viernes, 27 de agosto de 2010

Flechas del ángel del olvido *

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Autor y director: José Sanchis Sinisterra.
Intérpretes: Marta Domingo, Fernán Audí,
Marc García Coté, Velilla Valbuena,
Marta Poveda, Concha Millan.
Escenografía: Quim Roy.
Teatro La Abadía. (17.11.2005)
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Es un supuesto hospital clínico. El decorado consiste en una especie de cortinas con plásticos lechosos que envuelven la escena. Y en el espacio central, junto a una empleada, se encuentra un personaje cuyo aspecto propone mostrar su amnesia. Se utiliza una especie de banco o descalzador cuyo tapizado se oculta con los mismos plásticos, lo que parece aquel episodio de la Odisea en el espacio: lo desconocido, alejado o inútil, con un futuro imposible de ser comprendido por los jóvenes personajes. Y por aquella clínica van pasando otros sujetos que van asegurando, cada uno, el presente y el pasado que corresponde a sus relaciones. Uno, fardando de su seducción en el noviazgo; otro, con noticias comunes junto a la madre impresentable; y así, sucesivamente, la hermana del supuesto enfermo -mejor fuera del mundo al que no quiere escuchar-, o la joven lesbiana llena de amor. Lo que se obtiene es el conjunto de una sociedad o generación tan disparatada, vacía, estúpida o aprovechadora, que todos deseamos a veces ni siquiera oírlo.
    José Sanchis Sinisterra dirige su obra, con recursos típicos, al grupo poco más que discreto, en sus monólogos largos con citas de Erasmo, unas veces el humanista, o en muchos otros momentos que debió imaginar en sus soledades. Dos horas largas para quien suele conocer el ritmo y temas teatrales, no siempre con creaciones dramáticas.
Enrique Centeno

Exilios **

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Autores: Guillermo Heras, Juan Mayorga, Torres Molina,
Luis Mario Moncada, Luis Miguel G. Cruz, José Ramón
Fernández, Raúl Hernández Garrido, Inmaculada Alvear,
Ángel Solo.
Intérpretes: Amaranta Osorio, Cecilia Pérez Pradal, Gerardo
Quintana, Mariano Rochman, Ángel Solo, Maite Reitiño.
Dirección: Guillermo Heras.
Teatro: Sala Cuarta Pared. (1.7.2005)
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Este montaje se estrena justamente en el momento en el que docenas de marroquíes intentaron pasar a España saltando los muros de la frontera. En los encuentros con el servicio de la Guardia Civil, entre carreras e intentos, uno de los pretendidos resultó muerto en el alambrado. Se trata de un buscado exilio para lograr huir de la pobreza y el hambre, también con procedentes de África Central, inmigrantes prohibidos cada vez más numerosos.
    La obra de Exilios se compone de diversas escenas distribuidas entre diferentes autores, que han sido unidas –probablemente por encargo- por el director, Guillermo Heras. Cuenta con autores ya conocidos, desde Juan Mayorga a José Ramón Fernández, Luis Miguel G. Cruz, Raúl Hernández Garrido, Inmaculada Alvear, Ángel Soto, el propio director Guillermo Heras, y con los nuevos –para nosotros- Torres Molina y Luis Mario Moncada. Iremos asistiendo a las diferentes expatriaciones continuas en nuestra historia. Desde el sueño buscado, a la persecución religiosa o política, con los enfrentamientos y hasta las propias guerras internas. Los estupendos textos se dedican a la represión y los levantamientos militares, todo ello entre África, Chile, Argentina y, naturalmente, la propia España.
    Son hechos conocidos y sufridos, pero esta función de Exilios apenas añade en sus textos –con hermosa poética- la suficiente fuerza dramática. No se resiste a los tópicos –realidades- de los atacadores falangistas en aquella triste España de la Guerra Civil. Con correcta e incluso excelente interpretación –no es posible referirnos con precisión, al no indicarse los correspondientes nombres de los actores sobre sus personajes-, que dirige, con su conocida sabiduría, Guillermo Heras.
    La creación la monta el Teatro del Astillero, una formación que va marcando, poco a poco, un camino ambicioso en textos y puestas en escena. A pesar del éxito, no creemos que se haya conseguido el alto nivel de esta compañía en otros estrenos.
Enrique Centeno

jueves, 26 de agosto de 2010

Fuenteovejuna ***

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Autor: Lope de Vega (Adapt. Juan Mayorga)

