sábado, 31 de julio de 2010

Conversación con Primo Levi **

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Autor: Ferdinando Camon.
(Adaptación teatral: Mercedes Lezcano).
Intérpretes: Manuel Galiana, Víctor Valverde.
Escenografía y vestuario: Javier Aoiz.
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo.
Dirección: Mercedes Lezcano.
Teatro: Círculo de Bellas Artes. (12.1.2006)
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Tal como se cita en la proyección sobre el montaje, Levi, víctima como los cientos de miles de torturados y asesinados por el nazismo, se suicidó en 1987. Como judío italiano, actuó como partisano, y así cayó prisionero y enviado a Auschwítz. Sobre la pantalla vemos escenas de la persecución del poder alemán desde el inicio en La noche de los cristales hasta los hornos crematorios y los cadáveres triturados convirtiéndolos en tierra para construir sus caminos. Él salió vivo, y de sus experiencias escribió y concedió después una larga entrevista al autor Ferdinando Camon. Por ejemplo, confiesa que, en su interior, al regresar a Alemania tras la guerra, no consiguió comprender aquel país: su propia civilización no era capaz de comprender a Hitler.
De sus pasadas crueldades, escribió Levi varias obras, y fue siempre incapaz de tener fe en Dios. Sufrió los asesinatos de los nazis, y contempló –descendiente de Jacob- la represión de Israel sobre los palestinos. Aquellos crímenes de su propio pueblo, de su raza pero no de su religión –que él no poseyó nunca- terminaron por causarle tanta vergüenza, que se lanzó por el patio de su casa.
Aquella larga entrevista ha servido para crear esta obra de teatro. Están los dos juntos, solos, haciendo Camon las preguntas y provocando en Levi largos monólogos. Se añaden al montaje proyecciones con escenas actuales de la guerra con Palestina. En el limpio y desnudo espacio, ofrecerán Manuel Galiana –Primo Levi- y Víctor Valverde –Ferdinando Camon- , una perfección que bien conocemos, esas ricas y musicales voces que ya vamos teniendo cada vez menos en nuestros teatros. Son sencillos focos, zonas cenitales circulares que en la desnudez encogen los textos en este espectáculo que Mercedes Lezcano dirige inteligentemente en su elegida austeridad.
Enrique Centeno

Cuentos de Burdel *

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Autor y director: Miguel Hermoso.
Intérpretes: Beatriz Carvajal, Miguel Rellán,
Charo Zapardiel.
Escenografía y vestuario: Rafael Garrigós.
Iluminación: José Manuel Guerra.
Teatro: Maravillas. (12.2.2006)
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La comedia no es de cuento. Tampoco es un burdel. Es el interior típico de salón: el domicilio burgués de un escritor solterón -lo hace Miguel Rellán-; con la mujer de la limpieza -Beatriz Carvajal-, curiosa y cotillona, y la representante de la editorial –Charo Zapardiel-, que va a ayudar al escritor a soltarse  del atasco que tiene en su nuevo libro.
    El espectáculo consiste, fundamentalmente, en el lucimiento de la cómica actriz. Carvajal es capaz de provocar las carcajadas en esta historieta. Esta tal mujer, “Rosa”, resulta proceder de la prostitución, además, practicada en su pueblo de Calatayud (donde se cantó “Pregunta por la Dolores”, esa popular copla de “que es una chica muy guapa/ y amiga de hacer favores”). Ahí van las voces y las imitaciones de los dialectos o hablares de las regiones, en este caso el aragonés. Todos ellos lo hacen con gracia, como en los programas de TV o la obra misma de Antonio Gala, El hotelito, también representada en este teatro Maravillas ya hace dos décadas. Su gracia, sus "morcillas” en escena, son un arte especial de la actriz. (de rica profesionalidad, como en el drama último en el que vimos a Carvajal, Cierra bien la puerta, de Amestoy).
Con su buena actuación, Rellán queda como el clown junto al augusto de los dos payasos sin mirar a la butaca. El centro del circo es una pena que sea tan vulgar –olvidamos el burdel del título- aunque el instrumento musical, un piano, también juega en su número de burlas y de risas.
El autor y director de esta obra, Miguel Hermoso, mostró en su cine –Truhanes- el sentido de la diversión con un fondo social, en este caso muy leve.
Enrique Centeno

El olor del café **

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Autoras: Elena García Quevedo, Silvia Oviaño.

