Autor: Diego de Figueroa y Córdoba.
Versión: Julio Salvatierra.
Intérpretes: Mamen Camacho, María Prado, Carlos Jiménez-Alfaro,
Georgina de Yebra, Badía Albayati, Sara Moraleda, Francisco Carril,
Julio Hidalgo, Héctor Carballo, Paloma Sánchez de Andrés,
Mario Retamar, Roberto Sáiz, Daniel Teba, Pianista: Ángel Galán.
Música: Mariano Marín.
Vestuario: Almudena R. Huertas.
Escenografía: Carolina González.
Iluminación: Luis Perdiguero.
Dirección: Álvaro Lavín.Teatro: Pavón (CNTC, La Joven). (12.1.2011)
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Andamos mirando quién es Diego de Figueroa y Córdoba, autor de la obra que la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) ha encontrado sin duda en las Obras Completas de las comedias del Siglo de Oro. Sin otros datos conocidos, nosotros solo hemos hallado noticias tomándolas de la profunda Historia de la Literatura Española, de Ángel Valbuena (Gustavo Gili, Tomo II, 1963) que menciona otros títulos, aunque no este Todo es enredos amor. Lo incluye en el apartado de “Obras estilísticas”. Diego y su hermano José trabajaron en común y, como costumbristas, compara a estos sevillanos del siglo XVII con los hermanos Quintero.
Siempre representa la CNTC a los grandes creadores –y a sus seguidores-, y en este momento el director ha querido descansar de Calderón, Lope, Tirso o Agustín Moreto. A veces ha viajado a títulos posteriores a la época áurea, de autores como Leandro de Moratín, Ramón de la Cruz y hasta el propio Zorrilla. Los ponen en escena igual directores excelentes, como otros irregulares y algunos lamentables. Nos parece justo y agradecido hacernos conocer estas graciosas comedias –ridículamente, muchos intentan dar un sentido actual formando una especie de vodeviles- como Todo es enredos amor. La obra posee muchas influencias de los maestros, especialmente de Lope de Vega y de Tirso de Molina: de este último recordemos la similitud con Don Gil de las calzas verdes, donde la mujer vestida de hombre llegará a Madrid –aquí a Salamanca- buscando en secreto a su desconocido y proyectado esposo; con las falsas personalidades, algo que también podemos ver en La moza de cántaro, del Fénix.
En la temporada pasada, la llamada La Joven de la CNTC presentó un precioso espectáculo de la anterior citada comedia de Lope –lo dirigió el propio director, Eduardo Vasco-, y el de ahora pertenece, como se nos indica, a la “segunda generación” de los jóvenes, aunque, ciertamente, algunos de los personajes principales están a cargo de los mismos intérpretes.

Podríamos ir citando muchas más cosas de este espectáculo –están entre ellos estupendos actores que ya pisaron las tablas-, montado en el escenario desnudo, cuyo fondo sirve para grandes fotografías y una puerta real, giratoria –un acierto- que da a un “pasadillo que va a mi cuarto”, en palabras de Elena, y que adivinaremos con sus proyecciones. Por iniciativa o encargo, lo ha creado la veterana escenógrafa Carolina González.
Se aplaudió la función con no demasiadas ganas y con algunos silbidos.
Enrique Centeno
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