Intérpretes: Cristina Plazas, Jordi Bosch, Domènec de Guzmán,
Pepo Blasco, Santi Ricart, David Martínez, María Molinas,
Carmen Poll, Òscar Rabaandan, Marco Aurelio González,
Jordi Puig "Kai", Roberto Quintana, Pep Jové, y otros.
Vestuario: Maria Araujo.
Escenografía: Bibiana Puigdefàbregas.
Dirección: Ramón Simón.
Producción de la Compañía Nacional de Cataluña.
Teatro Pavón (CNTC) (21.9.2005)
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Doce años después de su puesta en escena, la Compañía Nacional de Teatro Clásico montó Fuenteovejuna, cuya adaptación hizo el gran poeta y estudioso del verso Carlos Bousoño. La obra de Lope se puede ver de nuevo con la Compañía Nacional de Cataluña, invitada por la CNTC. En aquel citado estreno, escribimos en la crítica: “Al fin Fuenteovejuna: era como una deuda de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, junto a otros títulos forzosamente pendientes que sin duda nos dará. Se ha montado en clave de tremenda belicosidad, y no es extraño, porque la aproximación de la obra a nuestros días no podía sustraerse al momento histórico que vivimos, donde los abusos de poder, la tropelía, la guerra casi feudal o el integrismo, que es lo mismo, traen cada día una nueva tragedia incluso en la vieja Europa. Sin duda, la aportación principal de esta manida y magistral obra, es la iconografía, en la que es fundamental la labor de Carlos Cytrynowski, [1939-1995], que demuestra una vez más su talento creativo y singular, un verdadero lujo en medio de la general vulgaridad repetitiva de nuestra escenografía”.
    Las referencias citadas y el estreno de ahora, coinciden en el valor de Lope contando el hecho histórico de un siglo anterior, pero del que no evitó, como siempre, el homenaje en su monarquía. El texto famoso y magistral, es dicho en este montaje de un modo ejemplar: como sucede a todos los actores, formidable reparto con el envidiado personaje -por todas las actrices- de Laurencia, con la maestría y fuerza dramática de Cristina Plazas, a la que ya conocíamos. Un vestuario intemporal, distante pero con contrastes de ambientes, es hermoso en su bella iluminación. Una modesta dirección monta las acciones y diálogos entre sus personajes en una escenografía pobre, inútil, ausente: lo  seguimos viendo casi siempre en estos hábiles trabajos de bricolage. Prescindiendo de estas faltas, el montaje es, tras años, un buen espectáculo, como es normal en la CNC.
Enrique Centeno

lunes, 2 de agosto de 2010

En un lugar de Manhattan **

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Dramaturgia y dirección: Albert Boadella
Intérpretes: Xavier Boada, Xavi Sais, Dolors Tuneu, Jesúa Agelet,
Minnie Marx, Francesc Pérez, Pilar Sáenz, Ramón Fontserè, Pep Vila.
(Els Joglars)
Escenografía: Anna Alcubierre.
Vestuario: Dolors Caminal.
Iluminación: Cesc Barrachina.
Teatro: Albéniz. (17.11.2005)
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Quijote en sus versiones teatrales. Representadas en la calle, en salas alternativas, comerciales o en teatros oficiales: con humor, musical o de pretendidas visiones cervantinas, ofreciendo espectáculos todos ellos frustrados. (Se recuerda aquel formidable e inolvidable montaje en 1992, bajo la versión de Rafael Azcona y la dirección de Maurizio Scaparro, con Flotats y Echanove). Varios se han titulado simplemente Quijote, y otros como El Quijote para tontos, La razón blindada, Sanchica Princesa de Barataria, o El hombre de La Mancha. Este cuarto centenario se ha aprovechado –eso está bien- para obtener mejores subvenciones. La de hoy, En un lugar de Manhattan, se suma a esta serie, al parecer por un encargo y petición de la Presidenta de la Comunidad de Madrid (PP), doña Esperanza Aguirre, lo que aceptó Albert Boadella, con Els Joglars, para estrenar en el teatro Albéniz, en manos de la Comunidad.
    De alguna forma, el responsable de la dramaturgia y dirección hace viajar a don Alonso Quijano por Manhattan, como la misma idea de hacer volar a King Kong por Nueva York. Allí están los formidables actores de Els Joglars mezclando sus viejos y primeros conocimientos del mimo. Media docena de sus situaciones comienzan con el libro del falso Segundo tomo del Ingenioso Hidalgo don Quijote, del también falso Avellaneda, y terminan con el capítulo de Cervantes en Barcelona. Referencias tanto del original como en invenciones de Boadella. Sucede así, que el triste caballero de la Edad Media se traslada a un chocante mundo disparatado, de riqueza cómica en brillantes juegos de palabras y vestuarios sorprendentes.
El interés de la obra original se convierte, una vez más, en el montaje superficial y una búsqueda total hacia la gracia o el chiste, gracia, esencialmente, de los grandes actores de la compañía. En este caso, con una escenografía también ingeniosamente barata y chunga. Ya termina el año y las penas del teatro.
Enrique Centeno