Intérpretes: Eva Rufo, Cristina Juan, Mínguez,
Maite Brik, Arantxa de Juan, Victorio Sanz,
Javier Lago, Pablo Castellón, Gabriel Latorre,
Borja Naneros.
Escenografía: Carmen Arias.
Dirección: José Luis Sáiz.
Círculo de Bellas Artes. (27.9.2005)
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En Palestina, una cotidiana vivienda –con una cuidada y clásica escenografía- acoge a sus familiares, y durante la preparación de la boda de la joven, vuelven los recuerdos del pasado sobre la sumisión y el dolor en su tierra.
    Las autoras, Elena García Quevedo y Silvia Oviaño, periodistas en Jerusalén, escriben este texto teatral valiéndose de la cercanía de las permanentes guerras. La conversación va enterneciendo entre El olor del café a los amigos y familiares, con textos de una bellísima prosa poética. Una emoción continua en el espectador, a pesar de que no se acude a las propias escenas vividas. Tan sólo una imagen final presenta, brevemente, el belicismo, cuya muerte volverá siempre entre los hebreos y musulmanes.
    La función se escucha en manos de una excelente interpretación, con un tono de ternura que trabaja cuidadosamente el director, consiguiendo la emoción, lo cual no nos sorprende conociendo los sensibles montajes de José Luis Sáiz.
Enrique Centeno

Conozca usted el mundo **

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Autora: Lluïsa Cunillé.

Intérpretes: Lola López, Rosa López,
Victoria Enguidanos, Paco Zarzoso.
Eescenografía: Ana Cediel.
Dirección: Paco Zarzoso.
Teatro; Sala Cuarta Pared. (10.11.2005)
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Puede moverse uno por el mundo y encontrarse en el mismo espacio de personas juntas y diferentes. Quizá incluso sentir la absorbencia de su soledad.
    Así conocemos a quienes imagina la autora Lluïsa Cunillé: son aquellas tres mujeres que, ocupando habitaciones contiguas en el Hotel, oyen las voces a través de las delgadas paredes, y con sus oídos escuchan sus monólogos. Entre fantasías o anhelos, terminarán hablándose sobre sus deseos y sus mentiras: fantasías, ambiciones, fracasos.
    El tiempo pasado aparecerá detenido, y regresan las tres mujeres al Hotel; todo continúa igual. Volverán a encontrarse, y, sin embargo, no reconocerán sus rostros en la desierta Estación. Esperan aquí un tren que nunca se detendrá; hablarán, poco a poco, intuyendo que jamás saldrán de allí.
    Del tiempo –pinteriano- sí nos hacen ganar algo, claro está. Nos encoge el afecto, la comprensión, y se aprecian en la autora sus historias hechizantes. Además, el montaje se hace con inteligencia, valiéndose de una rica escenografía y, especialmente, de su brillante interpretación. Lo dirige cuidadosamente Paco Zarzoso, que también interviene en el reparto.
Enrique Centeno

Con alas cortadas ●

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Autor: John Godber ("April in Paris").
Adaptación: Ana Diosdado.

