El pobre argumento y su lenguaje estético nos hace pensar que en el mismo Centro Dramático Nacional, donde se estrena esta obra, se encuentra la segunda sala, llamada, como homenaje, Francisco Nieva. En este autor podrán, realmente, aprender a escribir y crear nuevos estilos góticos y esperpénticos, entre ellos su Nosferatu . Los intérpretes hacen poca cosa; nada; de primer curso, aunque bien sabemos que alguno de ellos es un buen actor. La dirección pertenece al propio autor, con todos allí quietecitos o falsos, sin saber cómo salir, entra o crear a sus personajes. Se han aprendido muy bien las palabras, frases recargadas entre los cultismos de García May: gozándose con cosa digna; con la beldad divina; con el azahar de perfumes; aposentados en sus leves halagüeñas sonrientes. Espectadores cercanos se miraban entre ellos, otros admirábamos el decorado escuchando la música clásica. Alguno se iba, se aplaudió al final sin fuerza; salieron los artistas casi inmediatamente, pero el público ya se marchaba por los pasillos.
Enrique Centeno

domingo 6 de diciembre de 2009

Glengarry Glen Ross **

_______________________________ Autor: David Mamet.Intérpretes: Carlos Hipólito, Ginés García Millán,
Alberto Giménez, Andrés Herrera, Gonzalo de Castro,
Jorge Bosch, Alberto Iglesias.
Escenografía: Andrea D'Odorico.
Vestuario: Ana Rodrigo.
Iluminación: Paco Ariza.
Versión y dirección: Daniel Veronese.
Teatro: Español. (3.12.2009)
__________________________________


Empresas con este nombre, como otras muchas, utilizó David Mamet para retratar ese mundo de los negocios. En Estados Unidos, esta obra -de gran éxito-, mostraba el paisaje de los vendedores, aquí una firma inmobiliaria, con su director y un furioso equipo de hábiles colocadores de ventas. Se estrenó Glengarry Glen Ross hace quince años, y fue más tarde (1992) pasada al cine. Otro éxito que, igualmente, llegó a España con el acertado subtítulo de Éxito a cualquier precio. Un tiempo en el que este texto nos mostraba a unos negociantes personajes cuya existencia sospechábamos; muy poco después, ya conocíamos la realidad de ese mundo.
Los siete personajes pertenecen a este siniestro despacho en el que se asciende, o se baja – ganadores o perdedores-, según las zancadillas, golpes o puntapiés. Es una obra casi exclusivamente textual, conversaciones y discusiones construidas con esa genial dramaturgia de Mamet. Obliga a escuchar, atentamente, la pelea y la mentira, atrapando al público, con imprescindibles grandes actores. Es natural que pensáramos en el impresionante reparto de la película; ciertamente, nuestros siete actores hacen un trabajo coral magnífico, brillante.
El director, Daniel Veronese, tiene la fortuna de contar con tantos talentos, y lo aprovecha muy bien para mantener o hacer crecer las tensiones; entre enfrentamientos, llantos, mentiras, traiciones y estafas. Hoy, la obra se contempla asintiendo esa realidad. Nuestros autores –sobre todo los jóvenes-, muchos de ellos excelentes, huyen del realismo social; prefieren crear historias fantásticas o pasadas. Los directores recurren así a títulos del teatro norteamericano. Sólo recordamos a un escritor español, Jordi Galderán –catalán- en la conocida obra El método Gronholm, también pasado al cine. Son excepciones. Mamet es siempre ejemplar, y preferíríamos ver nuestros escándalos; Glengarry Glen Rosse no es una imaginaria empresa. Son realidades cercanas, como recientes escándalos inmobiliarios con fichas de cliente para la corrupción, como el político del Bigotes o negociantes ambiciosos como el Pocero, y de alcaldes hasta llegar a Presidentes de autonomías. Esta obra teatral escenifica la compra utilizando obsequios como un Cadillac. Andan por aquí regalos para ladrones, cohechos con trajes a medida, relojes de lujo, palacetes o mansiones junto al mar de nuestras islas. Una geografía de corrupción –cuántos y cuántas negociantes- sin que Mamet conozca nuestro reino de los ladrillos, de empresas que hunden a todos. Se sale de este espectáculo, entre burlas, sonrisas y un sentimiento dulce por su acusación y amargo por la realidad.
Enrique Centeno