Intérpretes: Blanca Marsillach, Juan Gea.
Escenografía: Carlos Abad.
Ddirección: Ana Diosdado.
Círculo de Bellas Artes. (6.9.2005)
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De vez en cuando continúan gentes de nuestro teatro haciendo vulgares comedias, a ser posible con pocos actores en escena para que estas cuestiones sean baratitas. La comedia es la vulgar historia de un matrimonio joven y bello en frecuentes momentos de enfados y de crisis. Todo ello sin que nos ofrezca más novedad que la de cualquiera de nuestros vecinos.
    El tal Al lo hace un gran actor, Juan Gea, que ha aceptado hacer esta bobada, mientras Blanca Marsillach, que interpreta a Bet, se introduce otra vez en el mundo de la comedieta, en lugar de trabajar en otra clase de personajes.
    Desconozco a este autor, del que entre nosotros mismos los habría a docenas. Un supuesto pintor hace cosas en un lugarcillo –sin ambiente-, y ambos se ven allí entre discusiones y peleas. Sin textos, sin motivos, sin creación y sin personalidad alguna. Y han ganado en un concurso de TV un viaje para ir dos días a París. De allí volvieron felices y contentos para bailar en el salón. Muchos vecinos, que en realidad eran los espectadores, aprovecharon, el día del estreno, para salir corriendo en el descanso. A la escritora Ana Diosdado, es comprensible que le haya encantado este texto, de modo que lo ha adaptado y ha querido dirigir este rollo de diálogos, mientras ellos dos lo interpretan –por llamarlo de alguna manera- como pueden apañarse.
Enrique Centeno

Comedia sin título *

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Autor: Federico García Lorca.

Intérpretes: Ernesto Arias, Alberto Jiménez, Chema Ruiz,
Inma Nieto, Luis Moreno, Lucía Quintana, Diego Toucedo,
Jorge Muriel, Fernando Sánchez-Cabezudo, Víctor Criado,
David Boceta.
Escenografía y Vestuario: Cristina Reis.
Iluminación: Daniel Word.
Dramaturgia y Dirección: Luis Miguel Cintra.
Teatro: La Abadía. (10.11.2005)
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Hace quince años largos (1989), fue estrenada Comedia sin título, que puso en escena Lluís Pasqual. Una difícil y rompedora obra que Lorca no pudo concluir, al ser asesinado, y que el poeta fechó en 1936. Se quedó así, precisamente, sin título. Estaba en una búsqueda, un enfrentamiento a su propio teatro, que inició con su anterior obra, El público. Una transformación, como lo fue con su Poema en Nueva York.
    La representación de aquel año citado fue algo impresionante, inolvidable, que llegó a nosotros con un éxito que no ocurría desde hacía muchos años. En la nota publicada entonces (27 de junio, 5 Días), escribimos, entre otras líneas: “Si el teatro ha de representar la irrealidad, la huida ante lo que llama a sus puertas –aquí una rebelión de inequívoco signo, en la que se escuchan estrofas de La Internacional-, es mejor que muera y se destruya. Tal era la reflexión de Lorca y tal es lo que Lluís Pasqual [director], en este su último montaje en el Centro Dramático Nacional, hace con un verismo estremecedor que lleva de la emoción al miedo y a la inmediata reflexión. Trabajo de una impresionante madurez, todo en él funciona con perfección, y es preciso dejar constancia del magnífico trabajo actoral de todo el reparto”.
    Deseo no causar envidia a quienes no pudieron ver aquel espectáculo al que nos hemos referido, tras la amargura de esta puesta en escena que hoy se ofrece en la incomprensible producción del teatro de La Abadía, abriendo con ello su temporada: se contempla un disparate total, una visión de pretendida originalidad. Dejando fuera los recuerdos que Lorca dedicó en su texto a Pirandello, Calderón y Shakespeare, como el sentimiento y la revolución, lo que se convierte en un equívoco; incluso perdiendo la posibilidad de aprovechar un reparto de magníficos actores que bien conocemos.
    Fue costoso recuperar Comedia sin título en la estudiosa versión definitiva en 1978 (Seix Barral). Ahora nos lo convierten en algo vacío, aburrido, torpe, pobre en su escenografía, alejado de la ruptura de Lorca. Y se sienta el crítico asombrado por el equipo artístico. Y lamenta profundamente que se realice esta cosa ante la transformadora huída. Ni siquiera dan ganas de contar el resultado del director, Luis Miguel Cintra.
Enrique Centeno

domingo, 11 de julio de 2010

Más allá del puente **

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Autor: David Botello.
Intérpretes: Marta Torné, Alex Brendemühl.
Escenografía: Max Glaenzel.
Iluminación: Luis Martí.
Dirección: Roger Gual.
Teatro: Lara. (8.7.2010)
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La historia de esta pareja –Ella, Él-, no cruzará exactamente al Más allá del puente, como lo titula su autor, David Botello, en breves episodios que van retratando lo que conocimos o imaginamos siempre en los filos del amor. El argumento hubiera sido insuficiente, pero la función, sin embargo, posee escenas en juegos de excelente literatura humorística, ingeniosa, de permanente ironía en una cadena de carcajadas. Es seguro que muchos espectadores añaden, además, su propia experiencia o su cercanía.
    Sobre el puente sucederá el primer encuentro y el último de esta frívola pareja, para este viaje común. (No es el romanticismo de El puente de Waterloo, con Vivien Leigh y Robert Taylor). Un pretil del que Ella desea arrojarse y donde Él, desconocido, impedirá el suicidio con apenas breves palabras, surgiendo enseguida una mutua adrenalina que les lleva hacia su casa para echar un polvo. Y al mismo lugar volverán para la última separación. Ya lo sabíamos desde el inicio de la función, en un oscuro preámbulo en el que el protagonista habla por teléfono repitiendo y volviendo a llamar a un inútil contestador. Así ha lanzado Botello, con toda puntería, el cínico contraste entre la tristeza y las carcajadas; su pluma es habilísima en rupturas y diálogos; disparates entre la pareja, tanto en gritos –Ella- como en la aparente tranquilidad que Él consigue a base de antidepresivos, aspirinas o viagra con su caja de condones, en tonos suaves, como un cómico dirigiendo sus ocultos chistes. Y al mismo tiempo, dos amantes en celo, que terminan siempre con la pasión y el follar –ya en el oscuro- para iniciar otra vez el enfrentamiento.
    El autor califica el subtítulo como Una comedia casi romántica, otra ironía o su deseo para no confesar que lo ha escrito con dos arrullos de amor y pelea de gallos. Se cita por ahí alguna referencia a Romeo y Julieta, que en realidad lo escucha Ella como un berrido; pero, en todo caso, llegará siempre el fucking.
La repetida situación cuenta con diálogos variables que, entre trompas y levantamientos, alcanzan las exhaustas carcajadas. La puesta en escena se hace con mucha habilidad –en un escenario verdaderamente feo-, introduciendo entre las cinco piezas la proyección –gran formato, acompañada de música- de los rostros de los intérpretes-personajes: son pausas largas, sin sentido, que pueden agotar entre tantas paradas de autobús. Pero ahí están dos magníficos intérpretes entre la pantomima o la farsa, de las que van y vuelven al realismo. Alex Brendemühl es actor de muchas tablas, y apenas inicia cada palabra, parece un guiño inocente. Arrastra al espectador. Marta Torné tiene que pelear para mantener, ante la tranquilidad, la iniciativa de los momentos más tensos, y lo consigue con buenas voces, junto a su atractivo físico: asaltos para salir de las cuerdas del cuadrilátero. Es imprescindible esta calidad de ambos para terminar entre cálidos aplausos.
Enrique Centeno