martes 1 de diciembre de 2009

La marquesa de O *

______________________________
Autor: Heinrich von Kleist.
Versión de Emilio Hernández.
Intérpretes: Juan José Otegui, Tina Sáinz,
Josep Linuesa, Amaia Salamanca.
Vestuario: Helena Sanchís.
Escenografía: Javier Rúiz de Alegría.
Música: David San José.
Iluminación: José Manuel Guerra.
Dirección: Magüi Mira.
Teatro: Bellas Artes. (26.11.2009)
______________________________

El breve relato de La marquesa de O, lo escribió Heinrich von Kleist (1777-1811) en la juventud, y se trata aquí de la adaptación teatral. Un juego que pasó al cine -hace ya treinta años- Eric Rohmer con su habitual sensibilidad. En esta versión de Emilio Hernández, y con la dirección de Magüi Mira, se entremezcla el humor y el amoroso romanticismo, tal vez un atrevido argumento en aquella época: la viuda marquesa que se queda embarazada sin que nadie pudiera averiguar nunca el origen de este acontecimiento, y que ni ella misma supo comprender. Es lo más humorístico de esta especie de farsa en la que se desea, también, el sentimentalismo. Se trata de un militar, ruso y conde, cuyo ejército produjo el incendio de la mansión familiar de la marquesa: la salvó, salió con ella en brazos, desmayada, y la contempló haciendo su mutis con los ojos ardientes. Hechizado -solamente con su visión-, tras la guerra regresó a este país vencido, para declararle su apasionado deseo.
La puesta en escena es verdaderamente aburrida, sin el menor interés ni riqueza estética. El capitán, de uniforme, es atractivo, potente -y, al mismo tiempo algo idiota-, cercano a la burla, y lo interpreta el actor Josep Linuesa –le hemos visto bien en otros montajes-, y la conocida guapa –en la televisión-, Amaia Salamanca, que intenta imitar a la Marquesa de O. La pareja se las trae, incluyendo algunas escenas de cuento infantil, con contraluces y vuelos de dibujos animados.
Una función que puede salvarse por los padres, El Coronel y La Coronela. La actriz, Tina Sáinz, inteligente, crea un personaje curioso, pacificador, con guiños al público y a la parejita. Quien arrastra la obra, y la salva, es Juan José Otegui. Ese padre furioso, indignado ante un ruso, da un giro a la cursi comedia; con un talento que le permite la ironía, buscando los disparates y las diversiones, convirtiendo al coronel en un tipo disparatado. El público espera siempre su texto, sus gestos, sus voces y miradas que van superponiendose a esa pareja.

_______
Juan José Otequi (1936) ha anunciado su decisión de no continuar actuando en el teatro. Siempre, aparentemente silencioso, ha sido un grandísimo actor. No es lo mismo ser una estrella, que deslumbrar las tablas. Se le pidió una vez –hace ya tantos años- que interviniera en un grupo de teatro universitario, en Madrid, y lo aceptó. Cada uno de ellos iría después por sus caminos profesionales. En una ocasión se le preguntó a qué iba él a dedicarse. Contestó simplemente y con voz firme: “Yo soy actor”. Nada se le pudo responder. Y pronto lo comprendimos al verle, genialmente, en formidables funciones, muchas con los grandes directores, como Adolfo Marsillach, Lluís Pasqual, José Luis Gómez, Ariel García Valdés o Jorge Lavelli. Siempre formidable, admirado y vital en los montajes. El Teatro Campoamor, de Oviedo, en el que él nació, le ha dedicado el camerino 1. Hemos ido siempre a sus estrenos, y siempre ha dado lecciones. Sólo una cosa nos enfadada: que dejemos de verle, de disfrutar su trabajo. Ojala cambie de idea.
Enrique Centeno