Armengol ***

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Autor: Miguel Murillo.
Intérpetes: Nacho Aldeguer, Pepe Viyuela,
Rosa Renom, Simón Ferrero, José Luis Martínez,
José Vicente Moirón, Miguel Foronda, Ricardo
Ruiz, Gustavo Piqué.
Escenografía: Ana Garay.
Iluminación: Juanjo Llorens.
Vestuario: Eduardo Acedo.
Dirección: Esteve Ferrer.
Teatro Español. (21.12.2005)
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De nuevo se estrena en el teatro Español uno de los prestigiosos Premios Lope de Vega, que en los últimos años  han perdido sus tradicionales montajes en este coliseo, cuyo derecho fue eliminado en las Bases del concurso. Miguel Mu-rillo lo obtuvo en 2002, y, afortunadamente, muestra aquí este Armengol.
El título se refiere a un personaje real, pacense (Murillo es natural de Badajoz, 1953), conocido y recordado desde su muerte, poco después de comenzada la Guerra Civil y el levantamiento militar.
    En aquel año de 1936, Hitler protagonizaría en Berlín los Juegos de la Olimpiada Internacional. España se negó a asistir al nazismo, y se organizó en Barcelona -con atletas, hombres y mujeres-, lo que se llamó Olimpiada de los Pueblos Libres del Mundo, al mismo tiempo que militares y falangista iban destruyendo el Gobierno Republicano. Fue Armengol uno de los gimnastas que acudieron desde Extremadura. Regresaron después a sus tierras libres, y no pocos de ellos fueron tomados por el franquismo, con represiones y crímenes. Armengol montó un gimnasio en el que podía desarrollar el deporte con los jóvenes. Continuamente insultado, perseguido y amenazado. Finalmente, apareció su cadáver tirado en el camino cercano a su casa.
    Es un espectáculo duro, irónico y en algunos momentos de cínico humor. Murillo ha dedicado sus dramas frecuentemente a las situaciones sociales en su Extremadura. Son siempre títulos imprescindibles en nuestro teatro social y en nuestra literatura española, dramas o tragedias de textos supremos.
    Hace una escenografía magnífica Ana Garay, iluminada sabiamente por Juanjo Llorens y con un perfecto vestuario de Eduard Acedo. Lo dirige inteligentemente Esteve Ferrer. Con un reparto perfecto, brillantísimo -hace Pepe Viyuela el protagonista-, al que hay que aplaudir.
    Se contempla el espectáculo, entre la emoción y la lectura, y lo reciben los espectadores con ardiente entusiasmo.
Enrique Centeno

domingo, 4 de julio de 2010

Animales nocturnos *

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Autor: Juan Mayorga.
Intérpretes: Pep Jové, Teresa Urroz, Pep Pla,
Anabel Moreno.
Escenografía e iluminación: Ramón Muñoz.
Dirección: Magda Puyo.
Teatro: Cuarta Pared . (6.2.2006)
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Muestra siempre Juan Mayorga su acercamiento a la Filosofía, el conocimiento y los recuerdos de la Historia. Parece mirar por las ventanas hacia el pasado y abrirlas, para volver allí incorporándolas a nuestros días. En esta obra aparecen dos parejas, vecinas, cuyas formas de hablar, de moverse o de relacionarse juntos durante una hora, hacen que el espectador vaya pensando que algo va a ocurrir. Porque las palabras son inútiles, con una extraña actitud en uno de ellos que se repite, en su casa, con diálogos irrealistas, como en La cantante calva de Ionesco. Son como bichos corrientes, que lo mismo podrían aparecer por arriba, por abajo, o por los desagües, mostrándonos y haciéndonos contemplar animales raros que pasan por la calle. A veces, como aquellos animales tomados por Julio Cortázar, concretamente en Axolotl –uno de sus relatos- que recreó en un zoo en sus escritos de Animalia, y que recuerda muy bien a esta escena de Mayorga.
    Aquella sociedad vacía constituyó en el año cincuenta la ruptura y la acusación que marcó Ionesco. En esta obra de Animales nocturnos, las dos parejas giran alrededor de la inutilidad, en la construcción de rupturas chocantes. En la limpia interpretación del equipo, sobre un escenario múltiple, rectangular, con el público muy próximo, siguen con sus formas de hablar completamente falsas: actores que no son capaces de crear personajes que consigan ganarse al propio espectador y entrar en la acción del absurdo, sin entender dónde está la novedad de una sencilla burla. Una lástima que tales compañías representen torpemente, con sólo una sencilla habilidad. No es que debamos aconsejarles estudios, pero es evidente que lo necesitan, más aún con una obra verdaderamente suspendida.
Enrique Centeno

Al menos no es Navidad **

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Autor: Carles Alberola.
Intérpretes: Amparo Soler Leal, Asunción Balaguer,
Alberto Delgado, Silvia Marty.
Escenografía: José Luis Raymond.
Dirección: Carles Alberola.
Teatro: Bellas Artes. (13.9.2005)
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Son dos de las históricas actrices quienes ofrecen esta tierna obra Al menos no es Navidad. Los personajes son dos viejas mujeres, Sofía y Encarna, que hacen emocionar con las excelentes Amparo Soler Leal y Asunción Balaguer. Se encuentran en una Residencia en la que se cuentan sus recuerdos, sus vidas pasadas, y el deseo todavía de continuar avanzando, como en el sueño de viajar a Venecia, que finalmente iniciarán a pesar del arrastre de los familiares, tal como suele suceder.
    Un buen humor continuo que se duplica con la ternura dramática. Juego escénico ante el decorado –lo hace precioso José Luis Raymond- que representa lo reviejo frente al que ellas van reformando continuamente. Qué placer contemplar en esta obra el viejo teatro, escrito por Carles Alberola, que ha querido romper, en esta ocasión, su estilo dramático, generalmente disparatado con talento (Besos, Mandíbula afilada, Palabras en penumbra...).
La cuidadora de la Residencia de ancianos y el hijo aparecerán, finalmente, afirmando que la madre se encuentra ya mentalmente enferma. Y ella se mostrará, sin embargo, mucho más arriba que ellos mismos. Lo interpretan bien Silvia Marty y Alberto Delgado. De modo que la dirección –siempre se encarga el propio autor-, ofrece una magnífica comedia.
Enrique Centeno

jueves, 1 de julio de 2010

Amar después de la muerte **

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Autor: Calderón de la Barca.
Versión: Yolanda Pallín.
Intérpretes: Emilio Buale, Toni Misó, Jodu Dauder, Pepa
Pedroche, Joaquín Notario, Ione Isazábal, Paco Paredes,
César Sánchez, José Luis Santos.
Vestuario: Rosa García Andújar.
Escenografía: José Hernández.
Dirección: Eduardo Vasco.
Teatro: Pavón. CNTC. (26.10.2005).
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El amor fue ya abatido en La Alpujarra después de destruida la rebeldía de los moriscos, muchos años después (1570) de que en Granada, ya vencida, se dictara la señal para expulsar de la Península a los moros. La obra de Calderón, Amar después de la muerte, trata de uno de los hechos contados sobre aquella violenta historia. Como en numerosos escritos, en forma de romances, acerca de la convivencia y el imposible amor entre musulmanes y cristianos; que adquiere hoy una nueva reflexión sobre la creciente presencia de moros inmigrantes. Quedan en las voces poemas de los Romances Fronterizos, fantasías sobre aquellos amores. Se crearon no escasas obras teatrales sobre las luchas, tales como El Príncipe Constante, del mismo Calderón, o el más político El Anticristo, de Ruiz de Alarcón. La obra que hoy se estrena –que también se tituló El Tuzaní de La Alpujarra-, es un romántico drama sobre la venganza del crimen de un amor en el mencionado levantamiento y la destrucción de los moriscos.
    Puede que la Compañía Nacional de Teatro Clásico haya elegido esta representación de Amar después de la muerte, para mostrar el lejano pasado, invitando a estas relaciones de amor y de enfrentamientos. En todo caso, este cuento lo vemos con emoción y ternura. Una fantasía que se aleja y regresa, en modo distinto, con acontecimientos islámicos que nos hacen mirar con desconfianza.
    El montaje cuenta con el reconocido escenógrafo José Hernández y con la diseñadora de vestuario Rosa García, con excelentes apariciones entre el efectismo y el realismo. La versión la ha hecho la excelente dramaturga Yolanda Pallín, a quien ya se le han encargado otros textos clásicos. Hace con sensibilidad los cortes o introducciones de versos, y ha suprimido tanto el principio como el final de la historia que cuenta Calderón.
    El extenso reparto lo forman estupendos actores, aunque tengan pendiente aún su conocimiento y ayuda de los versos, como Joaquín Notario –un Don Álvaro Tuzaní con el que, como siempre, el actor atrapa al público-; dan vida a sus personajes con sabiduría y eficacia los veteranos y conocidos intérpretes, como Montse Díez, Pepa Pedroche, Miguel Cubero, Juan Meseguer, Toni Misó o Rodrigo Arribas. El director, Eduardo Vasco, no quiere utilizar elementos de apoyo a las acciones, lo mismo en el decorado, el mobiliario o el atrezzo; a unos puede gustar y otros pueden echarlo de menos con exigencia.
Enrique Centeno